Las llamas han afectado a jardines y vallas de numerosas casas de las urbanizaciones de Mas Ambròs i Cabanyes, y han calcinado uno de los chalés, propiedad de Jordi Roig
El incendio en Girona quema 2.200 hectáreas y alcanza algunas casas en Calonge
Los vecinos de las urbanizaciones de Calonge, en Girona, siguen la evolución del incendio de Les Gavarres “con mucho miedo” porque ven las llamas muy cerca. El episodio más tenso se ha vivido en la madrugada del sábado, cuando cientos de ellos han decidido abandonar sus casas, pese al confinamiento decretado por los Bomberos. Algunos explican que veían cómo se acercaban las llamas, temían quedar atrapados y huyeron.
Unas 150 personas han pasado la noche en el pabellón municipal. Otros, en cambio, han optado por quedarse “mojando las calles”. Las llamas han calcinado algunos jardines y han afectado a dos viviendas del municipio.
A la entrada de la urbanización de Cabanyes, en Calonge, se acumulaban los vecinos que siguen este sábado con atención la evolución del fuego. Lo hacen señalando al cielo cada vez que ven que crece alguna lengua de fuego o cuando llegan los helicópteros para mojar la zona. Los más mayores lo siguen sentados en sillas de playa en medio de la calle. Los más jóvenes, con el móvil en la mano para no perderse ninguna última hora del incendio que desde este viernes por la mañana afecta a la zona.
El capítulo más tenso se ha vivido een la madrugada del sábado. Ha sido el momento en que las llamas más se han acercado a Calonge, a urbanizaciones como Cabanyes o Mas d'Ambrós. En esta zona viven unas 500 personas. Algunos han visto cómo las llamas prendían los jardines o incluso los marco de las ventanas de sus casas. Una escena que ha provocado el miedo de los vecinos, que se debatían entre quedarse o marcharse.
Una de las que se ha quedado ha sido Lídia Sánchez, que ha permanecido en casa obedeciendo la orden de los Bomberos. Aun así, reconoce que ha pasado “muchísimo miedo”. “Veías las llamas muy cerca y eran muy grandes. Y una chispa puede saltar rápidamente”, ha explicado a la ACN. Sánchez, además, ha detallado que antes de irse a dormir remojaron el jardín para evitar el fuego. “Las horas se hacen muy largas. El miedo se apodera de ti y la sensación es querer marcharte”, reconoce.
Uno de los vecinos de la urbanización Mas Ambrós, Jordi Roig, ha explicado que a las 3:00 de la madrugada abandonó su casa, que quedó poco después arrasada por el fuego. El hombre ha declarado a Catalunya Ràdio que no lo veían claro y que, de no haberse marchado, habrían acabado “abrasados”.
Pese a la orden de confinamiento, los dos ocupantes de la vivienda y sus dos perros cogieron el coche y se fueron. “La noche ha sido dantesca, terrorífica”, ha añadido. Roig se ha quejado de que la compañía eléctrica no haya desconectado el cable que va desde la calle hasta su vivienda, ya que eso impide que los Bomberos terminen de apagar el fuego por el riesgo de electrocución. “Mientras tanto, las vigas y el tejado se van cayendo”, ha lamentado.
Ha explicado que algunos amigos quieren ayudarle, pero que, hasta que no se corte el suministro eléctrico, no podrán entrar en la casa para intentar salvar algo.
Por su parte, Jordi Llorenç ha acudido a primera hora de la mañana para apoyar a los suegros de su cuñada, que son mayores y viven en la urbanización. Ha explicado que han estado remojando el jardín “por si el viento reavivaba el fuego”. Asegura que, aunque ha dormido en Vilobí d'Onyar, ya ayer quería acercarse a la zona y que “todos han dormido poco”.
En esta urbanización hay muchas segundas residencias, muchas de personas francesas. En este sentido, Michael, de la inmobiliaria Gibrava de Calonge, ha acudido para comprobar que dos casas que tienen alquiladas estuvieran bien. Ha explicado que algunos de sus inquilinos han regresado a sus casas, mientras que otros han preferido esperar “a ver cómo evoluciona la situación”. “Estamos a la espera de la información que nos den los Bomberos y la policía”, ha asegurado.
Mientras tanto, en algunas partes de las urbanizaciones seguía cayendo ceniza procedente de los restos calcinados. También se podían oír las sirenas de los Bomberos, que recorrían la zona mojando los puntos más complicados.