El Valle de la Murta, en la provincia de Valencia, es una cita obligada para los amantes del senderismo, que pueden disfrutar de vestigios medievales, ingeniería hidráulica y casonas del pasadoAlcornoques, castaños o un puente llamado “romano” forman parte de esta ruta que antiguamente se usaba para el estraperloFiguras escondidas entre raíces, troncos y piedras forman parte de esta mágica ruta que acaba en el hórreo más grande de Asturias
El Paraje Natural Municipal de La Murta, ubicado en Alzira (Ribera Alta), ofrece a quien lo visita un relevante tesoro ambiental e histórico donde la naturaleza se entrelaza con un valioso patrimonio monumental. Rodeado por las emblemáticas cumbres de la Creu del Cardenal y el Cavall Bernat, este singular valle protegido invita a recorrer un itinerario senderista salpicado de vestigios medievales, ingeniería hidráulica y casonas del pasado. Su célebre ruta botánica permite descubrir en una caminata circular la evolución de un enclave que sirvió de refugio contemplativo para monjes jerónimos. A lo largo del trayecto, los viajeros quedan cautivados por el verdor del valle y su riqueza.
Uno de los mayores atractivos del recorrido es la reconocida Senda Botánica, donde se contempla la diversidad vegetal favorecida por el contraste entre la umbría y la solana del valle. Gracias a un microclima suave y húmedo, la vertiente orientada al norte acoge uno de los bosques de fresnos de flor más valiosos de Valencia, junto a carrascas, madroños y frondosos mirtos. El mirto o murta, arbusto autóctono que da nombre al paraje, motivó que en la antigüedad este rincón fuera conocido como la Vall dels Miracles debido a las propiedades medicinales de sus especies. Por su parte, la solana exhibe frondosas pinadas de pino carrasco y matorrales de notable riqueza.
En el corazón del valle destacan las imponentes ruinas del monasterio de Santa María de la Murta, declarado Bien de Interés Cultural y cuyo origen se remonta a ermitas del siglo XIII. Fundado oficialmente por la orden de los Jerónimos en el siglo XIV e inaugurado hacia 1401, el complejo vivió épocas de gran esplendor al recibir donaciones reales y proteger valiosas reliquias. Tras sufrir el declive en el siglo XVIII y las desamortizaciones del XIX que causaron su abandono, todavía se conservan la portada renacentista, los arcos del claustro y los muros del templo. Sobresale la Torre dels Coloms, de 1528, que permanece como la estructura mejor conservada.
Del monasterio todavía se conservan la portada renacentista, los arcos del claustro y los muros del templo
Cerca del camino principal y junto a la gran cruz de hierro conocida como el Peiró, el itinerario descubre una singular construcción circular de piedra excavada en la montaña que funcionaba como nevera. Este antiguo pozo de nieve o cava de neu representa un valioso testimonio etnográfico, donde los pobladores almacenaban en invierno la nieve caída para transformarla en hielo. Posteriormente, el recurso helado era transportado y utilizado en verano para la conservación de alimentos y usos medicinales en los pueblos cercanos de la Ribera Alta. La visita a esta estructura subterránea permite comprender el ingenio popular de tiempos pasados.
Junto al recinto monástico se sitúa una casona señorial del siglo XIX, finca edificada sobre la antigua hospedería del convento que conserva una atractiva impronta arquitectónica. Este histórico edificio alberga la capilla de Nuestra Señora de la Murta, decorada con azulejos cerámicos y una pila bautismal, y da acceso al hermoso jardín romántico guardado por leones. El jardín se organiza en torno a un tranquilo estanque poblado por vegetación acuática y fuentes, creando un espacio de sosiego donde los visitantes pasean entre especies ornamentales. La presencia de esta casona añade un matiz de distinción patrimonial al conjunto monumental del valle.
El agua como protagonista
El patrimonio del valle incluye un notable sistema de obras hidráulicas del siglo XVIII diseñado para canalizar el agua desde la Font de la Murta hasta las instalaciones del convento. Un acueducto de mampostería acompaña al caminante a lo largo del sendero, conduciendo el caudal hasta dos grandes balsas de almacenamiento situadas en la parte posterior del antiguo monasterio. Estas balsas, que hoy acogen peces y anfibios en un entorno lleno de vida, servían para abastecer las necesidades de la comunidad monástica, regar los cultivos y activar la almazara. El discurrir del agua aporta un sosiego especial que realza el paisaje protegido del valle y su riqueza.
La travesía por La Murta se enriquece con la presencia de una variada fauna silvestre que habita en el paraje, destacando aves rapaces como el águila perdicera, el búho real y el halcón peregrino. Entre la frondosa vegetación no es raro avistar mamíferos como la gineta, el zorro, el gato montés o el conejo, que encuentran refugio en las laderas rocosas que enmarcan el valle. Su dificultad baja y señalización homologada convierten esta ruta en una opción ideal para familias que desean disfrutar de la naturaleza, la historia y la tranquilidad. Completar este ameno circuito constituye una magnífica experiencia botánica y cultural de la región valenciana.