Eugeniusz Łazowski creó un sistema que hacía que las personas dieran positivo en tifus y consiguió engañar al régimen de HitlerHija de judíos, se convirtió en la única mujer holandesa que fue ejecutada por colaborar con los nazis
Burlar al régimen que Hitler y los suyos pusieron en pie a partir de 1933 no era fácil, pero algunas personas consiguieron hacerlo. Fue el caso de Eugeniusz Łazowski, un doctor polaco que, con su ingenio y su conocimiento científico, consiguió engañar al nazismo y salvar la vida de 8.000 judíos, que se libraron de ir a los campos de exterminio nazi. ¿Cómo? Engañando a la Gestapo.
Łazowski obtuvo su título de médico antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial. Tras servir al ejército polaco durante el conflicto, Łazowski fue internado en un campo de prisioneros de guerra soviético del que consiguió escapar. Sin embargo, su vida cambió para siempre tras la ocupación de los nazis de Polonia.
En aquel momento, el hombre vivía en un pequeño pueblo llamado Rozwadów, donde tenía su propia consulta médica y atendía a los pacientes de la zona. Lo hacía junto a Stanisław Matulewicz, su amigo de la facultad, que también jugó un papel clave en esta historia. Para octubre de 1941, una ordenanza nazi estableció la pena de muerte para cualquier polaco no judío que ayudara a una persona de origen judío.
Sin embargo, Matulewicz y su amigo decidieron poner en riesgo su vida solo por ayudar a los miles de judíos que vivían cerca de su pueblo. Durante meses, Łazowski suministraba medicamentos de forma clandestina a los judíos que vivían en el gueto local, ubicado muy cerca de su casa. Ese fue el principio de esta aventura.
Engañar al régimen con una infección
Más allá de la violencia, había una cuestión que preocupaba especialmente a las autoridades del Tercer Reich. Hablamos del tifus epidémico, una enfermedad contagiosa muy peligrosa que los alemanes intentaron erradicar durante aquella época. Para conseguirlo, el régimen implementó políticas de control sanitario muy estrictas, como la desinfección de espacios y, lo más importante para esta historia, el aislamiento.
Cuando se sabía que había una zona afectada por tifus, se suspendían las deportaciones y el reclutamiento hacia campos de concentración, y se imponía una condición: ningún alemán podía pesar ese territorio “contaminado”. Łazowski aprovechó esta medida y empezó a investigar, hasta que dio con la clave.
El médico descubrió que a las personas sanas se les podía inyectar una bacteria que las hacía dar positivo en la prueba del tifus sin experimentar realmente la enfermedad. Un falso positivo perfecto. Y entonces pasaron a la acción. Matulewicz preparaba las muestras en el laboratorio y Łazowski recorría los pueblos buscando pacientes enfermos para aplicarles la inyección, diciéndoles que era un tratamiento para curarlos.
Cuando el número de infectados empezó a alcanzar cifras preocupantes, las autoridades alemanas declararon la cuarentena sobre Rozwadów y los pueblos cercanos, y la Gestapo dejó de entrar en la zona. Se estima que la falsa epidemia de tifus salvó a unas 8.000 personas de ser enviadas a campos de concentración alemanes.