La pieza fue hallada en la década de 1960 por un grupo de arqueólogos que exploraba la fortaleza de HerodiónDescubren las ruinas de un castillo medieval “perdido” en el interior de una universidad irlandesa
En la década de 1960, una excavación realizada en el desierto de Judea, en Palestina, desenterró un pequeño anillo de aleación de cobre grabado con letras griegas. La joya, que se cree que tiene unos 2.000 años de antigüedad, contaba con la inscripción “ΠΙΛΑΤΟ” (Pilato), una referencia al gobernador romano que ordenó la crucifixión de Jesús.
¿Cuál era la relación entre la pieza y este personaje? Es la pregunta que se han hecho los investigadores desde 2018, cuando se dio a conocer la existencia del anillo y su grabado en griego. Ahora, en una nueva investigación publicada en la revista Palestine Exploration Quarterly, Catherine Bonesho, profesora de judaísmo antiguo, ha planteado una nueva hipótesis.
Según Bonesho, todo apunta a que el dueño del anillo no fuera Poncio Pilato, sino posiblemente un esclavo que trabajaba para él. “El usuario del anillo de Herodión se identifica como alguien que realizaba algún trabajo relacionado con la administración romana, muy probablemente alguien esclavizado o perteneciente a las clases bajas de Judea”, señala en el estudio.
Vista aérea de Herodium, el palacio fortaleza de montaña en el desierto de Judea donde se descubrió el anillo.
En la investigación, incluso plantea la posibilidad de que la joya en cuestión se utilizara como una herramienta para estampar el nombre de Pilato en sellos de cera o arcilla, los cuales se podrían haber utilizado para marcar diversos materiales destinados tanto al gobernador como a sus socios.
Además de la ortografía de la inscripción, la profesora también analizó los materiales de la pieza. Los miembros de las clases altas romanas no solían usar aleaciones de cobre, prefiriendo el oro o los anillos con incrustaciones de piedras preciosas. Esto, sumado al diseño de la vasija en la superficie del anillo, respalda la idea de Bonesho de que la pieza perteneció a un trabajador local.
La confusión
Una de las cuestiones más interesantes de este hallazgo y que más confusión ha generado tiene que ver con una irregularidad en la ortografía griega. La transliteración griega exacta del latín PILATO sería ΠΙΛΑΤΩ, con una omega en lugar de una omicron final. Bonesho argumenta, sin embargo, que una persona con conocimientos básicos de latín, podría confundir fácilmente la transliteración y reemplazar la omega por la omicron.
De este modo, ΠΙΛΑΤΟ estaría representando la forma latina “PILATO”, cuyo significado sería “para Pilato” o “perteneciente a Pilato”. Para la autora de la investigación, esta confusión refuerza su teoría de que el propietario probablemente fuera un esclavo judío que vivía en una región colonizada por los romanos.