Conservación - Pequeñas localidades exploran fórmulas asumibles para atender superficies forestales extensas mientras la pérdida de población complica tareas que antes realizaban más personas
Cuando desaparecen los pastores, el monte acumula más hierba seca, matorrales y ramas que pueden servir de combustible para un incendio. Los animales que pastan ayudan a reducir esa vegetación al alimentarse de ella durante gran parte del año, especialmente antes de la llegada del verano.
Cuando suben las temperaturas, esa labor cobra más importancia porque hay menos material disponible para que el fuego se propague. Un terreno con menos vegetación acumulada dificulta el avance de las llamas y puede reducir la intensidad de un incendio. Por eso, el pastoreo también actúa como una herramienta de prevención que contribuye al cuidado y mantenimiento del paisaje.
Los animales reducen el riesgo de que avance el fuego
Nueve bisontes europeos pastan desde principios de año en El Recuenco, un municipio de Guadalajara situado en el Alto Tajo, dentro de un proyecto piloto que prueba si estos grandes herbívoros pueden ayudar a prevenir incendios al consumir combustible vegetal.
Según Infobae, la iniciativa la desarrolla Rewilding Spain con la colaboración de la Universidad de Manchester, la Universidad del País Vasco y el centro ECONOVA. La manada, formada por cinco hembras y cuatro machos, vive en régimen de semilibertad en 400 hectáreas de monte público y permanece monitorizada de forma permanente.
La apuesta también nace de una necesidad rural muy pegada al terreno. El Recuenco tiene unos 80 vecinos censados y apenas una veintena durante el invierno, de manera que el abandono de actividades tradicionales ha dejado mucho monte sin uso diario.
El alcalde, Enrique Collada, defendió en La Vanguardia que un municipio tan pequeño necesita herramientas asumibles para gestionar su entorno: “Para ayuntamientos tan pequeñitos que tenemos un enorme monte y que vivimos en la indigencia económica es clave encontrar formas de gestión de los entornos”. Rewilding Spain añade que el proyecto puede abrir oportunidades de empleo, ecoturismo y visitantes interesados en la naturaleza.
Los análisis estudian adaptación, alimentación y comportamiento anual
El seguimiento científico busca medir algo más que la presencia de los animales en el monte. A partir de muestras fecales, los equipos analizan hormonas, inmunoglobulinas y metabarcoding para conocer el estrés, la dieta y la forma en que los bisontes usan el espacio durante el año.
Rewilding Spain prevé dos tesis, una sobre adaptación al paisaje y otra sobre los efectos en la vegetación leñosa. Pablo Schapira, biólogo y director de proyecto de la fundación, sitúa esa investigación en una escala europea, ya que los datos se compararán con poblaciones de Países Bajos, Polonia y Rumanía: “Vamos a generar una investigación sin precedentes sobre el rango ecológico efectivo del bisonte europeo y su potencial restaurador no sólo en ecosistemas como el monte mediterráneo, sino en todo el continente europeo”.
El animal elegido arrastra una historia de recuperación difícil. El bisonte europeo es el último gran bóvido salvaje que sobrevive en el continente y llegó a desaparecer de la naturaleza a comienzos del siglo XX por la caza y la pérdida de hábitat. La población actual procede de solo 12 ejemplares que sobrevivieron en cautividad, una base genética reducida que condiciona su conservación.
La UICN lo catalogó en 1996 como en peligro de extinción, en 2008 pasó a vulnerable y en 2020 a casi amenazado, con una población aproximada de 9.500 animales repartidos por países como Alemania, Polonia, Rumanía o Bielorrusia.
Varios expertos cuestionan su papel dentro de España
La introducción en España ha abierto una discusión fuerte entre especialistas. En 2024, 40 investigadores de 25 universidades y centros de nueve países publicaron en Conservation Science and Practice una reflexión contraria a tratar al bisonte europeo como parte de la fauna ibérica. En ese trabajo participaron Ramón Soriguer, Miguel Delibes y Montserrat Vilà, de la Estación Biológica de Doñana, perteneciente al CSIC.
El estudio cuestiona la justificación climática, ecológica, legal y ética de estas iniciativas. Los autores rechazan que el animal pueda reemplazar funciones ya cubiertas por herbívoros presentes en España: “El bisonte europeo no es capaz de restaurar ningún hábitat perdido en España, ni puede cumplir ninguna de estas funciones mejor de lo que pueden hacerlo los herbívoros autóctonos silvestres o domésticos ya existentes”.
Carlos Nores, doctor de la Universidad de Oviedo y principal firmante del estudio, distingue entre un ensayo cerrado y una suelta libre. El proyecto de El Recuenco entra en el primer caso, porque los animales están en un recinto cercado, controlados y sometidos a vigilancia veterinaria. La objeción aparece cuando se plantea que vivan libremente en la naturaleza.
Nores también duda de su utilidad contra los incendios a partir de experiencias previas, como la de la Sierra de Andújar, donde, según explicó a Infobae, los animales consumieron menos materia leñosa que los venados y ardió más de un tercio de la finca.
El debate alcanza incluso al pasado remoto de la Península. La propuesta de introducir bisontes se ha apoyado a veces en las pinturas paleolíticas, pero el estudio publicado en Conservation Science and Practice atribuye esas figuras al bisonte estepario, una especie extinguida.
El proyecto sigue controlado mientras llegan nuevas conclusiones
El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico rechazó en 2020 incluir al bisonte europeo en la Lista Española de Especies Silvestres en Régimen Especial de Protección Especial y en el Catálogo Español de Especies Amenazadas, porque no había prueba científica de su presencia histórica.
Un mes después de la crítica, 12 investigadores respondieron en la misma revista que la introducción podía ser apropiada por su función ecológica, su supervivencia en núcleos semilibres y su aportación a la estrategia europea de conservación.
La manada que ahora pasta en Guadalajara llegó desde una finca privada de El Espinar, en Segovia, después de que los adultos hubieran sido trasladados a España desde Polonia y Países Bajos tres años antes. Los ejemplares más jóvenes nacieron ya en esa finca, donde la fundación considera que se aclimataron a las condiciones de la meseta.
En El Recuenco, el cercado perimetral, la geolocalización por GPS y la vigilancia sobre el terreno permiten mantener el proyecto dentro de un modelo controlado. Mientras llegan los primeros resultados comparativos, previstos dentro de dos años, el pueblo prueba si una manada puede devolver actividad a un monte que el calor vuelve cada vez más difícil de cuidar.