Президент США Дональд Трамп не відкидає розгортання сухопутних військ в Ірані. Про це заявила речниця Білого дому Керолайн Левітт. «Що стосується наземного втручання, президент неодноразово говорив про це мудро. Він не виключає жодних варіантів як головнокомандувач», – сказала Левітт на брифінгу. Також вона додала, що утрималася б підтверджувати будь-що, що говорять демократи в Капітолії. У речниці Білого дому попросили прокоментувати заяву деяких сенаторів, які сказали, що вони...

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Радіо Свобода
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Президент США Дональд Трамп не відкидає розгортання сухопутних військ в Ірані. Про це заявила речниця Білого дому Керолайн Левітт. «Що стосується наземного втручання, президент неодноразово говорив про це мудро. Він не виключає жодних варіантів як головнокомандувач», – сказала Левітт на брифінгу. Також вона додала, що утрималася б підтверджувати будь-що, що говорять демократи в Капітолії. У речниці Білого дому попросили прокоментувати заяву деяких сенаторів, які сказали, що вони...

Mardi 10 mars, le ministre américain de la Défense a affirmé que ce serait « le jour le plus intense de frappes » depuis le début de la guerre lancée contre l'Iran. De son côté, le président du Parlement iranien a averti que son pays répliquerait « œil pour œil, dent pour dent » à toute attaque contre ses infrastructures. Ce mercredi 11 mars au matin, Israël a annoncé frapper le centre de la capitale libanaise, Beyrouth.

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Radio France Internationale
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Mardi 10 mars, le ministre américain de la Défense a affirmé que ce serait « le jour le plus intense de frappes » depuis le début de la guerre lancée contre l'Iran. De son côté, le président du Parlement iranien a averti que son pays répliquerait « œil pour œil, dent pour dent » à toute attaque contre ses infrastructures. Ce mercredi 11 mars au matin, Israël a annoncé frapper le centre de la capitale libanaise, Beyrouth.

തുടർച്ചയായി കൂടുതൽ സമയം അൾട്രാവയലറ്റ് രശ്‌മികൾ ശരീരത്തിൽ ഏൽക്കുന്നത് സൂര്യാതപത്തിനും ത്വക്ക് രോഗങ്ങൾക്കും നേത്രരോഗങ്ങൾക്കും മറ്റ് ആരോഗ്യ പ്രശ്‌നങ്ങൾക്കും കാരണമായേക്കാം.

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ദേശാഭിമാനി
CC BY-NC-SA🅭🅯🄏🄎

തുടർച്ചയായി കൂടുതൽ സമയം അൾട്രാവയലറ്റ് രശ്‌മികൾ ശരീരത്തിൽ ഏൽക്കുന്നത് സൂര്യാതപത്തിനും ത്വക്ക് രോഗങ്ങൾക്കും നേത്രരോഗങ്ങൾക്കും മറ്റ് ആരോഗ്യ പ്രശ്‌നങ്ങൾക്കും കാരണമായേക്കാം.

CREA ha utilizado nombres de académicos en comités científicos de revistas y congresos sin previo aviso La red, sustentada en parte en las publicaciones de Hipatia Press, así como en el Congreso CIMIE, ha utilizado nombres de mujeres y hombres, españoles y extranjeros, en sus comités científicos sin su conocimiento. L'entrada El CREA utilizó nombres de académicos en comités científicos sin informarles previamente ha aparegut primer a Catalunya Plural.

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Catalunya Plural
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CREA ha utilizado nombres de académicos en comités científicos de revistas y congresos sin previo aviso La red, sustentada en parte en las publicaciones de Hipatia Press, así como en el Congreso CIMIE, ha utilizado nombres de mujeres y hombres, españoles y extranjeros, en sus comités científicos sin su conocimiento. L'entrada El CREA utilizó nombres de académicos en comités científicos sin informarles previamente ha aparegut primer a Catalunya Plural.

UC San Diego researchers found a blood-based biomarker can predict a woman's risk of developing dementia as many as 25 years before symptoms appear, according to a paper published Tuesday.

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Times of San Diego
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UC San Diego researchers found a blood-based biomarker can predict a woman's risk of developing dementia as many as 25 years before symptoms appear, according to a paper published Tuesday.

Alors que plusieurs puissances occidentales renforcent fortement leur présence militaire au Moyen-Orient, la Royal Navy est critiquée au Royaume-Uni pour sa lenteur à déployer des moyens dans la région. Entre hésitations politiques et capacités militaires affaiblies, cet épisode relance le débat sur l'état des forces armées britanniques.

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Radio France Internationale
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Alors que plusieurs puissances occidentales renforcent fortement leur présence militaire au Moyen-Orient, la Royal Navy est critiquée au Royaume-Uni pour sa lenteur à déployer des moyens dans la région. Entre hésitations politiques et capacités militaires affaiblies, cet épisode relance le débat sur l'état des forces armées britanniques.

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elDiario.es
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Reducir la ratio del aula no es una varita mágica. No resuelve por sí solo los problemas estructurales del sistema. Pero tampoco es una variable neutra. Actúa como amplificador o amortiguador de otras dinámicas: la diversidad del grupo, la presencia de alumnado con necesidades educativas especiales, el nivel de disrupción, el clima emocional, la calidad de la interacción docente-estudiante. En un grupo de quince alumnos/as, esos factores operan de una manera; en uno de treinta, de otra muy distinta Hay debates que regresan con puntualidad casi matemática. El tamaño del aula es uno de ellos. Cada cierto tiempo reaparece la misma pregunta, formulada con apariencia técnica y neutral: ¿merece la pena reducir las ratios? Y, casi inevitablemente, la discusión se estrecha hasta quedar atrapada en una única variable: cuánto suben —o no— las notas en pruebas estandarizadas. Espóiler: por mucho que nos intenten convencer es falso que la educación puede y debe ser neutral. Medir el rendimiento académico no es el problema. El problema es confundir esa medición con la totalidad de lo que sucede dentro del aula. La investigación internacional sobre tamaño de grupo y resultados educativos no ofrece una respuesta única, pero tampoco avala la idea de que la ratio sea irrelevante. Las revisiones sistemáticas más amplias, que agregan estudios de decenas de países, encuentran efectos estadísticamente significativos, especialmente en comprensión lectora y en los primeros años de escolarización. Además, hay un consenso bastante sólido en dos puntos: los beneficios son mayores en las etapas iniciales y entre alumnado en situación de vulnerabilidad socioeconómica. Es decir, donde más importa la equidad y la inclusión. Reducir la ratio del aula no es una varita mágica. No resuelve por sí solo los problemas estructurales del sistema. Pero tampoco es una variable neutra. Actúa como amplificador o amortiguador de otras dinámicas: la diversidad del grupo, la presencia de alumnado con necesidades educativas especiales, el nivel de disrupción, el clima emocional, la calidad de la interacción docente-estudiante. En un grupo de quince alumnos/as, esos factores operan de una manera; en uno de treinta, de otra muy distinta. Cuando el análisis se limita a cuánto varían las puntuaciones en Matemáticas o Lengua, quedan fuera dimensiones centrales de la experiencia escolar. Un aula no es solo un espacio donde se transmiten contenidos curriculares. Es un ecosistema social complejo. En grupos más reducidos, el profesorado puede adaptar mejor la enseñanza, detectar antes dificultades, intervenir con mayor precisión y sostener relaciones pedagógicas más sólidas Desde la perspectiva del alumnado, el tamaño también importa. En clases más numerosas aumentan el malestar físico y emocional, especialmente entre estudiantes de familias con menos recursos. Si una reducción de ratio permite que un alumno alcance los mismos resultados sin depender de clases particulares o de un apoyo familiar intensivo, eso no es una “reducción del esfuerzo”. Es una cuestión de equidad. Para muchas familias significa menos presión económica, menos estrés y más tiempo de infancia. Sin embargo, hay otra dimensión que suele quedar relegada: el bienestar docente. La evidencia acumulada en los últimos años es clara. El bienestar del profesorado se asocia de forma significativa con la mejora de los aprendizajes del alumnado, su compromiso escolar y la calidad de la relación pedagógica. A la inversa, el burnout docente predice peores resultados académicos y menor motivación estudiantil. Estudios longitudinales han cuantificado el efecto: el agotamiento emocional del profesorado anticipa menores ganancias de aprendizaje en su grupo. El mecanismo es comprensible. Docentes con mayor bienestar crean entornos más estables, emplean estrategias más variadas y mantienen expectativas más positivas. Docentes exhaustos reducen su implicación, gestionan peor la disrupción y tienden a interpretar las conductas del alumnado desde el desgaste. Incluso se ha documentado un fenómeno de “contagio de estrés”: los estudiantes captan y replican las señales emocionales de sus profesores/as, con efectos medibles. Algunos análisis han señalado que reducir cinco alumnos por aula puede equivaler, en términos de utilidad percibida por el profesorado, a una mejora salarial concreta. Pero esa equivalencia monetaria encierra una trampa conceptual. Compensar el desgaste no es lo mismo que eliminarlo. Un incremento del salario docente es imprescindible para reconocer el compromiso del profesorado con su alumnado y es también un derecho en un contexto de pérdida de poder adquisitivo acumulado durante años; pero además debe reducirse la carga cognitiva de gestionar un gran número de estudiantes con perfiles heterogéneos y ampliarse el tiempo disponible para la atención individualizada. El bienestar docente no es un bonus intercambiable por dinero, deben hacer ambas cosas: mejorar las condiciones de trabajo y también aumentar su reconocimiento con mejores retribuciones. Es una condición estructural para que la calidad pedagógica sea sostenible en el tiempo. Este debate, además, no se produce en el vacío. Se da en un contexto de crisis de captación y retención docente. Informes internacionales advierten de un aumento en las tasas de abandono de la profesión y proyectan millones de vacantes en la próxima década, especialmente en secundaria. En España, diversas encuestas reflejan un incremento del distanciamiento emocional, la pérdida de motivación y la apertura a abandonar la carrera docente. El agotamiento no es una anécdota individual; es una tendencia estructural. Las condiciones laborales —carga de trabajo, ratios elevadas, complejidad creciente del alumnado, falta de apoyos— no son meros correlatos del burnout: son factores causales. Y el burnout tiene efectos documentados sobre la calidad de la enseñanza y la permanencia en el sistema. Ignorar esta dimensión y reducir la discusión a una variación marginal en la desviación estándar de una prueba externa es, como mínimo, incompleto y técnicamente discutible. Al final, la cuestión es qué pregunta queremos responder. Si la única pregunta es cómo maximizar puntos en exámenes y pruebas estandarizadas al menor coste posible, entonces es coherente evaluar cada política exclusivamente en términos de coste-efectividad inmediata. Pero esa no es la única pregunta relevante. También importa cómo retener docentes experimentados, cómo sostener la motivación profesional, cómo reducir brechas socioeconómicas o cómo construir entornos escolares emocionalmente saludables.

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Reducir la ratio del aula no es una varita mágica. No resuelve por sí solo los problemas estructurales del sistema. Pero tampoco es una variable neutra. Actúa como amplificador o amortiguador de otras dinámicas: la diversidad del grupo, la presencia de alumnado con necesidades educativas especiales, el nivel de disrupción, el clima emocional, la calidad de la interacción docente-estudiante. En un grupo de quince alumnos/as, esos factores operan de una manera; en uno de treinta, de otra muy distinta Hay debates que regresan con puntualidad casi matemática. El tamaño del aula es uno de ellos. Cada cierto tiempo reaparece la misma pregunta, formulada con apariencia técnica y neutral: ¿merece la pena reducir las ratios? Y, casi inevitablemente, la discusión se estrecha hasta quedar atrapada en una única variable: cuánto suben —o no— las notas en pruebas estandarizadas. Espóiler: por mucho que nos intenten convencer es falso que la educación puede y debe ser neutral. Medir el rendimiento académico no es el problema. El problema es confundir esa medición con la totalidad de lo que sucede dentro del aula. La investigación internacional sobre tamaño de grupo y resultados educativos no ofrece una respuesta única, pero tampoco avala la idea de que la ratio sea irrelevante. Las revisiones sistemáticas más amplias, que agregan estudios de decenas de países, encuentran efectos estadísticamente significativos, especialmente en comprensión lectora y en los primeros años de escolarización. Además, hay un consenso bastante sólido en dos puntos: los beneficios son mayores en las etapas iniciales y entre alumnado en situación de vulnerabilidad socioeconómica. Es decir, donde más importa la equidad y la inclusión. Reducir la ratio del aula no es una varita mágica. No resuelve por sí solo los problemas estructurales del sistema. Pero tampoco es una variable neutra. Actúa como amplificador o amortiguador de otras dinámicas: la diversidad del grupo, la presencia de alumnado con necesidades educativas especiales, el nivel de disrupción, el clima emocional, la calidad de la interacción docente-estudiante. En un grupo de quince alumnos/as, esos factores operan de una manera; en uno de treinta, de otra muy distinta. Cuando el análisis se limita a cuánto varían las puntuaciones en Matemáticas o Lengua, quedan fuera dimensiones centrales de la experiencia escolar. Un aula no es solo un espacio donde se transmiten contenidos curriculares. Es un ecosistema social complejo. En grupos más reducidos, el profesorado puede adaptar mejor la enseñanza, detectar antes dificultades, intervenir con mayor precisión y sostener relaciones pedagógicas más sólidas Desde la perspectiva del alumnado, el tamaño también importa. En clases más numerosas aumentan el malestar físico y emocional, especialmente entre estudiantes de familias con menos recursos. Si una reducción de ratio permite que un alumno alcance los mismos resultados sin depender de clases particulares o de un apoyo familiar intensivo, eso no es una “reducción del esfuerzo”. Es una cuestión de equidad. Para muchas familias significa menos presión económica, menos estrés y más tiempo de infancia. Sin embargo, hay otra dimensión que suele quedar relegada: el bienestar docente. La evidencia acumulada en los últimos años es clara. El bienestar del profesorado se asocia de forma significativa con la mejora de los aprendizajes del alumnado, su compromiso escolar y la calidad de la relación pedagógica. A la inversa, el burnout docente predice peores resultados académicos y menor motivación estudiantil. Estudios longitudinales han cuantificado el efecto: el agotamiento emocional del profesorado anticipa menores ganancias de aprendizaje en su grupo. El mecanismo es comprensible. Docentes con mayor bienestar crean entornos más estables, emplean estrategias más variadas y mantienen expectativas más positivas. Docentes exhaustos reducen su implicación, gestionan peor la disrupción y tienden a interpretar las conductas del alumnado desde el desgaste. Incluso se ha documentado un fenómeno de “contagio de estrés”: los estudiantes captan y replican las señales emocionales de sus profesores/as, con efectos medibles. Algunos análisis han señalado que reducir cinco alumnos por aula puede equivaler, en términos de utilidad percibida por el profesorado, a una mejora salarial concreta. Pero esa equivalencia monetaria encierra una trampa conceptual. Compensar el desgaste no es lo mismo que eliminarlo. Un incremento del salario docente es imprescindible para reconocer el compromiso del profesorado con su alumnado y es también un derecho en un contexto de pérdida de poder adquisitivo acumulado durante años; pero además debe reducirse la carga cognitiva de gestionar un gran número de estudiantes con perfiles heterogéneos y ampliarse el tiempo disponible para la atención individualizada. El bienestar docente no es un bonus intercambiable por dinero, deben hacer ambas cosas: mejorar las condiciones de trabajo y también aumentar su reconocimiento con mejores retribuciones. Es una condición estructural para que la calidad pedagógica sea sostenible en el tiempo. Este debate, además, no se produce en el vacío. Se da en un contexto de crisis de captación y retención docente. Informes internacionales advierten de un aumento en las tasas de abandono de la profesión y proyectan millones de vacantes en la próxima década, especialmente en secundaria. En España, diversas encuestas reflejan un incremento del distanciamiento emocional, la pérdida de motivación y la apertura a abandonar la carrera docente. El agotamiento no es una anécdota individual; es una tendencia estructural. Las condiciones laborales —carga de trabajo, ratios elevadas, complejidad creciente del alumnado, falta de apoyos— no son meros correlatos del burnout: son factores causales. Y el burnout tiene efectos documentados sobre la calidad de la enseñanza y la permanencia en el sistema. Ignorar esta dimensión y reducir la discusión a una variación marginal en la desviación estándar de una prueba externa es, como mínimo, incompleto y técnicamente discutible. Al final, la cuestión es qué pregunta queremos responder. Si la única pregunta es cómo maximizar puntos en exámenes y pruebas estandarizadas al menor coste posible, entonces es coherente evaluar cada política exclusivamente en términos de coste-efectividad inmediata. Pero esa no es la única pregunta relevante. También importa cómo retener docentes experimentados, cómo sostener la motivación profesional, cómo reducir brechas socioeconómicas o cómo construir entornos escolares emocionalmente saludables.

En los días posteriores al 8 de marzo solemos escuchar que el feminismo "ya ha ido demasiado lejos" o que las reivindicaciones feministas nada tienen que ver con otros conflictos de nuestro tiempo. Sin embargo, lo que el feminismo pone sobre la mesa es precisamente una crítica radical a las jerarquías que estructuran nuestras sociedades: quién puede dominar, quién debe obedecer y qué vidas se consideran sacrificables Hace unos meses, conversando con dos amigos, me encontré formulando una pregunta que llevaba tiempo rondándome la cabeza. Ambos son personas con una conexión profunda con la naturaleza. Les gusta caminar por el monte, observan a los animales con curiosidad y respeto, y hablan a menudo de la necesidad de proteger los ecosistemas. Son, en muchos sentidos, hombres sensibles al mundo vivo. Sin embargo, mientras hablábamos, no podía dejar de pensar en una contradicción evidente. Les dije algo así: me sorprende que podáis sentir tanta admiración por los animales y, al mismo tiempo, entrar en un supermercado y pagar para comer los restos de otros animales que han sido criados, explotados y asesinados en condiciones terribles. La reacción fue inmediata, pero no en forma de discusión racional. Hubo silencio. Miradas incómodas. Bromas defensivas. Un pequeño bloqueo. No era que no entendieran el argumento. De hecho, en el fondo, parecía que lo entendían perfectamente. Lo que ocurría era otra cosa: aceptar plenamente esa lógica implicaba tocar una fibra sensible de su identidad. Con el tiempo he ido comprendiendo que esa reacción no tiene tanto que ver con la falta de información como con la forma en que se construye la masculinidad. El patriarcado no es solo un sistema de dominación sobre las mujeres. Es también un sistema que produce un determinado tipo de sujeto masculino: alguien que debe demostrar constantemente su fortaleza, su autonomía y su capacidad de dominio. En ese proceso, todo aquello que se asocia culturalmente con la vulnerabilidad, el cuidado o la empatía queda feminizado y, por tanto, degradado. El especismo funciona mediante una lógica sorprendentemente parecida. Para que la explotación sistemática de los animales resulte aceptable, es necesario reducirlos simbólicamente: convertirlos en objetos, en recursos, en cuerpos disponibles para nuestro uso. La empatía hacia ellos debe ser ridiculizada o presentada como sentimentalismo exagerado. No es casual que la cultura de la carne esté tan profundamente masculinizada. Desde la publicidad hasta las bromas cotidianas, comer animales se presenta a menudo como una prueba de virilidad. La carne se asocia con la fuerza, con la potencia, con una forma de relación con el mundo basada en la apropiación y el dominio. Cuando un hombre decide dejar de participar en esa violencia cotidiana, la reacción social suele ser reveladora. Aparecen las burlas, las sospechas, los comentarios sobre la supuesta “debilidad” del gesto. Lo que se está cuestionando no es solo una elección alimentaria, sino una ruptura con aquello que representa la masculinidad. En este punto, algunas corrientes del feminismo —y en particular el feminismo de la diferencia— ofrecen herramientas muy sugerentes para pensar el problema. Autoras como Luce Irigaray, Adriana Cavarero o Carol Gilligan han insistido, desde perspectivas distintas, en la importancia de tomarse en serio las formas de relación, dependencia y vulnerabilidad que la cultura patriarcal ha despreciado sistemáticamente. Estas perspectivas han señalado cómo la cultura patriarcal construye una subjetividad masculina profundamente frágil, obligada a definirse por oposición permanente a lo femenino. Desde muy pronto, el patriarcado enseña a los niños a gestionar sus emociones de un modo que favorece la distancia respecto a la empatía. Llorar puede estar permitido, pero solo bajo ciertas condiciones: cuando hay rabia, frustración o dolor físico, no cuando lo que aparece es compasión o vulnerabilidad compartida. La socialización masculina va estrechando así el campo de emociones legítimas hasta convertir la empatía en algo sospechoso, especialmente cuando esa empatía podría cuestionar relaciones de poder sobre otros cuerpos, empezando por los de las mujeres. Esta pedagogía emocional tiene consecuencias profundas. Muchos hombres aprenden a desconectarse de su propia empatía para encajar en el grupo masculino. Y ese grupo funciona, a menudo, como un potente mecanismo de control: castiga simbólicamente cualquier desviación del modelo dominante. Por eso, cuando el antiespecismo interpela a nuestra capacidad de compasión hacia los animales, muchos hombres reaccionan con incomodidad. No necesariamente porque estén en desacuerdo con el argumento, sino porque aceptar plenamente sus implicaciones supondría revisar una parte importante de su identidad. Volviendo a aquella conversación con mis amigos, creo que lo que apareció durante unos segundos fue precisamente esa grieta. Un momento en el que la empatía estaba ahí, pero también el miedo a lo que supondría actuar en coherencia con ella. El feminismo puede ayudarnos a atravesar ese bloqueo. Como escribe Adriana Cavarero, reflexionando sobre la vulnerabilidad compartida de los cuerpos, “cada ser humano es único, pero aparece siempre expuesto a otros”. Tomarse en serio esa exposición mutua —esa dependencia— desestabiliza la fantasía patriarcal del sujeto autosuficiente y dominante. No porque proporcione respuestas simples, sino porque nos ofrece una herramienta fundamental: la posibilidad de entender que la masculinidad no es una esencia, sino una construcción social. Si la masculinidad se construye, también puede deconstruirse, al menos hasta un cierto límite establecido por la sociedad en la que vivimos y por las capacidades de cada cual. Para quienes hemos sido socializados como hombres, acercarse al feminismo implica enfrentarse a una constatación incómoda: gran parte de lo que entendíamos como normalidad está sostenido por privilegios y por la violencia ejercida contra mujeres. Asumirlo no es necesariamente cómodo ni beneficioso; significa, más bien, aceptar la pérdida de ciertos lugares de poder y responsabilizarse de las estructuras que los han producido. A menudo es un proceso frustrante y doloroso. En ese proceso, la relación con los animales también aparece bajo una luz diferente. Si nos tomamos en serio la crítica feminista a las jerarquías que legitiman la dominación, resulta cada vez más difícil justificar la violencia sistemática que ejercemos sobre otros animales. Desde ahí, el paso hacia el antiespecismo se vuelve más comprensible. No como una obligación moral abstracta, sino como la consecuencia lógica de tomarse en serio valores que el patriarcado ha intentado desprestigiar durante siglos. Pero esta transformación difícilmente puede sostenerse en soledad. Tanto el patriarcado como el especismo se reproducen a través de instituciones, industrias, normas culturales y dinámicas colectivas muy poderosas. Frente a sistemas de dominación tan arraigados, necesitamos también construir espacios colectivos donde aprender juntas, donde cuestionar las normas que hemos interiorizado y donde ensayar otras formas de relación con el mundo vivo. Espacios donde los hombres puedan revisar críticamente su socialización sin miedo al ridículo. Donde el cuidado, la empatía y la interdependencia no sean valores marginales, sino principios organizadores de la vida común. El antiespecismo, igual que el feminismo, no es solo una cuestión de elecciones individuales. Es una práctica política que busca desmontar las jerarquías que convierten la vida de otros seres en materia explotable. Quizá por eso aquella conversación con mis amigos sigue resonando en mi cabeza. Porque en ese pequeño momento de incomodidad apareció también una posibilidad: la de imaginar un mundo donde las categorías rígidas de hombres y mujeres pierdan centralidad y dejen de organizar jerárquicamente nuestras vidas y nuestras relaciones con otros seres. En los días posteriores al 8 de marzo solemos escuchar que el feminismo “ya ha ido demasiado lejos” o que las reivindicaciones feministas nada tienen que ver con otros conflictos de nuestro tiempo. Sin embargo, lo que el feminismo pone sobre la mesa es precisamente una crítica radical a las jerarquías que estructuran nuestras sociedades: quién puede dominar, quién debe obedecer y qué vidas se consideran sacrificables. Si tomamos en serio esa crítica, resulta difícil no reconocer los ecos de esa misma lógica en la relación que mantenemos con los animales. El patriarcado ha necesitado históricamente cuerpos disponibles sobre los que ejercer dominio: los de las mujeres, los de las disidencias, los de los pueblos colonizados y también los de los animales convertidos en recursos. Frente a ello, el reto no consiste solo en modificar hábitos individuales, sino en organizarnos colectivamente para desmontar las estructuras que sostienen esas violencias. Necesitamos espacios donde pensar juntas, formarnos, acompañarnos y construir prácticas que pongan el cuidado y la interdependencia en el centro. Porque cuestionar el patriarcado no es únicamente una tarea de las mujeres. También interpela a quienes hemos sido socializados como hombres, obligándonos a mirar de frente las violencias que ejercemos y que sostienen nuestra vida cotidiana. Tal vez el camino hacia el antiespecismo pasa, en muchos casos, por ahí: por atrevernos a desmontar la masculinidad que nos enseñaron y cuestionar las categorías que el patriarcado ha convertido en pilares de su orden social. Y por hacerlo, siempre, en comunidad.

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En los días posteriores al 8 de marzo solemos escuchar que el feminismo "ya ha ido demasiado lejos" o que las reivindicaciones feministas nada tienen que ver con otros conflictos de nuestro tiempo. Sin embargo, lo que el feminismo pone sobre la mesa es precisamente una crítica radical a las jerarquías que estructuran nuestras sociedades: quién puede dominar, quién debe obedecer y qué vidas se consideran sacrificables Hace unos meses, conversando con dos amigos, me encontré formulando una pregunta que llevaba tiempo rondándome la cabeza. Ambos son personas con una conexión profunda con la naturaleza. Les gusta caminar por el monte, observan a los animales con curiosidad y respeto, y hablan a menudo de la necesidad de proteger los ecosistemas. Son, en muchos sentidos, hombres sensibles al mundo vivo. Sin embargo, mientras hablábamos, no podía dejar de pensar en una contradicción evidente. Les dije algo así: me sorprende que podáis sentir tanta admiración por los animales y, al mismo tiempo, entrar en un supermercado y pagar para comer los restos de otros animales que han sido criados, explotados y asesinados en condiciones terribles. La reacción fue inmediata, pero no en forma de discusión racional. Hubo silencio. Miradas incómodas. Bromas defensivas. Un pequeño bloqueo. No era que no entendieran el argumento. De hecho, en el fondo, parecía que lo entendían perfectamente. Lo que ocurría era otra cosa: aceptar plenamente esa lógica implicaba tocar una fibra sensible de su identidad. Con el tiempo he ido comprendiendo que esa reacción no tiene tanto que ver con la falta de información como con la forma en que se construye la masculinidad. El patriarcado no es solo un sistema de dominación sobre las mujeres. Es también un sistema que produce un determinado tipo de sujeto masculino: alguien que debe demostrar constantemente su fortaleza, su autonomía y su capacidad de dominio. En ese proceso, todo aquello que se asocia culturalmente con la vulnerabilidad, el cuidado o la empatía queda feminizado y, por tanto, degradado. El especismo funciona mediante una lógica sorprendentemente parecida. Para que la explotación sistemática de los animales resulte aceptable, es necesario reducirlos simbólicamente: convertirlos en objetos, en recursos, en cuerpos disponibles para nuestro uso. La empatía hacia ellos debe ser ridiculizada o presentada como sentimentalismo exagerado. No es casual que la cultura de la carne esté tan profundamente masculinizada. Desde la publicidad hasta las bromas cotidianas, comer animales se presenta a menudo como una prueba de virilidad. La carne se asocia con la fuerza, con la potencia, con una forma de relación con el mundo basada en la apropiación y el dominio. Cuando un hombre decide dejar de participar en esa violencia cotidiana, la reacción social suele ser reveladora. Aparecen las burlas, las sospechas, los comentarios sobre la supuesta “debilidad” del gesto. Lo que se está cuestionando no es solo una elección alimentaria, sino una ruptura con aquello que representa la masculinidad. En este punto, algunas corrientes del feminismo —y en particular el feminismo de la diferencia— ofrecen herramientas muy sugerentes para pensar el problema. Autoras como Luce Irigaray, Adriana Cavarero o Carol Gilligan han insistido, desde perspectivas distintas, en la importancia de tomarse en serio las formas de relación, dependencia y vulnerabilidad que la cultura patriarcal ha despreciado sistemáticamente. Estas perspectivas han señalado cómo la cultura patriarcal construye una subjetividad masculina profundamente frágil, obligada a definirse por oposición permanente a lo femenino. Desde muy pronto, el patriarcado enseña a los niños a gestionar sus emociones de un modo que favorece la distancia respecto a la empatía. Llorar puede estar permitido, pero solo bajo ciertas condiciones: cuando hay rabia, frustración o dolor físico, no cuando lo que aparece es compasión o vulnerabilidad compartida. La socialización masculina va estrechando así el campo de emociones legítimas hasta convertir la empatía en algo sospechoso, especialmente cuando esa empatía podría cuestionar relaciones de poder sobre otros cuerpos, empezando por los de las mujeres. Esta pedagogía emocional tiene consecuencias profundas. Muchos hombres aprenden a desconectarse de su propia empatía para encajar en el grupo masculino. Y ese grupo funciona, a menudo, como un potente mecanismo de control: castiga simbólicamente cualquier desviación del modelo dominante. Por eso, cuando el antiespecismo interpela a nuestra capacidad de compasión hacia los animales, muchos hombres reaccionan con incomodidad. No necesariamente porque estén en desacuerdo con el argumento, sino porque aceptar plenamente sus implicaciones supondría revisar una parte importante de su identidad. Volviendo a aquella conversación con mis amigos, creo que lo que apareció durante unos segundos fue precisamente esa grieta. Un momento en el que la empatía estaba ahí, pero también el miedo a lo que supondría actuar en coherencia con ella. El feminismo puede ayudarnos a atravesar ese bloqueo. Como escribe Adriana Cavarero, reflexionando sobre la vulnerabilidad compartida de los cuerpos, “cada ser humano es único, pero aparece siempre expuesto a otros”. Tomarse en serio esa exposición mutua —esa dependencia— desestabiliza la fantasía patriarcal del sujeto autosuficiente y dominante. No porque proporcione respuestas simples, sino porque nos ofrece una herramienta fundamental: la posibilidad de entender que la masculinidad no es una esencia, sino una construcción social. Si la masculinidad se construye, también puede deconstruirse, al menos hasta un cierto límite establecido por la sociedad en la que vivimos y por las capacidades de cada cual. Para quienes hemos sido socializados como hombres, acercarse al feminismo implica enfrentarse a una constatación incómoda: gran parte de lo que entendíamos como normalidad está sostenido por privilegios y por la violencia ejercida contra mujeres. Asumirlo no es necesariamente cómodo ni beneficioso; significa, más bien, aceptar la pérdida de ciertos lugares de poder y responsabilizarse de las estructuras que los han producido. A menudo es un proceso frustrante y doloroso. En ese proceso, la relación con los animales también aparece bajo una luz diferente. Si nos tomamos en serio la crítica feminista a las jerarquías que legitiman la dominación, resulta cada vez más difícil justificar la violencia sistemática que ejercemos sobre otros animales. Desde ahí, el paso hacia el antiespecismo se vuelve más comprensible. No como una obligación moral abstracta, sino como la consecuencia lógica de tomarse en serio valores que el patriarcado ha intentado desprestigiar durante siglos. Pero esta transformación difícilmente puede sostenerse en soledad. Tanto el patriarcado como el especismo se reproducen a través de instituciones, industrias, normas culturales y dinámicas colectivas muy poderosas. Frente a sistemas de dominación tan arraigados, necesitamos también construir espacios colectivos donde aprender juntas, donde cuestionar las normas que hemos interiorizado y donde ensayar otras formas de relación con el mundo vivo. Espacios donde los hombres puedan revisar críticamente su socialización sin miedo al ridículo. Donde el cuidado, la empatía y la interdependencia no sean valores marginales, sino principios organizadores de la vida común. El antiespecismo, igual que el feminismo, no es solo una cuestión de elecciones individuales. Es una práctica política que busca desmontar las jerarquías que convierten la vida de otros seres en materia explotable. Quizá por eso aquella conversación con mis amigos sigue resonando en mi cabeza. Porque en ese pequeño momento de incomodidad apareció también una posibilidad: la de imaginar un mundo donde las categorías rígidas de hombres y mujeres pierdan centralidad y dejen de organizar jerárquicamente nuestras vidas y nuestras relaciones con otros seres. En los días posteriores al 8 de marzo solemos escuchar que el feminismo “ya ha ido demasiado lejos” o que las reivindicaciones feministas nada tienen que ver con otros conflictos de nuestro tiempo. Sin embargo, lo que el feminismo pone sobre la mesa es precisamente una crítica radical a las jerarquías que estructuran nuestras sociedades: quién puede dominar, quién debe obedecer y qué vidas se consideran sacrificables. Si tomamos en serio esa crítica, resulta difícil no reconocer los ecos de esa misma lógica en la relación que mantenemos con los animales. El patriarcado ha necesitado históricamente cuerpos disponibles sobre los que ejercer dominio: los de las mujeres, los de las disidencias, los de los pueblos colonizados y también los de los animales convertidos en recursos. Frente a ello, el reto no consiste solo en modificar hábitos individuales, sino en organizarnos colectivamente para desmontar las estructuras que sostienen esas violencias. Necesitamos espacios donde pensar juntas, formarnos, acompañarnos y construir prácticas que pongan el cuidado y la interdependencia en el centro. Porque cuestionar el patriarcado no es únicamente una tarea de las mujeres. También interpela a quienes hemos sido socializados como hombres, obligándonos a mirar de frente las violencias que ejercemos y que sostienen nuestra vida cotidiana. Tal vez el camino hacia el antiespecismo pasa, en muchos casos, por ahí: por atrevernos a desmontar la masculinidad que nos enseñaron y cuestionar las categorías que el patriarcado ha convertido en pilares de su orden social. Y por hacerlo, siempre, en comunidad.

Las temperaturas máximas sufrirán una subida generalizada, oscilando entre los 16 y 18 gradosLa dana cede este miércoles, aunque seguirán las lluvias en el sudeste y Baleares El tiempo inestable se despide por el momento en la Comunidad de Madrid, con una jornada de miércoles que se espera sin lluvias y con subida de temperaturas, que se van acercando con sus máximas cerca de los 20 grados, según la previsión de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). Así, se espera que el tiempo de este miércoles 11 de marzo esté protagonizado por intervalos de nubes medias y altas, y de nubes bajas en la Sierra, quedando poco nuboso o despejado al final de la tarde, además de que hay posibilidad de brumas y bancos de niebla matinales en zonas del sur. Este miércoles el viento se espera que sople flojo variable, con predominio del nordeste en el llano hasta mediodía y con régimen de brisas en la Sierra. Máximas de hasta 18 grados En lo que respecta a las temperaturas, las mínimas no cambiarán o lo harán con ligero descenso, quedándose entre los 2 y 5 grados, que se esperan en la capital. A su vez, se podrían dar heladas débiles en zonas altas de la Sierra y el Valle del Lozoya. Por su parte, las temperaturas máximas sufrirán una subida generalizada, oscilando entre los 16 y 18 grados, acercándose hacia los 20 grados, que se podrían alcanzar en los próximos días.

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Las temperaturas máximas sufrirán una subida generalizada, oscilando entre los 16 y 18 gradosLa dana cede este miércoles, aunque seguirán las lluvias en el sudeste y Baleares El tiempo inestable se despide por el momento en la Comunidad de Madrid, con una jornada de miércoles que se espera sin lluvias y con subida de temperaturas, que se van acercando con sus máximas cerca de los 20 grados, según la previsión de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). Así, se espera que el tiempo de este miércoles 11 de marzo esté protagonizado por intervalos de nubes medias y altas, y de nubes bajas en la Sierra, quedando poco nuboso o despejado al final de la tarde, además de que hay posibilidad de brumas y bancos de niebla matinales en zonas del sur. Este miércoles el viento se espera que sople flojo variable, con predominio del nordeste en el llano hasta mediodía y con régimen de brisas en la Sierra. Máximas de hasta 18 grados En lo que respecta a las temperaturas, las mínimas no cambiarán o lo harán con ligero descenso, quedándose entre los 2 y 5 grados, que se esperan en la capital. A su vez, se podrían dar heladas débiles en zonas altas de la Sierra y el Valle del Lozoya. Por su parte, las temperaturas máximas sufrirán una subida generalizada, oscilando entre los 16 y 18 grados, acercándose hacia los 20 grados, que se podrían alcanzar en los próximos días.

La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) prevé una tendencia a la estabilización en la Península y Baleares con la entrada de las altas presiones desde el AtlánticoUna explosión de color cubre el Valle de la Muerte en 2026 con una floración que no se veía desde 2016 La dana que ha afectado estos días a parte del país cederá terreno desde este miércoles. A partir de hoy, la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) prevé una tendencia a la estabilización en la Península y Baleares con la entrada de las altas presiones desde el Atlántico, aunque las lluvias persistirán en el cuadrante sureste, islas Pitiusas y Melilla.  En esa zona, volverán a despertarse con cielos nubosos o cubiertos y precipitaciones que podrían ser localmente fuertes en regiones del sur de la Comunitat Valenciana, pudiendo darse acumulados significativos al norte del cabo de la Nao. Además, a lo largo del día, las lluvias tenderán a remitir y a abrirse claros en todo el país.  Por otro lado, el paso de un frente tenderá a cubrir los cielos de oeste a este en el tercio norte peninsular, con lluvias débiles afectando a Galicia, área cantábrica y Pirineos. A diferencia del lunes y martes, no hay previstos avisos por precipitaciones en ninguna comunidad. En el resto del país, se esperan cielos poco nubosos o despejados con posibilidad de algún chubasco ocasional en otros puntos de Baleares.  La cota de nieve se recuperará este miércoles y se situará en 1500 metros, subiendo por encima de 2000 en el sureste peninsular y en 1800-2000 en el extremo norte, sigue la agencia estatal de meteorología. Suben las temperaturas Tras unos días de temperaturas más propias de febrero, los termómetros tenderán a recuperarse. Las máximas subirán en toda la Península, con ascensos ligeros en el tercio norte y llegando a localmente notables en la meseta Sur e interior de Andalucía.  Las mínimas también subirán en el caso de Galicia y meseta Sur, predominando los descensos en la meseta Norte, entorno de la Ibérica, Ebro y Andalucía. En el resto del país, pocos cambios térmicos y solo se registrarán heladas débiles en montaña, pudiendo darse localmente en la meseta Norte. Esa es la tendencia para los próximos días: una subida progresiva de las temperaturas, que tenderán a normalizarse. “A partir del jueves el tiempo será más estable, aunque un nuevo frente podría llegar a la península de cara al próximo fin de semana”, anticipa el portavoz del organismo, Rubén del Campo.

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La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) prevé una tendencia a la estabilización en la Península y Baleares con la entrada de las altas presiones desde el AtlánticoUna explosión de color cubre el Valle de la Muerte en 2026 con una floración que no se veía desde 2016 La dana que ha afectado estos días a parte del país cederá terreno desde este miércoles. A partir de hoy, la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) prevé una tendencia a la estabilización en la Península y Baleares con la entrada de las altas presiones desde el Atlántico, aunque las lluvias persistirán en el cuadrante sureste, islas Pitiusas y Melilla.  En esa zona, volverán a despertarse con cielos nubosos o cubiertos y precipitaciones que podrían ser localmente fuertes en regiones del sur de la Comunitat Valenciana, pudiendo darse acumulados significativos al norte del cabo de la Nao. Además, a lo largo del día, las lluvias tenderán a remitir y a abrirse claros en todo el país.  Por otro lado, el paso de un frente tenderá a cubrir los cielos de oeste a este en el tercio norte peninsular, con lluvias débiles afectando a Galicia, área cantábrica y Pirineos. A diferencia del lunes y martes, no hay previstos avisos por precipitaciones en ninguna comunidad. En el resto del país, se esperan cielos poco nubosos o despejados con posibilidad de algún chubasco ocasional en otros puntos de Baleares.  La cota de nieve se recuperará este miércoles y se situará en 1500 metros, subiendo por encima de 2000 en el sureste peninsular y en 1800-2000 en el extremo norte, sigue la agencia estatal de meteorología. Suben las temperaturas Tras unos días de temperaturas más propias de febrero, los termómetros tenderán a recuperarse. Las máximas subirán en toda la Península, con ascensos ligeros en el tercio norte y llegando a localmente notables en la meseta Sur e interior de Andalucía.  Las mínimas también subirán en el caso de Galicia y meseta Sur, predominando los descensos en la meseta Norte, entorno de la Ibérica, Ebro y Andalucía. En el resto del país, pocos cambios térmicos y solo se registrarán heladas débiles en montaña, pudiendo darse localmente en la meseta Norte. Esa es la tendencia para los próximos días: una subida progresiva de las temperaturas, que tenderán a normalizarse. “A partir del jueves el tiempo será más estable, aunque un nuevo frente podría llegar a la península de cara al próximo fin de semana”, anticipa el portavoz del organismo, Rubén del Campo.

Los concejales exsocialistas se sumaron al PP –que lo considera un ataque de la alcaldesa nacionalista a los símbolos de la ciudad– e impidieron rebautizar el centro como CEIP da Almáciga, pese a que la propuesta del ANPA contaba con el respaldo unánime del Consello EscolarHemeroteca - La comunidad educativa redobla sus protestas contra el intento de la Xunta de controlar ideológicamente a los centros Sólo hay un lugar en toda Galicia con el topónimo Almáciga: el monte más elevado de la ciudad de Santiago, hoy un barrio popular y a menudo olvidado por los propios compostelanos. Esta atalaya natural donde se vivió uno de los últimos capítulos de la Revolta Irmandiña, aquella rebelión campesina contra los privilegios de los señores en el siglo XV, acoge hoy, siglos después, una nueva batalla cultural: la que ha desatado la derecha contra la decisión –unánime– de la comunidad educativa de rebautizar el colegio con el nombre del sitio donde está emplazado. El problema no es la nueva denominación, sino la anterior, la que desaparecería: Apóstolo Santiago. El Apóstolo Santiago –inaugurado en 1954 como Santiago Apóstol, rótulo que aún conserva en la fachada– fue el primer grupo escolar de la ciudad. Tras él vendrían muchos otros centros que, como él, pese a su carácter público, serían bautizados con nombres de esa Iglesia que ha marcado la historia de Compostela desde la Edad Media. Cardenal Quiroga Palacios, López Ferreiro, San Clemente o Pío XII son sólo algunos ejemplos. Curiosamente, en el Pío –el mayor colegio de la ciudad, con más de 600 alumnos–, un grupo de familias mira con atención lo que sucede en la Almáciga mientras estudian una alternativa similar. La propuesta del cambio de nombre surgió del ANPA del Apóstolo, recogiendo un intento de unos años antes que no había llegado a fructificar. Detectaron la voluntad mayoritaria entre las familias de rebautizar el colegio y conseguir aumentar la identificación simbólica con el barrio. En el informe de diez páginas que presentaron a la asamblea de padres y madres se recogía “la necesidad de dotar al centro de una identidad educativa acorde con su realidad territorial, cultural y social”. Su propuesta enumeraba argumentos históricos, geográficos, sociológicos y pedagógicos. El Consello Escolar, el máximo órgano de gobierno de la comunidad educativa, lo respaldó por unanimidad. Nada de eso sirvió. El PP local, envuelto en una campaña contra la regidora Goretti Sanmartín (BNG) que pasa por acusarla de atacar a todos los símbolos del compostelanismo –entre los que puede encontrarse el Camino de Santiago, pero también un festival de música con menos de diez años de antiguedad–, encontró un nuevo filón que explotar. Para el portavoz municipal, Borja Verea, esa iniciativa ya no partía de un grupo de familias que buscaba una mayor identificación entre colegio y barrio: era un ataque a la identidad de la ciudad. Y, ya de paso, al Apóstol. Más papistas que el arzobispo Agitar el fantasma del anticlericalismo contra los gobiernos a la izquierda del PSOE es un clásico en una ciudad que vive a la sombra de la catedral. En 2015, Martiño Noriega –regidor por la marea municipalista Compostela Aberta– sufrió furibundos ataques por su decisión de no participar en la ofrenda al Apóstol aunque, curiosamente, tanto entonces como ahora, quien menos hiperventiló fue el propio Arzobispado. Así fue el inicio de un mandato que vivió hasta su final bajo un fuego constante y que, visto hoy, parecía anticipar algunas de las campañas dirigidas contra Pedro Sánchez. En las siguientes elecciones, Noriega perdió. El voto de la derecha respaldó el regreso del exalcalde socialista Sánchez Bugallo, quien siempre había convivido con comodidad tanto con la Iglesia como con la Xunta del PP. Una vez espantado el miedo al anticristo, cuatro años después esas papeletas retornaron a casa. Bugallo –al que ocho años de ausencia habían desconectado de una ciudad que conocía como la palma de su mano– quedó segundo por la izquierda tras el BNG de Sanmartin. Dimitió para irse al Senado pero su partido no quiso entrar en un gobierno tripartito con Bloque y Compostela Aberta que habría gozado de una cómoda mayoría absoluta. Era el preludio de la implosión del PSOE local, dividido hoy entre dos concejales que mantienen las siglas y cuatro no adscritos, que serán claves en esta historia. Sanmartin tampoco asistió a la ofrenda –Noriega fue el primer alcalde en ausentarse, pero los nacionalistas, en la oposición, ya no participaban en el acto– y los argumentos de condena renacieron de cero, como si 2015 nunca hubiese existido. Desde entonces, Verea –candidato más votado, 11 concejales, a dos de la mayoría absoluta– ha seguido excavando esa veta. Cuando se conoció la decisión de la comunidad escolar del Apóstolo, volvió a señalar a la alcaldesa al insertar esa propuesta de las familias en un “peligroso proceso de eliminación de todo lo que significa Santiago de Compostela” por parte de un gobierno que “detesta todo lo que nos hace únicos e universales” y llamó a la ciudadanía a “frenar juntos este ataque constante del BNG y Goretti Sanmartín al compostelanismo”. El llamamiento de Verea caía en terreno abonado. La prensa de derechas llevaba días poniendo el grito en el cielo. “Qué indigencia”, escribió en sus redes sobre el cambio de nombre un periodista de ABC. Por su parte, los medios locales amplificaban la campaña de recogida de firmas de una –una– exalumna, que atacaba las connotaciones “políticas” del cambio: “Es un problema que no podemos ignorar, especialmente porque algunos hijos/as de políticos/as con ideologías independentistas y padres y/o madres afines a sus ideas asisten a 'nuestra escuela'. Parece que pretenden borrar cualquier símbolo que no esté alineado con sus creencias”. La versión original, que todavía circula por capturas de internet, añadía rojos –sin el posterior lenguaje inclusivo– a ese independentistas. Aunque unos y otros evitaron explicitarlo, en el Apóstolo estudia la hija de la portavoz nacional del BNG, Ana Pontón. “Un colegio pertenece a toda la ciudad, no a una asociación en un momento concreto”, había dicho Verea. De los 100.000 habitantes de esa ciudad, apenas algo más de 800 habían respaldado el change.org durante sus tres primeras semanas de vida. El pleno municipal Tras la aprobación unánime del Consello Escolar, los siguientes pasos para hacer efectivo el cambio de nombre eran la luz verde del ayuntamiento y de la Xunta. El conselleiro de Educación, Román Rodríguez, preocupado hasta casi la obsesión por lo que él llama “neutralidad ideológica” en las aulas, ya había enseñado la patita: “Andar cambiando nombres genera a veces ruidos innecesarios y esconde intereses que se ocultan de otra forma”, aseguró. Contrasta con el respaldo que recibió el colegio privado compostelano San Pelayo cuando se rebautizó como Emma o cuando, en el municipio vecino de Ames, el del obispo ultraconservador Guerra Campos fue sustituido por Val da Maía (el valle donde se ubican tanto Ames como Brión). Esta última decisión, por cierto, se hizo oficial el mismo día en el que, un centenar de kilómetros al norte, el instituto Carmen Polo pasaba a denominarse Terra de Ferrol. Sin embargo, a Rodríguez le llegó el trabajo hecho después de que el pleno municipal tumbase la iniciativa. Lo que debería haber sido casi un trámite administrativo, dado el acuerdo total en el centro, mutó en una tensa sesión. Y eso, que, al inicio, el director del colegio, Luís Martínez, puso todo su esfuerzo en explicar de forma sensata una solicitud que, insistió, no iba “contra nadie, ni contra la compostelanidad ni contra el apóstol”. Entre sus argumentos destacó la necesidad de ubicar el centro en el barrio –como los institutos de Sar o Fontiñas– y evitar las confusiones que genera el nombre actual. No fueron pocos los que, gracias a esta polémica, descubrieron no sólo dónde estaba el Apóstolo Santiago sino también que, pese a su nombre, no se trata de un colegio religioso. Martínez defendió por ello una denominación que permita identificarlo “claramente como centro educativo público aconfesional, plural y que no cause ningún tipo de duda o equívoco entre la ciudadanía”. BNG, Compostela Aberta y los dos ediles socialistas respaldaron la decisión unánime de la comunidad educativa. El PP se opuso, tal y como había anunciado, pero fue la sorpresiva abstención de los cuatro concejales no adscritos la que tumbó la propuesta. Según denunció Verea, al finalizar el pleno, uno de los miembros del ANPA que asistían como público tocó en el hombro al portavoz de los no adscritos, Gonzalo Muíños, para llamarle “puto sinvergüenza”. No tiran la toalla Para las familias, con su voto, los 11 concejales del PP y los cuatro no adscritos “desautorizaron al órgano democrático y legítimo del colegio”. “Decidieron oponerse a la voluntad unánime del Consello Escolar de nuestro centro”, aseguraron en un comunicado, ya que “no sólo bloquearon un trámite administrativo”, sino que también “ignoraron dos años de participación, diálogo y consenso” que fructificaron en una decisión del ANPA y del profesorado que “cuenta con el apoyo del barrio”. A Verea no le gustó el tono del escrito: “Si empezamos a decir que los acuerdos adoptados por el pleno no valen cuando no nos gustan, estamos cuestionando el funcionamiento básico de las instituciones democráticas y sentando un precedente peligrosísimo”, respondió en su propio comunicado. El ANPA ha convocado una asamblea general para el próximo día 18 donde estudiarán los nuevos pasos a dar, porque no han dicho la última palabra. Será un nuevo capítulo de esta batalla que ha convertido los deseos de la comunidad educativa en un daño colateral dentro de una guerra mayor.

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Los concejales exsocialistas se sumaron al PP –que lo considera un ataque de la alcaldesa nacionalista a los símbolos de la ciudad– e impidieron rebautizar el centro como CEIP da Almáciga, pese a que la propuesta del ANPA contaba con el respaldo unánime del Consello EscolarHemeroteca - La comunidad educativa redobla sus protestas contra el intento de la Xunta de controlar ideológicamente a los centros Sólo hay un lugar en toda Galicia con el topónimo Almáciga: el monte más elevado de la ciudad de Santiago, hoy un barrio popular y a menudo olvidado por los propios compostelanos. Esta atalaya natural donde se vivió uno de los últimos capítulos de la Revolta Irmandiña, aquella rebelión campesina contra los privilegios de los señores en el siglo XV, acoge hoy, siglos después, una nueva batalla cultural: la que ha desatado la derecha contra la decisión –unánime– de la comunidad educativa de rebautizar el colegio con el nombre del sitio donde está emplazado. El problema no es la nueva denominación, sino la anterior, la que desaparecería: Apóstolo Santiago. El Apóstolo Santiago –inaugurado en 1954 como Santiago Apóstol, rótulo que aún conserva en la fachada– fue el primer grupo escolar de la ciudad. Tras él vendrían muchos otros centros que, como él, pese a su carácter público, serían bautizados con nombres de esa Iglesia que ha marcado la historia de Compostela desde la Edad Media. Cardenal Quiroga Palacios, López Ferreiro, San Clemente o Pío XII son sólo algunos ejemplos. Curiosamente, en el Pío –el mayor colegio de la ciudad, con más de 600 alumnos–, un grupo de familias mira con atención lo que sucede en la Almáciga mientras estudian una alternativa similar. La propuesta del cambio de nombre surgió del ANPA del Apóstolo, recogiendo un intento de unos años antes que no había llegado a fructificar. Detectaron la voluntad mayoritaria entre las familias de rebautizar el colegio y conseguir aumentar la identificación simbólica con el barrio. En el informe de diez páginas que presentaron a la asamblea de padres y madres se recogía “la necesidad de dotar al centro de una identidad educativa acorde con su realidad territorial, cultural y social”. Su propuesta enumeraba argumentos históricos, geográficos, sociológicos y pedagógicos. El Consello Escolar, el máximo órgano de gobierno de la comunidad educativa, lo respaldó por unanimidad. Nada de eso sirvió. El PP local, envuelto en una campaña contra la regidora Goretti Sanmartín (BNG) que pasa por acusarla de atacar a todos los símbolos del compostelanismo –entre los que puede encontrarse el Camino de Santiago, pero también un festival de música con menos de diez años de antiguedad–, encontró un nuevo filón que explotar. Para el portavoz municipal, Borja Verea, esa iniciativa ya no partía de un grupo de familias que buscaba una mayor identificación entre colegio y barrio: era un ataque a la identidad de la ciudad. Y, ya de paso, al Apóstol. Más papistas que el arzobispo Agitar el fantasma del anticlericalismo contra los gobiernos a la izquierda del PSOE es un clásico en una ciudad que vive a la sombra de la catedral. En 2015, Martiño Noriega –regidor por la marea municipalista Compostela Aberta– sufrió furibundos ataques por su decisión de no participar en la ofrenda al Apóstol aunque, curiosamente, tanto entonces como ahora, quien menos hiperventiló fue el propio Arzobispado. Así fue el inicio de un mandato que vivió hasta su final bajo un fuego constante y que, visto hoy, parecía anticipar algunas de las campañas dirigidas contra Pedro Sánchez. En las siguientes elecciones, Noriega perdió. El voto de la derecha respaldó el regreso del exalcalde socialista Sánchez Bugallo, quien siempre había convivido con comodidad tanto con la Iglesia como con la Xunta del PP. Una vez espantado el miedo al anticristo, cuatro años después esas papeletas retornaron a casa. Bugallo –al que ocho años de ausencia habían desconectado de una ciudad que conocía como la palma de su mano– quedó segundo por la izquierda tras el BNG de Sanmartin. Dimitió para irse al Senado pero su partido no quiso entrar en un gobierno tripartito con Bloque y Compostela Aberta que habría gozado de una cómoda mayoría absoluta. Era el preludio de la implosión del PSOE local, dividido hoy entre dos concejales que mantienen las siglas y cuatro no adscritos, que serán claves en esta historia. Sanmartin tampoco asistió a la ofrenda –Noriega fue el primer alcalde en ausentarse, pero los nacionalistas, en la oposición, ya no participaban en el acto– y los argumentos de condena renacieron de cero, como si 2015 nunca hubiese existido. Desde entonces, Verea –candidato más votado, 11 concejales, a dos de la mayoría absoluta– ha seguido excavando esa veta. Cuando se conoció la decisión de la comunidad escolar del Apóstolo, volvió a señalar a la alcaldesa al insertar esa propuesta de las familias en un “peligroso proceso de eliminación de todo lo que significa Santiago de Compostela” por parte de un gobierno que “detesta todo lo que nos hace únicos e universales” y llamó a la ciudadanía a “frenar juntos este ataque constante del BNG y Goretti Sanmartín al compostelanismo”. El llamamiento de Verea caía en terreno abonado. La prensa de derechas llevaba días poniendo el grito en el cielo. “Qué indigencia”, escribió en sus redes sobre el cambio de nombre un periodista de ABC. Por su parte, los medios locales amplificaban la campaña de recogida de firmas de una –una– exalumna, que atacaba las connotaciones “políticas” del cambio: “Es un problema que no podemos ignorar, especialmente porque algunos hijos/as de políticos/as con ideologías independentistas y padres y/o madres afines a sus ideas asisten a 'nuestra escuela'. Parece que pretenden borrar cualquier símbolo que no esté alineado con sus creencias”. La versión original, que todavía circula por capturas de internet, añadía rojos –sin el posterior lenguaje inclusivo– a ese independentistas. Aunque unos y otros evitaron explicitarlo, en el Apóstolo estudia la hija de la portavoz nacional del BNG, Ana Pontón. “Un colegio pertenece a toda la ciudad, no a una asociación en un momento concreto”, había dicho Verea. De los 100.000 habitantes de esa ciudad, apenas algo más de 800 habían respaldado el change.org durante sus tres primeras semanas de vida. El pleno municipal Tras la aprobación unánime del Consello Escolar, los siguientes pasos para hacer efectivo el cambio de nombre eran la luz verde del ayuntamiento y de la Xunta. El conselleiro de Educación, Román Rodríguez, preocupado hasta casi la obsesión por lo que él llama “neutralidad ideológica” en las aulas, ya había enseñado la patita: “Andar cambiando nombres genera a veces ruidos innecesarios y esconde intereses que se ocultan de otra forma”, aseguró. Contrasta con el respaldo que recibió el colegio privado compostelano San Pelayo cuando se rebautizó como Emma o cuando, en el municipio vecino de Ames, el del obispo ultraconservador Guerra Campos fue sustituido por Val da Maía (el valle donde se ubican tanto Ames como Brión). Esta última decisión, por cierto, se hizo oficial el mismo día en el que, un centenar de kilómetros al norte, el instituto Carmen Polo pasaba a denominarse Terra de Ferrol. Sin embargo, a Rodríguez le llegó el trabajo hecho después de que el pleno municipal tumbase la iniciativa. Lo que debería haber sido casi un trámite administrativo, dado el acuerdo total en el centro, mutó en una tensa sesión. Y eso, que, al inicio, el director del colegio, Luís Martínez, puso todo su esfuerzo en explicar de forma sensata una solicitud que, insistió, no iba “contra nadie, ni contra la compostelanidad ni contra el apóstol”. Entre sus argumentos destacó la necesidad de ubicar el centro en el barrio –como los institutos de Sar o Fontiñas– y evitar las confusiones que genera el nombre actual. No fueron pocos los que, gracias a esta polémica, descubrieron no sólo dónde estaba el Apóstolo Santiago sino también que, pese a su nombre, no se trata de un colegio religioso. Martínez defendió por ello una denominación que permita identificarlo “claramente como centro educativo público aconfesional, plural y que no cause ningún tipo de duda o equívoco entre la ciudadanía”. BNG, Compostela Aberta y los dos ediles socialistas respaldaron la decisión unánime de la comunidad educativa. El PP se opuso, tal y como había anunciado, pero fue la sorpresiva abstención de los cuatro concejales no adscritos la que tumbó la propuesta. Según denunció Verea, al finalizar el pleno, uno de los miembros del ANPA que asistían como público tocó en el hombro al portavoz de los no adscritos, Gonzalo Muíños, para llamarle “puto sinvergüenza”. No tiran la toalla Para las familias, con su voto, los 11 concejales del PP y los cuatro no adscritos “desautorizaron al órgano democrático y legítimo del colegio”. “Decidieron oponerse a la voluntad unánime del Consello Escolar de nuestro centro”, aseguraron en un comunicado, ya que “no sólo bloquearon un trámite administrativo”, sino que también “ignoraron dos años de participación, diálogo y consenso” que fructificaron en una decisión del ANPA y del profesorado que “cuenta con el apoyo del barrio”. A Verea no le gustó el tono del escrito: “Si empezamos a decir que los acuerdos adoptados por el pleno no valen cuando no nos gustan, estamos cuestionando el funcionamiento básico de las instituciones democráticas y sentando un precedente peligrosísimo”, respondió en su propio comunicado. El ANPA ha convocado una asamblea general para el próximo día 18 donde estudiarán los nuevos pasos a dar, porque no han dicho la última palabra. Será un nuevo capítulo de esta batalla que ha convertido los deseos de la comunidad educativa en un daño colateral dentro de una guerra mayor.

Su nuevo plan futuREady prevé lanzar 36 nuevos modelos, generalizar la electrificación en Europa y exportar la tecnología híbrida a otros mercados en la próxima década Después de que Renaulution, el plan estratégico que lanzó en 2021, haya vuelto a situar al Grupo Renault en primera línea de los constructores europeos, ahora la nueva directiva encabezada por François Provost ha presentado el programa que toma el testigo de aquel, futuREady, con el objetivo de convertir a Renault en el constructor europeo de referencia. Según ha desgranado el propio CEO en un acto retransmitido online, el plan se basa en cuatro pilares. “Primero, crecimiento y producto. Lanzaremos 36 nuevos modelos de aquí a 2030 y transformaremos en profundidad la experiencia del cliente a lo largo de todo el ciclo de vida de nuestros vehículos. A continuación, aceleraremos nuestras hojas de ruta tecnológicas en todas las tecnologías clave. También estableceremos objetivos de rendimiento operativo muy ambiciosos mediante la ampliación del uso de la IA”. “Juntos, gracias a futuREady -ha concluido Provost-, demostraremos que un constructor europeo puede perdurar y convertirse en la referencia automovilística europea a escala mundial”. François Provost, CEO del Grupo Renault (en el centro), con otros directivos. El grupo se propone lanzar una ofensiva de producto compuesta por 22 nuevos modelos en Europa, 16 de ellos eléctricos, y 14 modelos a escala internacional. La marca Renault en concreto presentará 12 novedades en Europa en los próximos cuatro años y 14 para el resto del mundo. Junto a ello, pretende generalizar la electrificación, por un lado manteniendo la tecnología híbrida en el Viejo Continente después de 2030 y desarrollándola internacionalmente, y por otro ampliando su oferta 100% eléctrica con una nueva plataforma. Para 2030, la marca quiere alcanzar estos hitos: más de dos millones de vehículos vendidos anualmente, el 50% de los cuales fuera de Europa, y el 100% de ventas de vehículos electrificados en Europa y el 50% fuera del continente. En cuanto a Dacia, continuará su trayectoria de crecimiento con los mismos fundamentos y la misma filosofía que hasta ahora: ofrecer el producto más competitivo combinando precio, coste y valor para el cliente. También acelerará la electrificación, que debería extenderse a dos tercios de sus ventas en 2030, y proseguirá su ofensiva en el segmento C a fin de conseguir en él un tercio de sus ventas para ese mismo año. La firma de origen rumano se dispone asimismo a capitalizar su reconocida experiencia en vehículos 4x4, en el sistema híbrido E-Tech del grupo y en el liderazgo en su oferta de GLP. De aquí a 2030, Dacia habrá dado un giro notable hacia la movilidad eléctrica pasando de uno a cuatro vehículos de este tipo dentro de su gama. Por lo que hace a Alpine, la estrategia es seguir creciendo gracias al lanzamiento de la próxima generación del A110, basado en la Plataforma de Alto Rendimiento de Alpine (APP), aprovechando los modelos A290 y A390 para atraer nuevos clientes y ofreciendo más exclusividad y personalización a través de series limitadas. El grupo desarrollará químicas de distinto tipo según modelos. El Grupo Renault prepara para los mercados europeos motorizaciones eléctricas con dos tipologías de química distintas para las baterías. Las de “alta densidad energética” se destinarán a modelos de alta potencia y/o muy larga autonomía, los cuales se irán adaptando gradualmente a la arquitectura de 800 voltios a partir de 2028 para alcanzar, en función de la capacidad prevista de la red europea en 2030, cargas rápidas en 10 minutos. Los vehículos más pequeños y las versiones de autonomía estándar llevarán químicas más asequibles y mantendrán la arquitectura de 400 V, con un tiempo de carga de 20 minutos en 2030. El diseño de la plataforma RGEV Medium 2.0 también permitirá autonomías muy largas con este tipo de química más sencilla, sin comprometer el tiempo de carga gracias a su arquitectura nativa de 800 V, esto es, hasta 10 minutos. La compañía trabaja en avances en diversas tecnologías clave. Nuevos motores eléctricos Renault desarrollará además su tercera generación de motores eléctricos con rotor bobinado y sin tierras raras. Con un rendimiento del 93% en autopista y un aumento de la potencia del 25%, este motor de 275 CV, desarrollado y producido internamente, se ofrecerá en versiones de tracción delantera y trasera. Acoplado a una electrónica de potencia innovadora llamada “7 en 1”, ofrecerá un ahorro del 20% en comparación con la familia anterior. La compañía aspira en general a reducir en un 40% el coste de sus modelos eléctricos. La nueva plataforma, prevista para ganar presencia en el segmento C, anuncia 750 km de alcance y hasta 1.400 en modelos de autonomía extendida. En cuanto a la tecnología híbrida E-Tech, se pretende exportarla después de 2030 a escala internacional e implantarla en versiones de menos de 150 caballos, según se ha explicado en el evento. Por último, es intención del Grupo Renault aumentar la productividad y reducir el punto de equilibrio de la red en al menos un 20%, además de producir más de 300.000 coches al año para otros constructores -Nissan, Mitsubishi Motors, Volvo Group (Renault Trucks), Geely y Ford-, siempre a la altura de 2030.

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Su nuevo plan futuREady prevé lanzar 36 nuevos modelos, generalizar la electrificación en Europa y exportar la tecnología híbrida a otros mercados en la próxima década Después de que Renaulution, el plan estratégico que lanzó en 2021, haya vuelto a situar al Grupo Renault en primera línea de los constructores europeos, ahora la nueva directiva encabezada por François Provost ha presentado el programa que toma el testigo de aquel, futuREady, con el objetivo de convertir a Renault en el constructor europeo de referencia. Según ha desgranado el propio CEO en un acto retransmitido online, el plan se basa en cuatro pilares. “Primero, crecimiento y producto. Lanzaremos 36 nuevos modelos de aquí a 2030 y transformaremos en profundidad la experiencia del cliente a lo largo de todo el ciclo de vida de nuestros vehículos. A continuación, aceleraremos nuestras hojas de ruta tecnológicas en todas las tecnologías clave. También estableceremos objetivos de rendimiento operativo muy ambiciosos mediante la ampliación del uso de la IA”. “Juntos, gracias a futuREady -ha concluido Provost-, demostraremos que un constructor europeo puede perdurar y convertirse en la referencia automovilística europea a escala mundial”. François Provost, CEO del Grupo Renault (en el centro), con otros directivos. El grupo se propone lanzar una ofensiva de producto compuesta por 22 nuevos modelos en Europa, 16 de ellos eléctricos, y 14 modelos a escala internacional. La marca Renault en concreto presentará 12 novedades en Europa en los próximos cuatro años y 14 para el resto del mundo. Junto a ello, pretende generalizar la electrificación, por un lado manteniendo la tecnología híbrida en el Viejo Continente después de 2030 y desarrollándola internacionalmente, y por otro ampliando su oferta 100% eléctrica con una nueva plataforma. Para 2030, la marca quiere alcanzar estos hitos: más de dos millones de vehículos vendidos anualmente, el 50% de los cuales fuera de Europa, y el 100% de ventas de vehículos electrificados en Europa y el 50% fuera del continente. En cuanto a Dacia, continuará su trayectoria de crecimiento con los mismos fundamentos y la misma filosofía que hasta ahora: ofrecer el producto más competitivo combinando precio, coste y valor para el cliente. También acelerará la electrificación, que debería extenderse a dos tercios de sus ventas en 2030, y proseguirá su ofensiva en el segmento C a fin de conseguir en él un tercio de sus ventas para ese mismo año. La firma de origen rumano se dispone asimismo a capitalizar su reconocida experiencia en vehículos 4x4, en el sistema híbrido E-Tech del grupo y en el liderazgo en su oferta de GLP. De aquí a 2030, Dacia habrá dado un giro notable hacia la movilidad eléctrica pasando de uno a cuatro vehículos de este tipo dentro de su gama. Por lo que hace a Alpine, la estrategia es seguir creciendo gracias al lanzamiento de la próxima generación del A110, basado en la Plataforma de Alto Rendimiento de Alpine (APP), aprovechando los modelos A290 y A390 para atraer nuevos clientes y ofreciendo más exclusividad y personalización a través de series limitadas. El grupo desarrollará químicas de distinto tipo según modelos. El Grupo Renault prepara para los mercados europeos motorizaciones eléctricas con dos tipologías de química distintas para las baterías. Las de “alta densidad energética” se destinarán a modelos de alta potencia y/o muy larga autonomía, los cuales se irán adaptando gradualmente a la arquitectura de 800 voltios a partir de 2028 para alcanzar, en función de la capacidad prevista de la red europea en 2030, cargas rápidas en 10 minutos. Los vehículos más pequeños y las versiones de autonomía estándar llevarán químicas más asequibles y mantendrán la arquitectura de 400 V, con un tiempo de carga de 20 minutos en 2030. El diseño de la plataforma RGEV Medium 2.0 también permitirá autonomías muy largas con este tipo de química más sencilla, sin comprometer el tiempo de carga gracias a su arquitectura nativa de 800 V, esto es, hasta 10 minutos. La compañía trabaja en avances en diversas tecnologías clave. Nuevos motores eléctricos Renault desarrollará además su tercera generación de motores eléctricos con rotor bobinado y sin tierras raras. Con un rendimiento del 93% en autopista y un aumento de la potencia del 25%, este motor de 275 CV, desarrollado y producido internamente, se ofrecerá en versiones de tracción delantera y trasera. Acoplado a una electrónica de potencia innovadora llamada “7 en 1”, ofrecerá un ahorro del 20% en comparación con la familia anterior. La compañía aspira en general a reducir en un 40% el coste de sus modelos eléctricos. La nueva plataforma, prevista para ganar presencia en el segmento C, anuncia 750 km de alcance y hasta 1.400 en modelos de autonomía extendida. En cuanto a la tecnología híbrida E-Tech, se pretende exportarla después de 2030 a escala internacional e implantarla en versiones de menos de 150 caballos, según se ha explicado en el evento. Por último, es intención del Grupo Renault aumentar la productividad y reducir el punto de equilibrio de la red en al menos un 20%, además de producir más de 300.000 coches al año para otros constructores -Nissan, Mitsubishi Motors, Volvo Group (Renault Trucks), Geely y Ford-, siempre a la altura de 2030.

El sector primario denuncia que el encarecimiento del petróleo o del gas también afecta a su producción, que ya estaba maltrecha tras el tren de borrascas de enero y febrero, y que acabará trasladándose al consumidorAnálisis - No sólo el petróleo: por qué la guerra en Irán afectará a los alimentos La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán sigue provocando consecuencias a nivel mundial. Además de perturbar el panorama geopolítico y de generar tensiones diplomáticas que reconfiguran un nuevo mapa mundial, la escalada bélica que está provocando bombardeos en refinerías de Oriente Medio o el cierre del estrecho de Ormuz, por el que pasa el 20% del petróleo mundial y el 25% del gas natural licuado (GNL), también se está empezando a notar en sectores como el primario. Algo que, en el caso de Andalucía, está ahogando a agricultores y ganaderos por el incremento de costes asociado y porque el tren de borrascas de enero y febrero ya había dañado severamente su producción. El hecho de que una guerra impacte de lleno en la economía de terceros países no es nuevo. Es una tónica habitual en un mundo tan globalizado como el nuestro y el último ejemplo al respecto se produjo durante los primeros días de la guerra de Ucrania. En 2022, por las mismas fechas que ahora, el petróleo y el gas mundial incrementaron mucho su precio, generando una subida en cascada del coste de producción de gran parte de las materias primas. Ahora, la guerra en Irán ha elevado el precio del barril de crudo entorno a los 100 dólares y el gas ha hecho lo propio encareciéndose más de un 50%. Algo que se traslada directamente al coste que han de afrontar agricultores y ganaderos para seguir con sus explotaciones, pero que no tiene por qué reflejarse en la cesta de la compra por cómo está configurada la cadena alimentaria, puesto que los precios los suele establecer la distribución y no la producción. Sebastián González es uno de los agricultores andaluces que está haciendo números para sobrevivir a otro revés económico, apenas unas semanas después del tren de borrascas que han dañado severamente los campos de Andalucía. Explica que en su zona, Lebrija (Sevilla), muchos agricultores han perdido prácticamente toda la cosecha de invierno. “En mi zona hay agricultores que han tenido daños del 90% o del 100% en cultivos hortícolas como coliflor, brócoli o espinaca”, señala. Este agricultor de regadío, que también es el secretario provincial de Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) en Sevilla, asegura que cuando el sector apenas comenzaba a preparar la campaña de primavera se ha encontrado con un nuevo golpe: la escalada del precio de la energía y de los bienes agrícolas. “Hace tres semanas el gasóleo agrícola estaba a 0,88 euros y el sábado ya estaba a 1,25”, explica. A eso se suma el encarecimiento de los fertilizantes, que según cuenta ya han subido entre un 30% y un 40% y podrían seguir aumentando a lo largo de la campaña. “Los fertilizantes ya han subido entre un 30% y un 40%, y durante la campaña prácticamente se van a duplicar”, sostiene. El agricultor denuncia además que parte de estas subidas responden más a movimientos especulativos que a un aumento real de los costes. “Hay cierta especulación, porque el gasóleo y el abono que se está vendiendo ahora ya estaban en el mercado desde hace semanas”, afirma. En su caso, explica, se trata de explotaciones que manejan cifras muy elevadas de gasto y que ahora ven cómo se disparan sus cuentas. “Estamos hablando de explotaciones que gastaban en torno a 800.000 euros y ahora se están acercando a los dos millones en gasóleo y fertilizantes”. Una situación que llega en un momento especialmente delicado para el campo andaluz, que aún arrastra las pérdidas provocadas por el tren de borrascas de comienzos de año. “Los agricultores nos estamos jugando mucho sin tener la certeza de que la producción vaya a llegar a buen puerto”, resume González, que además advierte de que parte del encarecimiento acabará trasladándose al consumidor. “Sin duda va a haber una subida coherente con lo que nos cuesta producir y transportar, pero también intuyo que habrá subidas especulativas”, añade. El impacto también alcanza al olivar La situación tampoco es mejor en el olivar jiennense, el mayor productor mundial de aceite de oliva. Francisco Elvira, agricultor de Jaén, explica que el encarecimiento de la energía ya está teniendo efectos directos en los costes de producción. “Tenemos una subida en torno a 20 céntimos en el combustible y unos 200 euros por tonelada en el nitrógeno que utilizamos para abonar el campo”, explica. En el caso de los fertilizantes, el problema está directamente relacionado con el gas natural, del que se obtiene el nitrógeno que utilizan los agricultores. “El nitrógeno que utilizamos para abonar se saca del gas, así que cuando sube la energía suben también nuestros costes”, señala. Pero en el caso del olivar la crisis llega además en mitad de una campaña complicada. Las lluvias han impedido terminar la recolección con normalidad y han dejado parte de la producción en el campo. “Nos pilló la lluvia con un tercio de la cosecha sin recoger y de ese tercio la mitad se ha quedado tirada en el campo”, explica. La combinación de pérdidas y aumento de costes está poniendo contra las cuerdas a muchas explotaciones. “Es como una empresa que pierde el 15% de sus ingresos y al mismo tiempo ve subir sus costes otro 15%”, resume Elvira. El agricultor también advierte de que el mercado del aceite de oliva es especialmente sensible a cualquier movimiento geopolítico. “Somos un sector muy psicológico y cualquier noticia internacional afecta al precio del aceite en origen”, afirma. De hecho, asegura que en estos momentos los precios que reciben los productores están incluso a la baja. “La tendencia ahora mismo en el aceite en origen es a la baja”, sostiene. A su juicio, una de las razones por las que los agricultores no pueden trasladar fácilmente el incremento de costes es el funcionamiento de la cadena alimentaria. “Los precios al final se siguen conformando desde el supermercado hacia el productor”, critica. Aunque existe la Ley de la Cadena Alimentaria para evitar la venta a pérdidas, Elvira considera que su aplicación es insuficiente. “Es una ley bien intencionada, pero no se ha dotado de presupuesto para que realmente se cumpla”, sostiene. El encarecimiento de los piensos La situación tampoco es muy distinta en la ganadería. Clara Torreblanca, ganadera de caprino de leche y productora de huevos camperos en Granada, explica que el aumento del precio de la energía afecta directamente al funcionamiento diario de las explotaciones. “Siempre tenemos un generador de apoyo porque si falla la luz necesitamos mantener el frío para conservar la leche”, explica. Pero más allá del combustible, la mayor preocupación está en la posible subida de los alimentos que se utilizan para el ganado. “En ganadería la materia prima que más utilizamos son los piensos y los forrajes, y ahí es donde tenemos el mayor miedo”, señala. Torreblanca también advierte de que algunas subidas se están produciendo de forma demasiado rápida como para responder únicamente a la evolución del mercado. “La subida del gasóleo o de los fertilizantes se ha producido en horas, cuando todavía no hay una falta real de materias primas”, afirma, denunciando que existe “una especulación pura y dura” en algunos mercados. Además, alerta de que el aumento del precio de la energía también puede encarecer otros elementos de la cadena alimentaria, como los envases. “El cartón se va a encarecer muchísimo”, explica, algo que terminará repercutiendo en el precio final de productos como los huevos o los lácteos. A su juicio, esta situación vuelve a poner de manifiesto la vulnerabilidad del sistema alimentario europeo ante conflictos internacionales. “En cuanto estalla una guerra en un país del que dependemos para materias primas, el campo europeo empieza a sufrir”, sostiene. Por ello, defiende reforzar la soberanía alimentaria. “No podemos dejar la alimentación en manos de terceros países”, concluye. El peso económico del campo andaluz El impacto potencial de estas crisis no es menor en una comunidad como Andalucía, donde el sector agrario tiene un peso clave en la economía. Según datos de la Consejería de Agricultura de la Junta de Andalucía, los productos del olivar alcanzaron en 2024 un valor de 5.401 millones de euros, lo que supone el 31,6% del valor de la producción agraria andaluza. En términos macroeconómicos, la propia administración autonómica estima que el olivar aporta en torno al 2% del PIB andaluz. Además, su impacto en el empleo rural es muy significativo: una campaña media puede generar unos 18 millones de jornales en la aceituna para aceite y otros 4,25 millones en la aceituna de mesa. La Junta también recuerda la importancia de las exportaciones agroalimentarias andaluzas, especialmente hacia Estados Unidos. En 2025, Andalucía exportó productos agroalimentarios a ese país por valor de 1.165,8 millones de euros, de los cuales 813,6 millones correspondieron a productos relacionados con el olivar. Desde el Gobierno central, el Ministerio de Agricultura asegura que está siguiendo la situación de cerca: “Desde el Gobierno seguimos muy de cerca la evolución de los precios del petróleo, del gas y de los fertilizantes, porque tienen un impacto directo en los costes de producción agraria y pesquera”. El Ejecutivo afirma que permanece atento a la evolución del conflicto y a sus efectos sobre el sector. “Estamos vigilantes y preparados para afrontar condiciones imprevisibles”, añaden. Entretanto, agricultores y ganaderos siguen pendientes de cómo evolucionará un conflicto que, a miles de kilómetros de distancia, ya empieza a sentirse en los campos andaluces.

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El sector primario denuncia que el encarecimiento del petróleo o del gas también afecta a su producción, que ya estaba maltrecha tras el tren de borrascas de enero y febrero, y que acabará trasladándose al consumidorAnálisis - No sólo el petróleo: por qué la guerra en Irán afectará a los alimentos La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán sigue provocando consecuencias a nivel mundial. Además de perturbar el panorama geopolítico y de generar tensiones diplomáticas que reconfiguran un nuevo mapa mundial, la escalada bélica que está provocando bombardeos en refinerías de Oriente Medio o el cierre del estrecho de Ormuz, por el que pasa el 20% del petróleo mundial y el 25% del gas natural licuado (GNL), también se está empezando a notar en sectores como el primario. Algo que, en el caso de Andalucía, está ahogando a agricultores y ganaderos por el incremento de costes asociado y porque el tren de borrascas de enero y febrero ya había dañado severamente su producción. El hecho de que una guerra impacte de lleno en la economía de terceros países no es nuevo. Es una tónica habitual en un mundo tan globalizado como el nuestro y el último ejemplo al respecto se produjo durante los primeros días de la guerra de Ucrania. En 2022, por las mismas fechas que ahora, el petróleo y el gas mundial incrementaron mucho su precio, generando una subida en cascada del coste de producción de gran parte de las materias primas. Ahora, la guerra en Irán ha elevado el precio del barril de crudo entorno a los 100 dólares y el gas ha hecho lo propio encareciéndose más de un 50%. Algo que se traslada directamente al coste que han de afrontar agricultores y ganaderos para seguir con sus explotaciones, pero que no tiene por qué reflejarse en la cesta de la compra por cómo está configurada la cadena alimentaria, puesto que los precios los suele establecer la distribución y no la producción. Sebastián González es uno de los agricultores andaluces que está haciendo números para sobrevivir a otro revés económico, apenas unas semanas después del tren de borrascas que han dañado severamente los campos de Andalucía. Explica que en su zona, Lebrija (Sevilla), muchos agricultores han perdido prácticamente toda la cosecha de invierno. “En mi zona hay agricultores que han tenido daños del 90% o del 100% en cultivos hortícolas como coliflor, brócoli o espinaca”, señala. Este agricultor de regadío, que también es el secretario provincial de Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) en Sevilla, asegura que cuando el sector apenas comenzaba a preparar la campaña de primavera se ha encontrado con un nuevo golpe: la escalada del precio de la energía y de los bienes agrícolas. “Hace tres semanas el gasóleo agrícola estaba a 0,88 euros y el sábado ya estaba a 1,25”, explica. A eso se suma el encarecimiento de los fertilizantes, que según cuenta ya han subido entre un 30% y un 40% y podrían seguir aumentando a lo largo de la campaña. “Los fertilizantes ya han subido entre un 30% y un 40%, y durante la campaña prácticamente se van a duplicar”, sostiene. El agricultor denuncia además que parte de estas subidas responden más a movimientos especulativos que a un aumento real de los costes. “Hay cierta especulación, porque el gasóleo y el abono que se está vendiendo ahora ya estaban en el mercado desde hace semanas”, afirma. En su caso, explica, se trata de explotaciones que manejan cifras muy elevadas de gasto y que ahora ven cómo se disparan sus cuentas. “Estamos hablando de explotaciones que gastaban en torno a 800.000 euros y ahora se están acercando a los dos millones en gasóleo y fertilizantes”. Una situación que llega en un momento especialmente delicado para el campo andaluz, que aún arrastra las pérdidas provocadas por el tren de borrascas de comienzos de año. “Los agricultores nos estamos jugando mucho sin tener la certeza de que la producción vaya a llegar a buen puerto”, resume González, que además advierte de que parte del encarecimiento acabará trasladándose al consumidor. “Sin duda va a haber una subida coherente con lo que nos cuesta producir y transportar, pero también intuyo que habrá subidas especulativas”, añade. El impacto también alcanza al olivar La situación tampoco es mejor en el olivar jiennense, el mayor productor mundial de aceite de oliva. Francisco Elvira, agricultor de Jaén, explica que el encarecimiento de la energía ya está teniendo efectos directos en los costes de producción. “Tenemos una subida en torno a 20 céntimos en el combustible y unos 200 euros por tonelada en el nitrógeno que utilizamos para abonar el campo”, explica. En el caso de los fertilizantes, el problema está directamente relacionado con el gas natural, del que se obtiene el nitrógeno que utilizan los agricultores. “El nitrógeno que utilizamos para abonar se saca del gas, así que cuando sube la energía suben también nuestros costes”, señala. Pero en el caso del olivar la crisis llega además en mitad de una campaña complicada. Las lluvias han impedido terminar la recolección con normalidad y han dejado parte de la producción en el campo. “Nos pilló la lluvia con un tercio de la cosecha sin recoger y de ese tercio la mitad se ha quedado tirada en el campo”, explica. La combinación de pérdidas y aumento de costes está poniendo contra las cuerdas a muchas explotaciones. “Es como una empresa que pierde el 15% de sus ingresos y al mismo tiempo ve subir sus costes otro 15%”, resume Elvira. El agricultor también advierte de que el mercado del aceite de oliva es especialmente sensible a cualquier movimiento geopolítico. “Somos un sector muy psicológico y cualquier noticia internacional afecta al precio del aceite en origen”, afirma. De hecho, asegura que en estos momentos los precios que reciben los productores están incluso a la baja. “La tendencia ahora mismo en el aceite en origen es a la baja”, sostiene. A su juicio, una de las razones por las que los agricultores no pueden trasladar fácilmente el incremento de costes es el funcionamiento de la cadena alimentaria. “Los precios al final se siguen conformando desde el supermercado hacia el productor”, critica. Aunque existe la Ley de la Cadena Alimentaria para evitar la venta a pérdidas, Elvira considera que su aplicación es insuficiente. “Es una ley bien intencionada, pero no se ha dotado de presupuesto para que realmente se cumpla”, sostiene. El encarecimiento de los piensos La situación tampoco es muy distinta en la ganadería. Clara Torreblanca, ganadera de caprino de leche y productora de huevos camperos en Granada, explica que el aumento del precio de la energía afecta directamente al funcionamiento diario de las explotaciones. “Siempre tenemos un generador de apoyo porque si falla la luz necesitamos mantener el frío para conservar la leche”, explica. Pero más allá del combustible, la mayor preocupación está en la posible subida de los alimentos que se utilizan para el ganado. “En ganadería la materia prima que más utilizamos son los piensos y los forrajes, y ahí es donde tenemos el mayor miedo”, señala. Torreblanca también advierte de que algunas subidas se están produciendo de forma demasiado rápida como para responder únicamente a la evolución del mercado. “La subida del gasóleo o de los fertilizantes se ha producido en horas, cuando todavía no hay una falta real de materias primas”, afirma, denunciando que existe “una especulación pura y dura” en algunos mercados. Además, alerta de que el aumento del precio de la energía también puede encarecer otros elementos de la cadena alimentaria, como los envases. “El cartón se va a encarecer muchísimo”, explica, algo que terminará repercutiendo en el precio final de productos como los huevos o los lácteos. A su juicio, esta situación vuelve a poner de manifiesto la vulnerabilidad del sistema alimentario europeo ante conflictos internacionales. “En cuanto estalla una guerra en un país del que dependemos para materias primas, el campo europeo empieza a sufrir”, sostiene. Por ello, defiende reforzar la soberanía alimentaria. “No podemos dejar la alimentación en manos de terceros países”, concluye. El peso económico del campo andaluz El impacto potencial de estas crisis no es menor en una comunidad como Andalucía, donde el sector agrario tiene un peso clave en la economía. Según datos de la Consejería de Agricultura de la Junta de Andalucía, los productos del olivar alcanzaron en 2024 un valor de 5.401 millones de euros, lo que supone el 31,6% del valor de la producción agraria andaluza. En términos macroeconómicos, la propia administración autonómica estima que el olivar aporta en torno al 2% del PIB andaluz. Además, su impacto en el empleo rural es muy significativo: una campaña media puede generar unos 18 millones de jornales en la aceituna para aceite y otros 4,25 millones en la aceituna de mesa. La Junta también recuerda la importancia de las exportaciones agroalimentarias andaluzas, especialmente hacia Estados Unidos. En 2025, Andalucía exportó productos agroalimentarios a ese país por valor de 1.165,8 millones de euros, de los cuales 813,6 millones correspondieron a productos relacionados con el olivar. Desde el Gobierno central, el Ministerio de Agricultura asegura que está siguiendo la situación de cerca: “Desde el Gobierno seguimos muy de cerca la evolución de los precios del petróleo, del gas y de los fertilizantes, porque tienen un impacto directo en los costes de producción agraria y pesquera”. El Ejecutivo afirma que permanece atento a la evolución del conflicto y a sus efectos sobre el sector. “Estamos vigilantes y preparados para afrontar condiciones imprevisibles”, añaden. Entretanto, agricultores y ganaderos siguen pendientes de cómo evolucionará un conflicto que, a miles de kilómetros de distancia, ya empieza a sentirse en los campos andaluces.

32 minutes

ده‌نگی ئه‌مه‌ریکا
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هەواڵە جیهانیـیەکان لە دەنگی ئەمەریکا

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ده‌نگی ئه‌مه‌ریکا
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هەواڵە جیهانیـیەکان لە دەنگی ئەمەریکا

ཨ་རིའི་གྲོས་ཚོགས་གོང་འོག་གི་འཐུས་མི་ཁག་ཅིག་ནས་བོད་དོན་ཐོག་རྒྱབ་སྐྱོར་དང་གདུང་སེམས་མཉམ་བསྐྱེད་ཀྱི་གསུང་འཕྲིན་གནང་།

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ཨེ་ཤེ་ཡ་རང་དབང་རླུང་འཕྲིན་ཁང་
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ཨ་རིའི་གྲོས་ཚོགས་གོང་འོག་གི་འཐུས་མི་ཁག་ཅིག་ནས་བོད་དོན་ཐོག་རྒྱབ་སྐྱོར་དང་གདུང་སེམས་མཉམ་བསྐྱེད་ཀྱི་གསུང་འཕྲིན་གནང་།

Why have authorities bent over backwards to help some people stay in Australia, while banning others from entering?

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The Conversation
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Why have authorities bent over backwards to help some people stay in Australia, while banning others from entering?

«Ескалація заради деескалації» у відносинах із Китаєм. Що це змінить?

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Радіо Свобода
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«Ескалація заради деескалації» у відносинах із Китаєм. Що це змінить?

49 minutes

Radio France Internationale
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Kulingana na ripoti ya hivi karibuni ya SIPRI iliyochapishwa wiki hii, uagizaji wa silaha wa Morocco uliongezeka kwa 12% kati ya mwaka 2021 na 2025 ikilinganishwa na kipindi cha 2016-2020. Hali hii inajitokeza katikati ya "mvutano unaoendelea" na Algeria, hati hiyo pia inabainisha.

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Radio France Internationale
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Kulingana na ripoti ya hivi karibuni ya SIPRI iliyochapishwa wiki hii, uagizaji wa silaha wa Morocco uliongezeka kwa 12% kati ya mwaka 2021 na 2025 ikilinganishwa na kipindi cha 2016-2020. Hali hii inajitokeza katikati ya "mvutano unaoendelea" na Algeria, hati hiyo pia inabainisha.

The Nationals have chosen a hard-line leader for their existential battle against One Nation.

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The Nationals have chosen a hard-line leader for their existential battle against One Nation.

एमाले अध्यक्ष तथा पूर्व प्रधानमन्त्री केपी शर्मा ओलीले प्रतिनिधिसभा निर्वाचन २०८२ हारेपछि आँखा भरी आँसु पार्दै मिडियामा आएको दावी गरिएको भिडियो सामाजिक सञ्जालमा भाइरल भइरहेको छ। तर नेपालफ्याक्टचेकले गरेको तथ्यजाँचमा उक्त दावी भ्रामक रहेको पुष्टि भएको छ। ९ वर्ष पुरानो अन्तर्वार्ताको भिडियो क्लिपलाई नयाँ सन्दर्भमा क्याप्सन राखेर भाइरल गराइएको हो। दावी के छ ? ७८ […]

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एमाले अध्यक्ष तथा पूर्व प्रधानमन्त्री केपी शर्मा ओलीले प्रतिनिधिसभा निर्वाचन २०८२ हारेपछि आँखा भरी आँसु पार्दै मिडियामा आएको दावी गरिएको भिडियो सामाजिक सञ्जालमा भाइरल भइरहेको छ। तर नेपालफ्याक्टचेकले गरेको तथ्यजाँचमा उक्त दावी भ्रामक रहेको पुष्टि भएको छ। ९ वर्ष पुरानो अन्तर्वार्ताको भिडियो क्लिपलाई नयाँ सन्दर्भमा क्याप्सन राखेर भाइरल गराइएको हो। दावी के छ ? ७८ […]