Efecto dominó
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Mundiario
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El humor gráfico, con casi tres siglos a cuestas, es hoy un arte expresivo y comunicador de primer orden, que MUNDIARIO trae a su página home de la mano de Thiago Lucas.

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El humor gráfico, con casi tres siglos a cuestas, es hoy un arte expresivo y comunicador de primer orden, que MUNDIARIO trae a su página home de la mano de Thiago Lucas.

Ka shkuar në 22 numri i vendeve që i bashkohen deklaratës së përbashkët, të nënshkruar ditët e fundit, fillimisht nga 6 shtete, për të garantuar kalimin e sigurt në Ngushticën e Hormuzit, duke dënuar mbylljen e kësaj rruge jetike detare nga ana e Iranit, raporton TopChannel. “Shprehim gatishmërinë tonë për të kontribuar në përpjekjet […]

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Ka shkuar në 22 numri i vendeve që i bashkohen deklaratës së përbashkët, të nënshkruar ditët e fundit, fillimisht nga 6 shtete, për të garantuar kalimin e sigurt në Ngushticën e Hormuzit, duke dënuar mbylljen e kësaj rruge jetike detare nga ana e Iranit, raporton TopChannel. “Shprehim gatishmërinë tonë për të kontribuar në përpjekjet […]

തുടർഭരണത്തിന്റെ വിജയവിളംബരമായി ജില്ലയിൽ എൽഡിഎഫ്‌ മണ്ഡലം കൺവൻഷനുകൾക്ക്‌ ഉജ്വല തുടക്കം.

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തുടർഭരണത്തിന്റെ വിജയവിളംബരമായി ജില്ലയിൽ എൽഡിഎഫ്‌ മണ്ഡലം കൺവൻഷനുകൾക്ക്‌ ഉജ്വല തുടക്കം.

പത്തുവർഷംകൊണ്ട്‌ കേരളം കൈവരിച്ച നേട്ടങ്ങളെല്ലാം യുഡിഎഫ്‌ അധികാരത്തിൽ വന്നാൽ തകരുമെന്ന്‌ സിപിഐ എം കേന്ദ്ര കമ്മിറ്റി അംഗം പുത്തലത്ത്‌ ദിനേശൻ.

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പത്തുവർഷംകൊണ്ട്‌ കേരളം കൈവരിച്ച നേട്ടങ്ങളെല്ലാം യുഡിഎഫ്‌ അധികാരത്തിൽ വന്നാൽ തകരുമെന്ന്‌ സിപിഐ എം കേന്ദ്ര കമ്മിറ്റി അംഗം പുത്തലത്ത്‌ ദിനേശൻ.

വൈപ്പിൻ മണ്ഡലത്തിൽ എൽഡിഎഫിന്റെ വിജയതാരകമാകാൻ എം ബി ഷൈനി. മണ്ഡലത്തിന്റെ വികസനത്തുടർച്ചയ്‌ക്ക്‌ ഷൈനി ജയിക്കണമെന്ന ആശംസകൾ നിറയുകയാണെങ്ങും.

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വൈപ്പിൻ മണ്ഡലത്തിൽ എൽഡിഎഫിന്റെ വിജയതാരകമാകാൻ എം ബി ഷൈനി. മണ്ഡലത്തിന്റെ വികസനത്തുടർച്ചയ്‌ക്ക്‌ ഷൈനി ജയിക്കണമെന്ന ആശംസകൾ നിറയുകയാണെങ്ങും.

പി ജെ ആന്റണിയുടെ ജന്മശതാബ്ദിയോട് അനുബന്ധിച്ച് സംഘടിപ്പിക്കുന്ന "കൊച്ചി തിയറ്റർ ഫെസ്റ്റിവൽ 2026' ചാവറ കള്‍ച്ചറല്‍ സെന്ററില്‍ നാടക പ്രവര്‍ത്തക ഡോ. നീലം മാന്‍സിങ് ചൗധരി ഉദ്ഘാടനം ചെയ്തു.

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പി ജെ ആന്റണിയുടെ ജന്മശതാബ്ദിയോട് അനുബന്ധിച്ച് സംഘടിപ്പിക്കുന്ന "കൊച്ചി തിയറ്റർ ഫെസ്റ്റിവൽ 2026' ചാവറ കള്‍ച്ചറല്‍ സെന്ററില്‍ നാടക പ്രവര്‍ത്തക ഡോ. നീലം മാന്‍സിങ് ചൗധരി ഉദ്ഘാടനം ചെയ്തു.

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ദേശാഭിമാനി
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പ്രചാരണരംഗത്ത്‌ ചടുലവേഗമാണ്‌ തൃപ്പൂണിത്തുറയിലെ എൽഡിഎഫ്‌ സ്ഥാനാർഥി കെ എൻ ഉണ്ണിക്കൃഷ്‌ണന്‌. വൈപ്പിൻ മണ്ഡലത്തിൽ വികസനവും ക്ഷേമവും യാഥാർഥ്യമാക്കിയ അതേ വേഗം.

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ദേശാഭിമാനി
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പ്രചാരണരംഗത്ത്‌ ചടുലവേഗമാണ്‌ തൃപ്പൂണിത്തുറയിലെ എൽഡിഎഫ്‌ സ്ഥാനാർഥി കെ എൻ ഉണ്ണിക്കൃഷ്‌ണന്‌. വൈപ്പിൻ മണ്ഡലത്തിൽ വികസനവും ക്ഷേമവും യാഥാർഥ്യമാക്കിയ അതേ വേഗം.

Energy experts say the levers leaders can pull to affect oil prices are limited.

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LAist
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Energy experts say the levers leaders can pull to affect oil prices are limited.

隨着美國國土安全部部分停擺持續,全美機場正陷入前所未見的運作混亂。運輸安全管理局(TSA)人員因長期領不到薪資,出現大規模請假與離職潮,各地安檢人力吃緊,導致排隊時間動輒超過2至3小時,航班延誤與取消數量急劇攀升。從紐約到德州,多座大型機場已出現長時間壅塞情況,甚至有旅客在清晨即排起長龍,整體航空運輸體系瀕臨失序。

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法國國際廣播電台
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隨着美國國土安全部部分停擺持續,全美機場正陷入前所未見的運作混亂。運輸安全管理局(TSA)人員因長期領不到薪資,出現大規模請假與離職潮,各地安檢人力吃緊,導致排隊時間動輒超過2至3小時,航班延誤與取消數量急劇攀升。從紐約到德州,多座大型機場已出現長時間壅塞情況,甚至有旅客在清晨即排起長龍,整體航空運輸體系瀕臨失序。

随着美国国土安全部部分停摆持续,全美机场正陷入前所未见的运作混乱。运输安全管理局(TSA)人员因长期领不到薪资,出现大规模请假与离职潮,各地安检人力吃紧,导致排队时间动辄超过2至3小时,航班延误与取消数量急剧攀升。从纽约到德州,多座大型机场已出现长时间壅塞情况,甚至有旅客在清晨即排起长龙,整体航空运输体系濒临失序。

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法国国际广播电台
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随着美国国土安全部部分停摆持续,全美机场正陷入前所未见的运作混乱。运输安全管理局(TSA)人员因长期领不到薪资,出现大规模请假与离职潮,各地安检人力吃紧,导致排队时间动辄超过2至3小时,航班延误与取消数量急剧攀升。从纽约到德州,多座大型机场已出现长时间壅塞情况,甚至有旅客在清晨即排起长龙,整体航空运输体系濒临失序。

В Україні російському археологу загрожує до 5 років позбавлення волі

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Радіо Свобода
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В Україні російському археологу загрожує до 5 років позбавлення волі

Ils étaient plusieurs dizaines de milliers dans les rues de Johannesburg ce samedi. L’ANC a lancé cette « marche du peuple » pour défendre la souveraineté de l’Afrique du Sud face aux pressions américaines. Depuis plus d’un an, Donald Trump cible l'Afrique du Sud, sa politique intérieure, sa position sur Gaza, et va jusqu’à parler d’un génocide anti-blanc largement démenti par les faits.

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Radio France Internationale
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Ils étaient plusieurs dizaines de milliers dans les rues de Johannesburg ce samedi. L’ANC a lancé cette « marche du peuple » pour défendre la souveraineté de l’Afrique du Sud face aux pressions américaines. Depuis plus d’un an, Donald Trump cible l'Afrique du Sud, sa politique intérieure, sa position sur Gaza, et va jusqu’à parler d’un génocide anti-blanc largement démenti par les faits.

У ДТЕК повідомили, що орієнтовний час відновлення електропостачання – до 2:21

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Радіо Свобода
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У ДТЕК повідомили, що орієнтовний час відновлення електропостачання – до 2:21

Elkor, baina heltzen
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Berria
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Erriberak harrera beroa egin dio 24. Korrikari, eta jendez beteta topatu ditu herriak. Errigorak, aurtengo Korrikaren omenduak, San Adrianen jaso du lekukoa. Korrika bihar ailegatuko da Iruñera.

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Berria
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Erriberak harrera beroa egin dio 24. Korrikari, eta jendez beteta topatu ditu herriak. Errigorak, aurtengo Korrikaren omenduak, San Adrianen jaso du lekukoa. Korrika bihar ailegatuko da Iruñera.

Ni pasos ni aglomeraciones. Del interior de Murcia a Cantabria o Canarias, estos siete destinos son perfectos para una Semana Santa diferente, más tranquila y lejos del bullicio Una ruta de cinco días para visitar cuatro ciudades españolas declaradas Patrimonio de la Humanidad Para muchos, Semana Santa es el primer hito vacacional del año. Ese momento en el que hay días festivos y se puede aprovechar para cambiar de aires y salir un poco de la rutina. Pero claro, mientras que unos buscan ciudades llenas de procesiones y ambiente cofrade, con sus correspondientes aglomeraciones, otros prefieren justo lo contrario: bajar el ritmo, evitar bullicios y aprovechar para desconectar de verdad. Si eres de los que huyen de la Semana Santa en Semana Santa, aquí es donde entran en juego los destinos rurales y de naturaleza. Lugares donde el plan pasa por caminar al aire libre, enlazar pequeños pueblos, asomarse a miradores, seguir el curso de un río o simplemente dejar que el tiempo vaya más despacio a nuestro alrededor. Son escapadas fáciles de encajar en pocos días, sin necesidad de grandes desplazamientos ni planes complicados, y que permiten volver con la sensación de haber aprovechado los días libres. En España hay muchos rincones que encajan perfectamente con esa idea. Y si quieres evitar los destinos más típicos y frecuentados, echa un ojo a destinos como el Valle de Ricote y Cieza, en Murcia, o la isla de El Hierro, en Canarias, sin olvidar comarcas como el Matarraña, las sierras de Segura y Alcaraz, la Siberia extremeña, la sierra de las Villuercas o los Valles Pasiegos. Siete propuestas distintas que te mantendrán bien lejos de las procesiones.  Valle de Ricote y Cieza (Murcia) En el interior de la Región de Murcia, el Valle de Ricote aparece como un oasis inesperado. El río Segura marca un paisaje en el que la huerta y las palmeras contrastan con un entorno seco en cuanto te alejas del agua. Es una zona con una clara herencia andalusí que todavía se percibe en sus pueblos, pequeños y tranquilos. Cieza, en la parte alta del valle, suele ser la puerta de entrada, sobre todo en primavera, cuando el entorno se llena de color. Valle de Ricote y Cieza, en Murcia. El plan aquí es sencillo y muy agradecido. Puedes recorrer pueblos como Blanca, Ojós o Ricote, siempre cerca del río, o acercarte a Abarán para ver su conjunto de norias, encargadas de elevar el agua del río para el regadío. También merece la pena explorar el Cañón de Almadenes, con rutas a pie junto al agua, y acercarse a enclaves como el yacimiento de Medina Siyasa o algunas cuevas con pinturas rupestres. Todo con distancias cortas y sin necesidad de grandes esfuerzos, lo que lo convierte en una escapada muy fácil de organizar en pocos días. El Matarraña (Teruel) En el este de la provincia de Teruel, el Matarraña es una de esas comarcas que sorprenden por lo poco conocidas que siguen siendo. Aquí el paisaje combina ríos, pinares y cultivos con una colección de pueblos de piedra que mantienen una estética muy cuidada. Hay cierta mezcla de influencias entre Aragón, Catalunya y la Comunitat Valenciana que se nota en la arquitectura y en el ambiente, pero sobre todo se percibe esa sensación de estar en un lugar tranquilo. Una buena forma de recorrer la zona es ir enlazando algunos de sus pueblos más representativos, como Valderrobres, Beceite, Calaceite o La Fresneda, todos con cascos históricos bien conservados. Desde Beceite, además, se puede acceder al Parrizal, una de las rutas más conocidas, que sigue el curso del río entre pasarelas y desfiladeros. También hay pozas y cascadas como las de la Pesquera o el Salt de la Portellada, y opciones para moverse en bici por la Vía Verde de la Val de Zafán. Todo bastante accesible y perfecto para pasar unos días. Sierras de Segura y Alcaraz (Albacete) En el sur de la provincia de Albacete, las sierras de Segura y Alcaraz rompen por completo con la imagen más habitual de la región. Aquí el paisaje es de montaña, con bosques, agua y carreteras que se abren paso entre valles y cañones. Es un territorio amplio y poco masificado, ideal si buscas naturaleza sin demasiada gente y con margen para moverte a tu aire. El municipio de Alcaraz, en Albacete. Uno de los puntos más conocidos es el nacimiento del río Mundo, dentro del Parque Natural de los Calares del Mundo y de la Sima, donde el agua surge con fuerza desde la roca. A partir de ahí, hay muchas rutas de senderismo y miradores, además de pueblos con bastante encanto como Aýna, Riópar, Letur o Alcaraz. También es una zona con presencia de cuevas y abrigos rocosos con arte rupestre, lo que suma un componente cultural a la escapada. Todo bastante concentrado, lo que facilita organizar el viaje sin grandes desplazamientos. La Siberia extremeña (Badajoz) Al noreste de la provincia de Badajoz, la Siberia extremeña es una de las grandes desconocidas del país. Declarada Reserva de la Biosfera, es un territorio amplio, con mucha presencia de agua gracias a sus embalses, y con una sensación de aislamiento que juega a su favor. Aquí el paisaje se abre en grandes horizontes, con dehesas, sierras suaves y ese contraste constante entre cielo, tierra y agua. Un terreno de 155.000 hectáreas plagado de rincones aún por explorar. El plan pasa por moverse poco a poco entre algunos de sus embalses más conocidos, como los de Orellana, Cíjara o La Serena, y aprovechar para hacer rutas a pie o en bici. Es una zona muy interesante para la observación de aves y también para quienes buscan cielos limpios, ideales para la astronomía. A esto se suman miradores naturales (imprescindible la estampa del icónico Cerro Masatrigo rodeado de agua) y algunos restos históricos, como castros o pinturas rupestres, que aparecen casi sin esperarlo. Un destino fácil de encajar en una escapada corta. Sierra de las Villuercas (Cáceres) En el interior de la provincia de Cáceres, la sierra de las Villuercas es uno de esos paisajes que uno no esperaría encontrar aquí. Forma parte de un geoparque reconocido por la UNESCO, con un relieve muy particular de sierras paralelas y valles profundos que le da un carácter muy marcado. Es un territorio amplio, poco transitado y perfecto para quienes buscan naturaleza sin ruido. El desfiladero del Pedroso. La mejor forma de conocerlo es a través de sus rutas de senderismo, que permiten entender bien la forma del paisaje y enlazar distintos miradores. Guadalupe es el principal punto de referencia, tanto por su valor histórico como por su ubicación dentro del geoparque, y puede servir como base para moverse por la zona. A partir de ahí, hay muchas opciones para recorrer caminos, observar fauna o simplemente disfrutar del entorno ajenos a las procesiones de Semana Santa. Valles Pasiegos (Cantabria) En el interior de Cantabria, los Valles Pasiegos ofrecen una imagen muy reconocible del norte: prados verdes, colinas suaves y cabañas dispersas en el paisaje. Es un territorio moldeado por la actividad ganadera, donde el paisaje parece estar posando para un cuadro. Aquí no hay grandes sitios que visitar sí o sí, sino una suma de pequeños lugares que invitan a parar, a respirar aire puro y a probar cosas tan ricas como los sobaos y las quesadas pasiegas.  El llamado puente romano de Mirones (Miera), aunque realmente es del siglo XVIII. La zona se organiza en torno a los valles de los ríos Pas, Pisueña y Miera, que se pueden recorrer enlazando carreteras locales y caminos estrechos. Hay rutas de senderismo para todos los niveles, miradores naturales y muchos rincones donde simplemente detenerse a observar la belleza que nos rodea. También es fácil combinar varios pueblos en un mismo día, siempre con distancias cortas. Un destino muy agradecido para desconectar sin necesidad de planificar demasiado. El Hierro (Islas Canarias) El Hierro es una de las islas más tranquilas y menos transitadas de Canarias, con el permiso de La Gomera y La Graciosa, claro. Aquí no hay grandes complejos hoteleros ni un ritmo acelerado, sino un paisaje volcánico que cambia constantemente y una sensación bastante clara de estar lejos de todo. Es un destino que invita a bajar el ritmo desde el primer momento, porque la isla es así, amable y pausada.  El mirador de Las Playas, en El Hierro. Se recorre con facilidad en coche, enlazando miradores como el de La Peña con zonas de costa donde aparecen piscinas naturales y tramos de lava que se adentran en el mar. En el interior, destacan espacios como el Sabinar o la Dehesa, donde el viento ha moldeado la vegetación de forma muy característica. También hay muchas opciones de senderismo, con rutas bien señalizadas y paisajes muy variados en distancias cortas. Y si por casualidad te gusta bucear, el Mar de las Calmas es un pequeño tesoro sumergido.

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elDiario.es
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Ni pasos ni aglomeraciones. Del interior de Murcia a Cantabria o Canarias, estos siete destinos son perfectos para una Semana Santa diferente, más tranquila y lejos del bullicio Una ruta de cinco días para visitar cuatro ciudades españolas declaradas Patrimonio de la Humanidad Para muchos, Semana Santa es el primer hito vacacional del año. Ese momento en el que hay días festivos y se puede aprovechar para cambiar de aires y salir un poco de la rutina. Pero claro, mientras que unos buscan ciudades llenas de procesiones y ambiente cofrade, con sus correspondientes aglomeraciones, otros prefieren justo lo contrario: bajar el ritmo, evitar bullicios y aprovechar para desconectar de verdad. Si eres de los que huyen de la Semana Santa en Semana Santa, aquí es donde entran en juego los destinos rurales y de naturaleza. Lugares donde el plan pasa por caminar al aire libre, enlazar pequeños pueblos, asomarse a miradores, seguir el curso de un río o simplemente dejar que el tiempo vaya más despacio a nuestro alrededor. Son escapadas fáciles de encajar en pocos días, sin necesidad de grandes desplazamientos ni planes complicados, y que permiten volver con la sensación de haber aprovechado los días libres. En España hay muchos rincones que encajan perfectamente con esa idea. Y si quieres evitar los destinos más típicos y frecuentados, echa un ojo a destinos como el Valle de Ricote y Cieza, en Murcia, o la isla de El Hierro, en Canarias, sin olvidar comarcas como el Matarraña, las sierras de Segura y Alcaraz, la Siberia extremeña, la sierra de las Villuercas o los Valles Pasiegos. Siete propuestas distintas que te mantendrán bien lejos de las procesiones.  Valle de Ricote y Cieza (Murcia) En el interior de la Región de Murcia, el Valle de Ricote aparece como un oasis inesperado. El río Segura marca un paisaje en el que la huerta y las palmeras contrastan con un entorno seco en cuanto te alejas del agua. Es una zona con una clara herencia andalusí que todavía se percibe en sus pueblos, pequeños y tranquilos. Cieza, en la parte alta del valle, suele ser la puerta de entrada, sobre todo en primavera, cuando el entorno se llena de color. Valle de Ricote y Cieza, en Murcia. El plan aquí es sencillo y muy agradecido. Puedes recorrer pueblos como Blanca, Ojós o Ricote, siempre cerca del río, o acercarte a Abarán para ver su conjunto de norias, encargadas de elevar el agua del río para el regadío. También merece la pena explorar el Cañón de Almadenes, con rutas a pie junto al agua, y acercarse a enclaves como el yacimiento de Medina Siyasa o algunas cuevas con pinturas rupestres. Todo con distancias cortas y sin necesidad de grandes esfuerzos, lo que lo convierte en una escapada muy fácil de organizar en pocos días. El Matarraña (Teruel) En el este de la provincia de Teruel, el Matarraña es una de esas comarcas que sorprenden por lo poco conocidas que siguen siendo. Aquí el paisaje combina ríos, pinares y cultivos con una colección de pueblos de piedra que mantienen una estética muy cuidada. Hay cierta mezcla de influencias entre Aragón, Catalunya y la Comunitat Valenciana que se nota en la arquitectura y en el ambiente, pero sobre todo se percibe esa sensación de estar en un lugar tranquilo. Una buena forma de recorrer la zona es ir enlazando algunos de sus pueblos más representativos, como Valderrobres, Beceite, Calaceite o La Fresneda, todos con cascos históricos bien conservados. Desde Beceite, además, se puede acceder al Parrizal, una de las rutas más conocidas, que sigue el curso del río entre pasarelas y desfiladeros. También hay pozas y cascadas como las de la Pesquera o el Salt de la Portellada, y opciones para moverse en bici por la Vía Verde de la Val de Zafán. Todo bastante accesible y perfecto para pasar unos días. Sierras de Segura y Alcaraz (Albacete) En el sur de la provincia de Albacete, las sierras de Segura y Alcaraz rompen por completo con la imagen más habitual de la región. Aquí el paisaje es de montaña, con bosques, agua y carreteras que se abren paso entre valles y cañones. Es un territorio amplio y poco masificado, ideal si buscas naturaleza sin demasiada gente y con margen para moverte a tu aire. El municipio de Alcaraz, en Albacete. Uno de los puntos más conocidos es el nacimiento del río Mundo, dentro del Parque Natural de los Calares del Mundo y de la Sima, donde el agua surge con fuerza desde la roca. A partir de ahí, hay muchas rutas de senderismo y miradores, además de pueblos con bastante encanto como Aýna, Riópar, Letur o Alcaraz. También es una zona con presencia de cuevas y abrigos rocosos con arte rupestre, lo que suma un componente cultural a la escapada. Todo bastante concentrado, lo que facilita organizar el viaje sin grandes desplazamientos. La Siberia extremeña (Badajoz) Al noreste de la provincia de Badajoz, la Siberia extremeña es una de las grandes desconocidas del país. Declarada Reserva de la Biosfera, es un territorio amplio, con mucha presencia de agua gracias a sus embalses, y con una sensación de aislamiento que juega a su favor. Aquí el paisaje se abre en grandes horizontes, con dehesas, sierras suaves y ese contraste constante entre cielo, tierra y agua. Un terreno de 155.000 hectáreas plagado de rincones aún por explorar. El plan pasa por moverse poco a poco entre algunos de sus embalses más conocidos, como los de Orellana, Cíjara o La Serena, y aprovechar para hacer rutas a pie o en bici. Es una zona muy interesante para la observación de aves y también para quienes buscan cielos limpios, ideales para la astronomía. A esto se suman miradores naturales (imprescindible la estampa del icónico Cerro Masatrigo rodeado de agua) y algunos restos históricos, como castros o pinturas rupestres, que aparecen casi sin esperarlo. Un destino fácil de encajar en una escapada corta. Sierra de las Villuercas (Cáceres) En el interior de la provincia de Cáceres, la sierra de las Villuercas es uno de esos paisajes que uno no esperaría encontrar aquí. Forma parte de un geoparque reconocido por la UNESCO, con un relieve muy particular de sierras paralelas y valles profundos que le da un carácter muy marcado. Es un territorio amplio, poco transitado y perfecto para quienes buscan naturaleza sin ruido. El desfiladero del Pedroso. La mejor forma de conocerlo es a través de sus rutas de senderismo, que permiten entender bien la forma del paisaje y enlazar distintos miradores. Guadalupe es el principal punto de referencia, tanto por su valor histórico como por su ubicación dentro del geoparque, y puede servir como base para moverse por la zona. A partir de ahí, hay muchas opciones para recorrer caminos, observar fauna o simplemente disfrutar del entorno ajenos a las procesiones de Semana Santa. Valles Pasiegos (Cantabria) En el interior de Cantabria, los Valles Pasiegos ofrecen una imagen muy reconocible del norte: prados verdes, colinas suaves y cabañas dispersas en el paisaje. Es un territorio moldeado por la actividad ganadera, donde el paisaje parece estar posando para un cuadro. Aquí no hay grandes sitios que visitar sí o sí, sino una suma de pequeños lugares que invitan a parar, a respirar aire puro y a probar cosas tan ricas como los sobaos y las quesadas pasiegas.  El llamado puente romano de Mirones (Miera), aunque realmente es del siglo XVIII. La zona se organiza en torno a los valles de los ríos Pas, Pisueña y Miera, que se pueden recorrer enlazando carreteras locales y caminos estrechos. Hay rutas de senderismo para todos los niveles, miradores naturales y muchos rincones donde simplemente detenerse a observar la belleza que nos rodea. También es fácil combinar varios pueblos en un mismo día, siempre con distancias cortas. Un destino muy agradecido para desconectar sin necesidad de planificar demasiado. El Hierro (Islas Canarias) El Hierro es una de las islas más tranquilas y menos transitadas de Canarias, con el permiso de La Gomera y La Graciosa, claro. Aquí no hay grandes complejos hoteleros ni un ritmo acelerado, sino un paisaje volcánico que cambia constantemente y una sensación bastante clara de estar lejos de todo. Es un destino que invita a bajar el ritmo desde el primer momento, porque la isla es así, amable y pausada.  El mirador de Las Playas, en El Hierro. Se recorre con facilidad en coche, enlazando miradores como el de La Peña con zonas de costa donde aparecen piscinas naturales y tramos de lava que se adentran en el mar. En el interior, destacan espacios como el Sabinar o la Dehesa, donde el viento ha moldeado la vegetación de forma muy característica. También hay muchas opciones de senderismo, con rutas bien señalizadas y paisajes muy variados en distancias cortas. Y si por casualidad te gusta bucear, el Mar de las Calmas es un pequeño tesoro sumergido.

Cocineros españoles de distintas generaciones reflexionan sobre cómo la alta cocina sostuvo durante años una cultura de la dureza y qué retos afronta ahora quienes intentan cambiarla sin haberla construidoAnálisis - Por qué los puñetazos, golpes y gritos de Noma, el restaurante más valorado del mundo, nos interpelan a todos Las denuncias de abuso contra René Redzepi y Noma, impulsadas primero por los testimonios que el extrabajador Jasón Ignacio White recogió y publicó en Instagram a través de la cuenta @microbes_vibes y después por el reportaje que la periodista Julia Moskin, premio Pulitzer, firmó en The New York Times a partir de 35 relatos de antiguos empleados, han puesto en cuestión uno de los grandes símbolos de la alta cocina contemporánea. Noma, elegido cinco veces mejor restaurante del mundo por The World’s 50 Best Restaurants, construyó buena parte de su prestigio internacional alrededor de una cultura de exigencia extrema que, según decenas de antiguos trabajadores, incluyó violencia física y verbal, humillación y miedo, y cuyos excesos el propio Redzepi ha asumido al reconocer públicamente el daño causado en el pasado. El caso no solo afecta al chef que convirtió su restaurante en una referencia internacional. También ha dejado un poso incómodo en la alta cocina. Una conversación sobre cómo y por qué ciertas formas de violencia se sostuvieron durante años en nombre de la exigencia, y sobre qué le toca ahora a la generación que intenta desmontarlas sin haberlas construido. En España, esa conversación no resulta ajena. Aunque no todas las cocinas han funcionado del mismo modo, varios profesionales reconocen patrones conocidos. La alta cocina ha convivido durante años con una idea de autoridad muy concreta. El jefe que aprieta, la jerarquía que no se discute, el error vivido como una amenaza y una cierta épica del aguante que convertía el sufrimiento en parte del aprendizaje. La cuestión que deja Noma no es solo si eso existió, sino cómo pudo sostenerse tanto tiempo sin que apenas se discutiera en público. Una de las claves aparece en casi todos los testimonios. En una cocina no solo se aprenden técnicas. También se aprende una manera de trabajar, de entender la jerarquía y de tratar al equipo. Durante demasiado tiempo, en demasiadas casas, esa transmisión del oficio incluyó broncas, humillaciones y formas de violencia que se asumieron como parte natural del aprendizaje. Aitor López, cocinero al frente de Citrus del Tancat, lo resume con una frase sencilla: “Igual que adquieres técnicas, adquieres otras cosas”. Aitor López, cocinero al frente de Citrus del Tancat. En una cocina no solo se aprenden técnicas. También se aprende una manera de trabajar, de entender la jerarquía y de tratar al equipo La alta cocina convirtió durante años el sacrificio en una prueba de acceso. Se extendió la idea de que, para llegar lejos, había que pasar por determinadas casas y aguantar lo que hiciera falta para poder añadir esa línea al currículum. No era solo una etapa de formación. Era un rito de paso. Haber ‘aguantado’ en cierto restaurante funcionaba como credencial, como señal de resistencia y como forma de legitimación dentro del sector y, de alguna manera, abría puertas de otras cocinas.  “En muchísimos restaurantes de este país —y en el sector todo el mundo lo ha escuchado, aunque casi nunca se diga en voz alta— se ha maltratado psicológica y físicamente a trabajadores durante años”, sostiene López. A su juicio, el prestigio funcionó como escudo. Cuanto más codiciado era un restaurante, más fácil resultaba imponer una disciplina basada en el miedo a una cantera de stagiaires y jóvenes cocineros dispuestos a soportarlo casi todo con tal de aprender y progresar. “Eso debería haber estado prohibido hace mucho tiempo”, remata. La clave estaba ahí. Mientras hubiera aspirantes haciendo cola en la puerta, dispuestos a aceptar jornadas extremas, malos modos o una jerarquía casi militar a cambio de una promesa de futuro, el poder dentro de algunas cocinas era casi absoluto. El maltrato no siempre se nombraba como tal. A menudo se presentaba como parte del precio a pagar por aprender en una gran casa. Como un peaje profesional que luego podía convertirse en capital simbólico. En muchísimos restaurantes de este país —y en el sector todo el mundo lo ha escuchado, aunque casi nunca se diga en voz alta— se ha maltratado psicológica y físicamente a trabajadores durante años Aitor López — cocinero al frente de Citrus del Tancat La psicología del trabajo lleva años describiendo ese mecanismo. La teoría del aprendizaje social, formulada por Albert Bandura, sostiene que las personas aprenden observando qué conductas se premian, se toleran o se castigan en su entorno. En el trabajo, eso significa que un empleado no solo interioriza procedimientos o formas de hacer, sino también qué tipo de trato se considera aceptable dentro de una estructura. Un estudio reciente publicado en Frontiers in Psychology resume esa idea de forma muy clara al señalar que los trabajadores aprenden qué conductas son aceptables observando cómo los supervisores tratan a otros empleados. Dicho de otro modo, igual que se hereda una manera de organizar un pase o de sacar una partida, también puede heredarse una forma de corregir, de presionar y de castigar el error.  Ese aprendizaje ayuda a explicar por qué determinadas prácticas pueden sobrevivir incluso cuando nadie las justifica abiertamente. Si alguien se forma en un entorno donde la bronca se interpreta como método y donde la dureza se confunde con liderazgo, es más fácil que termine incorporando esa lógica como parte del oficio. No porque la comparta del todo, sino porque la ha visto funcionar como norma. Lo que en otro sector se nombraría como abuso, en algunas cocinas se disfrazó durante años como exigencia. Cristina Cánovas, de Palodú: "Se puede enseñar desde el cariño y desde la humildad”. Ese modelo empezó a resquebrajarse antes del caso Noma, aunque el escándalo lo haya acelerado y lo haya hecho visible. No necesariamente porque el sector haya hecho una gran autocrítica, sino porque el contexto ya no es el mismo. Los trabajadores y aspirantes conocen mejor sus derechos, identifican con más claridad dónde están los límites y están menos dispuestos a aceptar que determinadas prácticas formen parte de la formación. También ha cambiado el mercado laboral. La falta de personal en la restauración ha reducido el margen de impunidad de muchas cocinas. Donde antes había una cantera casi inagotable, ahora hay más capacidad para marcharse y poner límites. Cristina Cánovas, de Palodú (Málaga), lo cuenta desde un lugar muy concreto. “Recuerdo que había veces que iba al trabajo pensando: ‘Espero no fallar hoy en nada’. Era una pequeña ansiedad diaria para que no te dijesen nada”. No habla de un gran episodio aislado, sino de algo más reconocible y quizá más extendido. Esa suma de broncas, tensión y miedo al error que, con el tiempo, “te va minando poco a poco”. Recuerdo que había veces que iba al trabajo pensando: ‘Espero no fallar hoy en nada’. Era una pequeña ansiedad diaria para que no te dijesen nada Cristina Cánovas — Palodú (Málaga) En su caso, esa memoria es precisamente lo que marca una línea roja. “Cuando decidimos emprender, lo teníamos claro. No queríamos que la gente que trabajase con nosotros se sintiera como nosotros nos sentimos en el pasado”, explica. “Se puede enseñar desde el cariño y desde la humildad”. En Palodú, esa decisión no se queda en el discurso. Se traduce en una organización distinta del trabajo, con tres días libres, atención al descanso y una voluntad explícita de que el equipo pueda conciliar. Puede parecer una obviedad, pero en la restauración española no lo ha sido durante mucho tiempo. Su testimonio apunta a otra cuestión importante. El problema no era solo la gran escena de violencia o la anécdota extrema. También era esa ansiedad cotidiana, más difícil de detectar, que convertía la jornada en una anticipación constante del error. Ahí se sostuvo buena parte de la cultura de la dureza. No solo en los episodios más graves, sino en una atmósfera donde equivocarse parecía inaceptable y donde el miedo se incorporaba como una forma de orden. "No hemos heredado solo una profesión, sino un sistema casi agotado”, Bruno Jordán, restaurante Ansils. Ahí aparece el segundo gran asunto que deja el caso Noma en España. No solo cómo se sostuvo durante tanto tiempo un sistema abusivo, sino quién tiene ahora que desmontarlo. “No hemos heredado solo una profesión, sino un sistema casi agotado”, resume Bruno Jordán, jefe de sala del restaurante Ansils, en Anciles, en el Valle de Benasque. Su diagnóstico no apunta solo a los abusos del pasado, sino al modelo entero que los sostuvo. Jornadas inasumibles, estructuras apoyadas en trabajo precario, una normalización del sacrificio que durante años se confundió con genialidad y una épica del aguante que hoy ya no encuentra el mismo terreno. “No vivimos ese auge, pero sí pagamos sus consecuencias”, dice Jordán. Buena parte de la generación que hoy intenta sostener proyectos propios no participó de la edad dorada que convirtió a ciertas casas en templos del prestigio, pero sí hereda ahora sus contradicciones. “Ahora el talento joven ya no acepta lo que antes se vendía como aprendizaje, pero la estructura que hemos heredado sigue diseñada para funcionar bajo aquellas condiciones. Se nos exige mantener el nivel, la creatividad y la excelencia, pero sin las herramientas humanas y económicas que hicieron posible ese modelo”, añade. El talento joven ya no acepta lo que antes se vendía como aprendizaje, pero la estructura que hemos heredado sigue diseñada para funcionar bajo aquellas condiciones Bruno Jordán — jefe de sala del restaurante Ansils (Anciles, Valle de Benasque) Su reflexión desplaza el foco de una manera útil. Señalar los abusos del pasado es necesario, pero no basta. También hay que mirar las condiciones que hicieron posible esa cultura y las dificultades de quienes intentan ahora trabajar de otra manera. Cambiar un sistema no consiste solo en denunciar sus excesos. También exige construir una alternativa en un sector con márgenes estrechos, plantillas inestables y una presión constante por seguir ofreciendo experiencias de alto nivel. La generación que quiere romper con la cultura del miedo no es la que la levantó, pero sí la que tiene que asumir el coste de transformarla. Ese es, probablemente, el verdadero poso que deja el escándalo de Noma en España. No solo la caída de un gran nombre ni la constatación de que la alta cocina también ha producido entornos tóxicos. Lo que deja es una revisión de la herencia. La pregunta por las condiciones que permitieron durante años que la violencia se confundiera con exigencia, que el silencio se premiara con prestigio y que el miedo pudiera presentarse como método de formación. La cultura de la dureza no ha sido universal ni, sobre todo, inevitable. “Yo he estado (trabajando) en el que para mí es uno de los mejores restaurantes de España, que es Ricard Camarena, y a mí nunca me han levantado la voz, ni nunca me han tratado mal. Puede haber momentos de tensión, puede haber momentos de más presión, pero a mí nunca se me ha faltado al respeto. Nunca se me ha chillado, ni se me ha hostigado para mantener la exigencia” asegura Aitor López. Parte del sector empieza ahora a decir en voz alta lo que antes se comentaba en privado. Que la excelencia no necesita humillación. Que un equipo agotado o asustado no aprende mejor por sufrir más. Y que la gran ruptura no consiste en rebajar la exigencia, sino en dejar de confundirla con el sufrimiento. El caso Noma no ha abierto esa conversación en España, pero sí ha hecho más difícil seguir esquivándola.

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Cocineros españoles de distintas generaciones reflexionan sobre cómo la alta cocina sostuvo durante años una cultura de la dureza y qué retos afronta ahora quienes intentan cambiarla sin haberla construidoAnálisis - Por qué los puñetazos, golpes y gritos de Noma, el restaurante más valorado del mundo, nos interpelan a todos Las denuncias de abuso contra René Redzepi y Noma, impulsadas primero por los testimonios que el extrabajador Jasón Ignacio White recogió y publicó en Instagram a través de la cuenta @microbes_vibes y después por el reportaje que la periodista Julia Moskin, premio Pulitzer, firmó en The New York Times a partir de 35 relatos de antiguos empleados, han puesto en cuestión uno de los grandes símbolos de la alta cocina contemporánea. Noma, elegido cinco veces mejor restaurante del mundo por The World’s 50 Best Restaurants, construyó buena parte de su prestigio internacional alrededor de una cultura de exigencia extrema que, según decenas de antiguos trabajadores, incluyó violencia física y verbal, humillación y miedo, y cuyos excesos el propio Redzepi ha asumido al reconocer públicamente el daño causado en el pasado. El caso no solo afecta al chef que convirtió su restaurante en una referencia internacional. También ha dejado un poso incómodo en la alta cocina. Una conversación sobre cómo y por qué ciertas formas de violencia se sostuvieron durante años en nombre de la exigencia, y sobre qué le toca ahora a la generación que intenta desmontarlas sin haberlas construido. En España, esa conversación no resulta ajena. Aunque no todas las cocinas han funcionado del mismo modo, varios profesionales reconocen patrones conocidos. La alta cocina ha convivido durante años con una idea de autoridad muy concreta. El jefe que aprieta, la jerarquía que no se discute, el error vivido como una amenaza y una cierta épica del aguante que convertía el sufrimiento en parte del aprendizaje. La cuestión que deja Noma no es solo si eso existió, sino cómo pudo sostenerse tanto tiempo sin que apenas se discutiera en público. Una de las claves aparece en casi todos los testimonios. En una cocina no solo se aprenden técnicas. También se aprende una manera de trabajar, de entender la jerarquía y de tratar al equipo. Durante demasiado tiempo, en demasiadas casas, esa transmisión del oficio incluyó broncas, humillaciones y formas de violencia que se asumieron como parte natural del aprendizaje. Aitor López, cocinero al frente de Citrus del Tancat, lo resume con una frase sencilla: “Igual que adquieres técnicas, adquieres otras cosas”. Aitor López, cocinero al frente de Citrus del Tancat. En una cocina no solo se aprenden técnicas. También se aprende una manera de trabajar, de entender la jerarquía y de tratar al equipo La alta cocina convirtió durante años el sacrificio en una prueba de acceso. Se extendió la idea de que, para llegar lejos, había que pasar por determinadas casas y aguantar lo que hiciera falta para poder añadir esa línea al currículum. No era solo una etapa de formación. Era un rito de paso. Haber ‘aguantado’ en cierto restaurante funcionaba como credencial, como señal de resistencia y como forma de legitimación dentro del sector y, de alguna manera, abría puertas de otras cocinas.  “En muchísimos restaurantes de este país —y en el sector todo el mundo lo ha escuchado, aunque casi nunca se diga en voz alta— se ha maltratado psicológica y físicamente a trabajadores durante años”, sostiene López. A su juicio, el prestigio funcionó como escudo. Cuanto más codiciado era un restaurante, más fácil resultaba imponer una disciplina basada en el miedo a una cantera de stagiaires y jóvenes cocineros dispuestos a soportarlo casi todo con tal de aprender y progresar. “Eso debería haber estado prohibido hace mucho tiempo”, remata. La clave estaba ahí. Mientras hubiera aspirantes haciendo cola en la puerta, dispuestos a aceptar jornadas extremas, malos modos o una jerarquía casi militar a cambio de una promesa de futuro, el poder dentro de algunas cocinas era casi absoluto. El maltrato no siempre se nombraba como tal. A menudo se presentaba como parte del precio a pagar por aprender en una gran casa. Como un peaje profesional que luego podía convertirse en capital simbólico. En muchísimos restaurantes de este país —y en el sector todo el mundo lo ha escuchado, aunque casi nunca se diga en voz alta— se ha maltratado psicológica y físicamente a trabajadores durante años Aitor López — cocinero al frente de Citrus del Tancat La psicología del trabajo lleva años describiendo ese mecanismo. La teoría del aprendizaje social, formulada por Albert Bandura, sostiene que las personas aprenden observando qué conductas se premian, se toleran o se castigan en su entorno. En el trabajo, eso significa que un empleado no solo interioriza procedimientos o formas de hacer, sino también qué tipo de trato se considera aceptable dentro de una estructura. Un estudio reciente publicado en Frontiers in Psychology resume esa idea de forma muy clara al señalar que los trabajadores aprenden qué conductas son aceptables observando cómo los supervisores tratan a otros empleados. Dicho de otro modo, igual que se hereda una manera de organizar un pase o de sacar una partida, también puede heredarse una forma de corregir, de presionar y de castigar el error.  Ese aprendizaje ayuda a explicar por qué determinadas prácticas pueden sobrevivir incluso cuando nadie las justifica abiertamente. Si alguien se forma en un entorno donde la bronca se interpreta como método y donde la dureza se confunde con liderazgo, es más fácil que termine incorporando esa lógica como parte del oficio. No porque la comparta del todo, sino porque la ha visto funcionar como norma. Lo que en otro sector se nombraría como abuso, en algunas cocinas se disfrazó durante años como exigencia. Cristina Cánovas, de Palodú: "Se puede enseñar desde el cariño y desde la humildad”. Ese modelo empezó a resquebrajarse antes del caso Noma, aunque el escándalo lo haya acelerado y lo haya hecho visible. No necesariamente porque el sector haya hecho una gran autocrítica, sino porque el contexto ya no es el mismo. Los trabajadores y aspirantes conocen mejor sus derechos, identifican con más claridad dónde están los límites y están menos dispuestos a aceptar que determinadas prácticas formen parte de la formación. También ha cambiado el mercado laboral. La falta de personal en la restauración ha reducido el margen de impunidad de muchas cocinas. Donde antes había una cantera casi inagotable, ahora hay más capacidad para marcharse y poner límites. Cristina Cánovas, de Palodú (Málaga), lo cuenta desde un lugar muy concreto. “Recuerdo que había veces que iba al trabajo pensando: ‘Espero no fallar hoy en nada’. Era una pequeña ansiedad diaria para que no te dijesen nada”. No habla de un gran episodio aislado, sino de algo más reconocible y quizá más extendido. Esa suma de broncas, tensión y miedo al error que, con el tiempo, “te va minando poco a poco”. Recuerdo que había veces que iba al trabajo pensando: ‘Espero no fallar hoy en nada’. Era una pequeña ansiedad diaria para que no te dijesen nada Cristina Cánovas — Palodú (Málaga) En su caso, esa memoria es precisamente lo que marca una línea roja. “Cuando decidimos emprender, lo teníamos claro. No queríamos que la gente que trabajase con nosotros se sintiera como nosotros nos sentimos en el pasado”, explica. “Se puede enseñar desde el cariño y desde la humildad”. En Palodú, esa decisión no se queda en el discurso. Se traduce en una organización distinta del trabajo, con tres días libres, atención al descanso y una voluntad explícita de que el equipo pueda conciliar. Puede parecer una obviedad, pero en la restauración española no lo ha sido durante mucho tiempo. Su testimonio apunta a otra cuestión importante. El problema no era solo la gran escena de violencia o la anécdota extrema. También era esa ansiedad cotidiana, más difícil de detectar, que convertía la jornada en una anticipación constante del error. Ahí se sostuvo buena parte de la cultura de la dureza. No solo en los episodios más graves, sino en una atmósfera donde equivocarse parecía inaceptable y donde el miedo se incorporaba como una forma de orden. "No hemos heredado solo una profesión, sino un sistema casi agotado”, Bruno Jordán, restaurante Ansils. Ahí aparece el segundo gran asunto que deja el caso Noma en España. No solo cómo se sostuvo durante tanto tiempo un sistema abusivo, sino quién tiene ahora que desmontarlo. “No hemos heredado solo una profesión, sino un sistema casi agotado”, resume Bruno Jordán, jefe de sala del restaurante Ansils, en Anciles, en el Valle de Benasque. Su diagnóstico no apunta solo a los abusos del pasado, sino al modelo entero que los sostuvo. Jornadas inasumibles, estructuras apoyadas en trabajo precario, una normalización del sacrificio que durante años se confundió con genialidad y una épica del aguante que hoy ya no encuentra el mismo terreno. “No vivimos ese auge, pero sí pagamos sus consecuencias”, dice Jordán. Buena parte de la generación que hoy intenta sostener proyectos propios no participó de la edad dorada que convirtió a ciertas casas en templos del prestigio, pero sí hereda ahora sus contradicciones. “Ahora el talento joven ya no acepta lo que antes se vendía como aprendizaje, pero la estructura que hemos heredado sigue diseñada para funcionar bajo aquellas condiciones. Se nos exige mantener el nivel, la creatividad y la excelencia, pero sin las herramientas humanas y económicas que hicieron posible ese modelo”, añade. El talento joven ya no acepta lo que antes se vendía como aprendizaje, pero la estructura que hemos heredado sigue diseñada para funcionar bajo aquellas condiciones Bruno Jordán — jefe de sala del restaurante Ansils (Anciles, Valle de Benasque) Su reflexión desplaza el foco de una manera útil. Señalar los abusos del pasado es necesario, pero no basta. También hay que mirar las condiciones que hicieron posible esa cultura y las dificultades de quienes intentan ahora trabajar de otra manera. Cambiar un sistema no consiste solo en denunciar sus excesos. También exige construir una alternativa en un sector con márgenes estrechos, plantillas inestables y una presión constante por seguir ofreciendo experiencias de alto nivel. La generación que quiere romper con la cultura del miedo no es la que la levantó, pero sí la que tiene que asumir el coste de transformarla. Ese es, probablemente, el verdadero poso que deja el escándalo de Noma en España. No solo la caída de un gran nombre ni la constatación de que la alta cocina también ha producido entornos tóxicos. Lo que deja es una revisión de la herencia. La pregunta por las condiciones que permitieron durante años que la violencia se confundiera con exigencia, que el silencio se premiara con prestigio y que el miedo pudiera presentarse como método de formación. La cultura de la dureza no ha sido universal ni, sobre todo, inevitable. “Yo he estado (trabajando) en el que para mí es uno de los mejores restaurantes de España, que es Ricard Camarena, y a mí nunca me han levantado la voz, ni nunca me han tratado mal. Puede haber momentos de tensión, puede haber momentos de más presión, pero a mí nunca se me ha faltado al respeto. Nunca se me ha chillado, ni se me ha hostigado para mantener la exigencia” asegura Aitor López. Parte del sector empieza ahora a decir en voz alta lo que antes se comentaba en privado. Que la excelencia no necesita humillación. Que un equipo agotado o asustado no aprende mejor por sufrir más. Y que la gran ruptura no consiste en rebajar la exigencia, sino en dejar de confundirla con el sufrimiento. El caso Noma no ha abierto esa conversación en España, pero sí ha hecho más difícil seguir esquivándola.

美以周六轟炸伊朗中部的納坦茲核設施後,以色列一座擁有核研究和開發中心的重鎮當晚遭伊朗多次導彈襲擊,以色列軍方承認導彈攔截失敗,最新報告顯示至少30多 人受傷。

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The woman stabbed the men in Ocean Beach after seeing one of them kick another woman. She was sentenced in San Diego Superior Court.

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