La mejora del firme no solo permitiría un ahorro energético, sino que serviría para reducir las emisiones del transporte
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La rehabilitación del firme de las carreteras puede ser una herramienta clave para reducir el consumo de combustible, según apunta una investigación desarrollada en colaboración entre la Universitat Politècnica de València (UPV), la Sociedad Estatal de Infraestructuras del Transporte Terrestre (SEITT) y la empresa Xouba Ingeniería. Esta sencilla acción no solo permitiría un ahorro energético, destacan los autores, sino que serviría para reducir las emisiones del transporte.
El equipo tomó como referencia los tramos rehabilitados de la autovía M-50 de Madrid, una de las vías más concurridas de la región. Así, encontraron que una mejora media del 27 % en la rugosidad del pavimento se traducía en reducciones medias de un 10 % en el consumo de combustible y en las emisiones de CO₂ del tráfico. Y eso, a pesar de que la velocidad de circulación aumente de forma moderada.
“Las agencias de infraestructuras evalúan la condición de las carreteras pensando en la seguridad y el confort de los usuarios, pero nuestro trabajo demuestra que también tiene un impacto directo en el medio ambiente”, explica Camino Arce, directora técnica y de desarrollo de negocio de SEITT.
Menos combustible y gases
Para su análisis, los investigadores caracterizaron la flota de vehículos que circulaba por esta autovía (categoría, combustible, año de matriculación y clasificación ambiental) a través de los datos obtenidos por la Dirección General de Tráfico (DGT).
La segunda fase del estudio se basó en datos procedentes de vehículos conectados y automatizados (CAV), aprovechando que estos incorporan sensores que revelan datos relevantes. Una metodología pionera, sostienen. La toma de datos se realizó en siete tramos de la M-50 en noviembre de 2023 (pre-rehabilitación) y noviembre 2024 (post-rehabilitación) para asegurar condiciones climáticas similares, detalla la universidad en un comunicado.
Se analizaron tres variables: la velocidad de los vehículos, el consumo de combustible y la regularidad del pavimento. Esta información se combinó con datos de consumo y velocidad obtenidos a través de las plataformas INRIX y Webfleet, lo que permitió asociar cada medida de consumo a tramos de carretera de 100 metros.
Tras el análisis, se encontró una mejora media del 27 % en la rugosidad del pavimento se traducía en reducciones medias de un 10 % en el consumo de combustible y en las emisiones de CO₂ del tráfico.
“Si se extrapolan estos resultados a los volúmenes reales de tráfico, se comprueba que los tramos rehabilitados de la M-50 generan ahorros anuales superiores a 5,5 millones de litros de combustible y aproximadamente 15.000 toneladas de CO₂ (equivalente al CO₂ anual de unos 5.500 coches), considerando únicamente un sentido de circulación”, destaca el profesor titular del Departamento de Ingeniería de los Transportes y del Terreno de la UPV y autor principal del trabajo, David Llopis-Castelló.
Según sus cálculos, esa cifra equivale a un ahorro diario de unos 540 litros de combustible y 1,42 toneladas de CO₂ por kilómetro de carretera rehabilitada, “cifras que superan los beneficios promedio por kilómetro reportados en estudios europeos previos”.