El líder de IU presenta a su coalición con Podemos, Movimiento Sumar y otras fuerzas como el espacio de “la izquierda útil” frente a la posible mayoría absoluta del PP y la competencia dentro del propio bloque progresista dividido entre el PSOE y Adelante Andalucía.

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El líder de IU presenta a su coalición con Podemos, Movimiento Sumar y otras fuerzas como el espacio de “la izquierda útil” frente a la posible mayoría absoluta del PP y la competencia dentro del propio bloque progresista dividido entre el PSOE y Adelante Andalucía.

Las tensiones entre Berlín y Washington vuelven a aflorar tras unas declaraciones del canciller alemán Friedrich Merz sobre el clima social en Estados Unidos. El comentario, realizado en un acto público, reabre el debate sobre la relación política y la estabilidad interna del país norteamericano.

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Las tensiones entre Berlín y Washington vuelven a aflorar tras unas declaraciones del canciller alemán Friedrich Merz sobre el clima social en Estados Unidos. El comentario, realizado en un acto público, reabre el debate sobre la relación política y la estabilidad interna del país norteamericano.

根据战略预测学家帕拉格·卡纳(Parag Khanna)指出:“未来的世界既不会被中国主导,也不会被美国主导”这概念:与主流观点相反,这位也是CNN全球撰稿人的预测未来战略畅销书作者质疑美国和中国在世界某些战略区域的影响力。他将这一时期描述为“新中世纪”。

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法国国际广播电台
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根据战略预测学家帕拉格·卡纳(Parag Khanna)指出:“未来的世界既不会被中国主导,也不会被美国主导”这概念:与主流观点相反,这位也是CNN全球撰稿人的预测未来战略畅销书作者质疑美国和中国在世界某些战略区域的影响力。他将这一时期描述为“新中世纪”。

根據戰略預測學家帕拉格·卡納(Parag Khanna)指出:“未來的世界既不會被中國主導,也不會被美國主導”這概念:與主流觀點相反,這位也是CNN全球撰稿人的預測未來戰略暢銷書作者質疑美國和中國在世界某些戰略區域的影響力。他將這一時期描述為“新中世紀”。

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法國國際廣播電台
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根據戰略預測學家帕拉格·卡納(Parag Khanna)指出:“未來的世界既不會被中國主導,也不會被美國主導”這概念:與主流觀點相反,這位也是CNN全球撰稿人的預測未來戰略暢銷書作者質疑美國和中國在世界某些戰略區域的影響力。他將這一時期描述為“新中世紀”。

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Florida Phoenix
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“Convenient mythologies require neither evidence nor logic.” — Edward S. Herman, “Manufactured Consent: The Political Economy of Mass Media” In a number of articles on its website, PEN America explains in striking detail the right-wing Trojan horse of “parental rights,” illuminating the threat caused by policymakers focused on this theater in the culture war. PEN […]

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“Convenient mythologies require neither evidence nor logic.” — Edward S. Herman, “Manufactured Consent: The Political Economy of Mass Media” In a number of articles on its website, PEN America explains in striking detail the right-wing Trojan horse of “parental rights,” illuminating the threat caused by policymakers focused on this theater in the culture war. PEN […]

30 minutes

Радиои Аврупои Озод/Радиои Озодӣ
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Даҳҳо ҳазор гектар боғҳои зардолуи вилояти Суғд имсол ҳосили кам хоҳанд дод. Сармои аввали баҳор ва боронҳои пайдарпай, ба зардолузорҳо осеби ҷиддӣ расондааст.

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Даҳҳо ҳазор гектар боғҳои зардолуи вилояти Суғд имсол ҳосили кам хоҳанд дод. Сармои аввали баҳор ва боронҳои пайдарпай, ба зардолузорҳо осеби ҷиддӣ расондааст.

Recluida en el principal centro de detención y tortura policial durante la dictadura y encarcelada en la cárcel de Yeserías, la ilustradora y activista reconstruye en 'Memòria dibuixada' la violencia de la Brigada Político-Social, la solidaridad entre presas y los pequeños gestos cotidianos que les ayudaron a resistirCatalina Moragues, autora de un estudio del franquismo que 'oculta' el PP: “España ha negado el derecho a la Justicia” Cincuenta años después de la muerte de Franco, Roser Rius continúa recordando con nitidez los gritos y las torturas en los calabozos de la Dirección General de Seguridad -principal centro de detención y tortura policial durante la dictadura, hoy sede de la Real Casa de Correos y declarada Lugar de Memoria pese al boicot de la Comunidad de Madrid. Militante de la Liga Comunista Revolucionaria, fue detenida en Madrid en octubre de 1974 durante una caída policial contra su organización. Durante los interrogatorios fue golpeada y sometida a torturas físicas y psicológicas por agentes de la Brigada Político-Social, entre quienes se encontraba Antonio González Pacheco, alias Billy el Niño, quien le destrozó los pies a golpes mientras alternaba las palizas con conversaciones aparentemente normales. “Ellos querían que sintieras que allí no eras nadie. Hasta que no pasabas delante de un juez, prácticamente no existías”, recuerda. En esta entrevista concedida a elDiario.es, Rius (Barcelona, 1947) recuerda cómo, tras pasar por los calabozos de la DGS, fue encarcelada durante catorce meses en la prisión madrileña de Yeserías. Allí escribió cartas y convirtió el dibujo en una forma de resistencia y de comunicación con el exterior. “Dibujar me ayudaba a sacar cosas de dentro”, explica. Ahora ha reconstruido aquella experiencia en Memòria dibuixada. Presó de Yeserías (1974-1975), un diario ilustrado atravesado no solo por la tortura y la represión, sino también por los pequeños gestos cotidianos de afecto y supervivencia: un café después de repartir octavillas, una carta enviada clandestinamente, la solidaridad entre presas o la emoción de descubrir, tras días de golpes e interrogatorios, que nadie había delatado a nadie. “Sentíamos que les habíamos vencido”, subraya. Querellante contra Billy el Niño y activista memorialista desde hace décadas, Rius denuncia que las torturas llevadas a cabo por el aparato policial franquista “no eran excesos aislados”, sino “parte de un sistema organizado”. La ilustradora, quien ha estado en Palma para participar en la jornada 'Malgrat la por, la solidaritat i la memòria. Relats de presó de dones durant el franquisme', organizada por la Universitat de les Illes Balears (UIB), cuestiona, asimismo, el relato oficial de la Transición: “No tenían ningún interés real en acabar con aquello. Tenían interés en maquillar un poco el régimen para Europa y que sus negocios siguieran funcionando”. Roser Rius: "Los agentes de la Brigada Político-Social querían que sintieras que allí no eras nadie. Hasta que no pasabas delante de un juez, prácticamente no existías" En Memòria dibuixada hay escenas muy cotidianas -un desayuno, una conversación, una despedida- justo antes de su detención. ¿Qué importancia tiene recuperar esa vida cotidiana que la dictadura intentó romper? Cuando hay una enfermedad, una desaparición o, en este caso, una detención, lo que estábamos haciendo antes siempre queda muy marcado. De alguna forma sabíamos que en cualquier momento podían detenernos, pero intentábamos hacer una vida lo más normal posible: trabajar, encontrarte con los amigos después dentro de lo que la clandestinidad nos permitía, ir a tomar una caña tras una manifestación o un café después de haber repartido octavillas. Todo eso lo echabas mucho a faltar en prisión. De alguna forma sabíamos que en cualquier momento podían detenernos, pero intentábamos hacer una vida lo más normal posible: trabajar, encontrarte con los amigos después dentro de lo que la clandestinidad nos permitía, ir a tomar una caña tras una manifestación o un café después de haber repartido octavillas Relata que cuando la detuvieron sintió incluso “el fin del miedo a ser detenida”. Así es... Como las veías venir, porque había muchísimas detenciones, juicios y caídas en Madrid y en Barcelona, vivías con el miedo en el cuerpo, como se suele decir. Entonces, en el momento en que me detuvieron, pensé: “Ya ha pasado. Ha pasado eso que durante tanto tiempo habías pensado y temido que podía ocurrir”. Describe la Dirección General de Seguridad (DGS) como “el palacio del terror” y habla de la ausencia actual de placas o memoria en el edificio. ¿Qué recuerda con más nitidez de aquellas horas en la DGS? Lo más duro eran los interrogatorios, que se hacían en despachos, a veces con muchos hombres a la vez. Evidentemente estaban los golpes, la tortura psicológica y, en mi caso, intentaban hacerme creer que Francesc, mi compañero, estaba muy mal y que le habían pegado muchísimo en la calle. También estaban los gritos que escuchabas constantemente. No sabías si eran reales o si ponían una cinta. Y sobre todo estaba esa sensación de que allí tú no eras nadie. Ellos querían que no fueses nadie y que supieses que podían hacer contigo lo que quisieran. Recuerdo que una médica, cuando yo grité que quería saber qué le habían hecho a mi compañero, me respondió: “Usted aquí no tiene ningún derecho”. Y tenía razón. Estabas allí, en sus manos, y hasta que no pasabas delante de un juez prácticamente no existías. Esa sensación era muy fuerte. En la Dirección General de Seguridad querían que no fueses nadie y que supieses que podían hacer contigo lo que quisieran. Estabas allí, en sus manos, y hasta que no pasabas delante de un juez prácticamente no existías. Esa sensación era muy fuerte Interrogatorio en un despacho de la DGS (noviembre de 1974) Al mismo tiempo, también era muy fuerte la sensación de que aquella gente era exactamente lo que esperabas que fueran: unos desgraciados, unos malnacidos. No había ningún síntoma de humanidad que pudiera hacerte cambiar de idea. Eran los representantes perfectos de una dictadura. Y eso, quieras o no, también reforzaba tus convicciones. En los calabozos, cuando estabas abajo, sentías que la vida seguía en la calle porque oías las pisadas y veías las piernas de la gente pasar. Pensabas: “Mira, la vida sigue ahí fuera”. Esa sensación también la tenías en prisión, viendo los balcones y la vida alrededor. Era como si tú estuvieras viviendo otra vida obligada, algo parecido al cuento de La bella durmiente. En su libro aparece mucho la memoria del cuerpo: los golpes, el cansancio, el miedo. ¿El cuerpo conserva recuerdos que nunca desaparecen? Sí, como cuando nos trasladaron a los calabozos de Salesas, donde estuvimos tres días antes de declarar ante el juez. Ya solo el hecho de llegar allí suponía un cambio. Tu cuerpo estaba magullado, lleno de heridas, pero sentías que aquello ya era otra cosa. Y además hubo algo muy importante: nadie de nuestra caída habló ni delató a nadie. Eso nos dio muchísima fuerza. Cuando nos metieron en la camioneta que nos llevaba desde la DGS hasta el Palacio de Justicia, íbamos eufóricos. Parecía que nos hubieran dado un premio, aunque yo tenía los pies destrozados y casi no podía andar. Miraba a los demás: al 'Peque', que estaba hecho un naufragio; a la 'Cuchi', a la que habían obligado a hacer 'el pato' [tortura que los policías ejercían obligando al detenido a agacharse con las manos por debajo de las rodillas mientras lo golpeaban], a otros compañeros llenos de golpes… Sentíamos una sensación... yo diría que de las más plenas que he tenido en mi vida. Era como pensar: “Hemos ganado, les hemos vencido”. Y eso que ni siquiera nos conocíamos todos. A una de las compañeras detenidas no la conocía de nada, a otra muy poco y con otra sí tenía más relación. Después, en prisión, las cuatro nos hicimos muy amigas. Nadie de nuestra caída habló ni delató a nadie. Eso nos dio muchísima fuerza Representación del miedo. 'Huyendo de los lobos (noviembre de 1974) Explica que Billy el Niño alternaba golpes con conversaciones aparentemente normales. ¿Qué efecto psicológico tenía aquello? Yo lo vivía pensando que aquel tipo estaba como una 'chota'. Con el tiempo me enteré de que teníamos la misma edad, 27 años, pero en aquel momento no podía imaginarlo. No me cabía en la cabeza que una especie de desgraciado así pudiera tener entonces la misma edad que yo. Comenzaba hablándome de que había estado en Barcelona y yo pensaba: “¿Este tío se cree que estamos en un café?”. Solo podías pensar que tenía un exceso de alguna cosa que no le iba bien. Pero, más allá de eso, dudo mucho que aquello pudiera producir un efecto diferente. No creo que una persona detenida pueda pensar que hay un policía que quiere hacerse amigo suyo después de haberte dado una paliza. Con el tiempo me enteré de que Billy el Niño y yo teníamos la misma edad, 27 años, pero en aquel momento no podía imaginarlo. No me cabía en la cabeza que una especie de desgraciado así pudiera tener entonces la misma edad que yo ¿Considera que aquello parte de un sistema organizado? Las torturas no eran un hecho aislado. Como escribo en el libro, detrás de cada torturador había un sistema que los preparaba y protegía. En la actualidad, dos veces al mes, hacemos asambleas en la calle, delante de Via Laietana, que era la gran comisaría de Barcelona: allí escuchas numerosos testimonios y, si no lo hubiera sabido ya antes -porque estuve en prisión con 200 ó 300 detenidas-, me habría dado cuenta ahora: las cosas se repiten. Y se repiten en todas partes, en todas las ciudades y en todos los lugares. Ellos tenían una serie de protocolos, incluso por escrito. Los aprendían en campamentos de formación policial. Había toda una serie de prácticas que aplicaban, a veces con más violencia y otras con menos. A veces no sabías muy bien por qué. En nuestro caso, además, hacía tres semanas que [el 11 de enero de 1977] se había producido el atentado de la cafetería Rolando, delante de la DGS: murieron trece personas, entre ellas un policía. Aquello les había encendido muchísimo y puede que estuvieran especialmente rabiosos. Nosotros no teníamos nada que ver ni con aquello ni con ningún tipo de violencia armada, pero igualmente nos daban golpes. Recuerdo incluso que alguna vez, mientras nos pegaban, decían algo así como: “Este golpe es por lo que le hicieron a mi compañero”. Y ahí sí notabas claramente que estaban muy enfadados. Las torturas no eran un hecho aislado. Detrás de cada torturador había un sistema que los preparaba y protegía 'Enmanillada al radiador' (agosto de 1975) ¿Era también el dibujo una manera de resistir a la deshumanización de la cárcel? Siempre me ha gustado dibujar y me he ganado la vida con ello. Dibujar me hacía sentir bien y era una forma de sacar cosas que de otra manera me resultaba más difícil expresar. También era una forma de comunicación con mi compañero. Algunos dibujos no podía enviárselos, pero otros sí. Había dibujos muy conscientes, como los de la Dirección General de Seguridad, porque quería reflejar cosas que habían ocurrido allí. Uno de los primeros que hice nada más salir de prisión buscaba expresar cómo una persona puede sentirse completamente dominada por la violencia sin necesidad de dibujar directamente los golpes. Yo soy ilustradora de libros infantiles y me cuesta mucho expresar determinadas cosas relacionadas con el odio. Por eso intentaba buscar otras formas de transmitir aquella sensación. Dibujar me sirvió de válvula de escape. Uno de los primeros dibujos que hice nada más salir de prisión buscaba expresar cómo una persona puede sentirse completamente dominada por la violencia sin necesidad de dibujar directamente los golpes. Yo soy ilustradora de libros infantiles y me cuesta mucho expresar determinadas cosas relacionadas con el odio Otro de los dibujos que hice refleja una tortura que no tenía una explicación sencilla: la llamaban 'el pato' y era muy humillante porque te obligaban a agacharte con las manos atadas por debajo de las piernas mientras te daban patadas y golpes. Si llevabas tiempo militando, intentabas resistir para no acabar cayendo porque sabías que eso les encantaba. Una de las compañeras que la sufrió todavía no había cumplido los dieciocho años. También otra tortura sistemática era la de atarnos a un radiador y golpearnos repetidamente en la planta de los pies: ‘pim, pam, pim, pam’. El efecto de aquello lo intenté explicar después en el poema inicial del libro. (Jo vaig tenir els peus negres / Yo tuve los pies negros l’octubre de 1974, / en octubre de 1974, negres, verats de verd i de morat. / negros, veteados de verde y de morado. El dolor pujava pels turmells / El dolor subía por los tobillos morint a mitja cama. / muriendo a media pierna. A còpia de cops, / A fuerza de golpes, l’ànima de ferro de la porra / el alma de hierro de la porra va dibuixar una geografia / dibujó una geografía de la tortura sobre la meva pell. / de la tortura sobre mi piel. L’amor, les idees, la solidaritat / El amor, las ideas, la solidaridad van embolcallar la meva por. / envolvieron mi miedo. Protegint-me de la delació. / Protegiéndome de la delación. Més tard, les negres ungles / Más tarde, las uñas negras van caure una a una. / fueron cayendo una a una. I, al mig dels peus, / Y, en medio de los pies, m’hi van quedar uns estigmes / me quedaron unos estigmas rodons, com monedes. / redondos, como monedas. Jo vaig tenir els peus negres / Yo tuve los pies negros a l’octubre de l’any 74, / en octubre del año 74, però els cops, / pero los golpes, com el mall contra el ferro, / como el mazo contra el hierro, van forjar la meva força. / forjaron mi fuerza). 'Peus negres'. Grabado al barniz blando efecto crayon (2009) Relata en su libro el componente específicamente machista de la violencia y también cómo, pese a compartir espacio con otras presas políticas muy distintas entre sí, se creó una gran solidaridad en Yeserías. ¿Fue aquella red de apoyo lo que les permitió resistir? La suerte fue poder contar con compañeras en las que podías apoyarte. Básicamente eran compañeras de mi partido, aunque estuvimos muy poco tiempo juntas porque las tres chicas que habían detenido conmigo quedaron en libertad al cabo de dos meses. Después, dentro de prisión, había tanta gente que ibas buscando afinidades. Yo estaba con mujeres de otros partidos y de otras organizaciones y con algunas establecimos relaciones muy buenas y muchísima solidaridad. Era una cuestión de supervivencia, de autodefensa, de formar un grupo que pudiera sostenerse. Porque un lugar cerrado, ya sea una prisión, un convento o cualquier otro sitio acaba generando dinámicas muy particulares y tienes que saber distinguir muchas cosas y no dejarte arrastrar. Pero, si consigues construir amistad, compañerismo y alianzas con personas que más o menos piensan como tú, eso ayuda muchísimo, porque sentirse sola es muy duro. Yo tuve compañeras vascas y otra de Madrid y con ellas hice una relación especialmente fuerte. En general me llevé bien con casi todo el mundo. Yo estaba con mujeres de otros partidos y de otras organizaciones, y con algunas establecimos relaciones muy buenas y muchísima solidaridad. Era una cuestión de supervivencia, de autodefensa, de formar un grupo que pudiera sostenerse ¿Se ha contado suficientemente la represión específica que sufrieron las mujeres durante el franquismo? Yo creo que en los últimos años se ha ido abriendo mucho toda esta parte de la memoria, porque durante mucho tiempo todo lo relacionado con la posguerra estuvo muy oculto, tanto en el caso de las mujeres como en el de los hombres. Poco a poco eso se ha ido conociendo y muchas veces han sido ellas mismas quienes han acabado escribiendo, buscando testimonios de sus compañeras de entonces y haciendo trabajos muy interesantes. Muchas ya no están, pero sus hijos o sus nietos han continuado esa labor. Y después también han llegado mujeres de otras generaciones. Creo que desde hace unos años hay mucho más conocimiento y muchas más ganas de dar este testimonio. Mi libro se inscribe precisamente en ese ejercicio de memoria colectiva que mucha gente estamos impulsando. Lo que pasa es que el protagonismo masculino siempre ha sido muy fuerte y durante mucho tiempo parecía que las mujeres solo habían tenido un papel de apoyo. Las mujeres democráticas eran las que cuidaban de los presos, por ejemplo, cuando en realidad también había mujeres presas. Las mujeres quedaron invisibilizadas, como si no hubieran luchado. Hablaba antes del orgullo que sentían de no haber delatado a compañeros. ¿Cómo lo recuerda hoy? Es algo que te sirve siempre en algún momento duro. Piensas: “A mí aquello no me hizo bajar la cabeza. La policía no consiguió doblegarme, así que tú tampoco lo vas a hacer”. No es que vayas contando tu vida constantemente, pero en el fondo estás diciéndole a esa persona: “A mí no”. Si no me hundió la policía, esta persona tampoco lo va a conseguir. Y eso te da fuerza. Por suerte son momentos muy concretos, pero alguna vez en la vida te encuentras con alguien y piensas: “Tú a mí no, ¿eh?”. No sé si es fortaleza o supervivencia. Supongo que es intentar extraer algo de lo que te ha pasado. Roser Rius: "Dibujar me sirvió de válvula de escape" ¿Qué siente al pensar que muchos torturadores murieron sin ser juzgados? ¿Qué sintió en el caso de Billy el Niño? Lo de Antonio González Pacheco fue muy curioso y contradictorio. Tanto la Comuna como la asociación de expresos lo que queríamos era poder presentar querellas y llevar a esta gente a juicio. Entonces, cuando durante la pandemia murió Antonio González Pacheco, de entrada me alegré y pensé: “Mira, uno menos”. Pero casi inmediatamente algunos compañeros me dijeron: “Ya no podremos juzgarlo, se ha ido”. Y entonces me dio muchísima rabia. Es un sentimiento contradictorio porque tampoco deseas la muerte de nadie, pero te das cuenta de que se van muriendo y desaparece la posibilidad de juzgarlos. Y eso está pasando con muchos protagonistas tanto de la política como de la policía franquista. Billy el Niño todavía murió relativamente joven, tendría 72 o 73 años. Lo mismo pasa con Martín Villa. Debía comparecer hace unos meses en Alicante y al final ha conseguido evitarlo. Habían logrado que una jueza lo citara a declarar [por la muerte en 1976 del antifranquista Teófilo del Valle a manos de la Policía Armada], pero parece que siempre consiguen mover piezas y esquivar ese momento. Cuando durante la pandemia murió Antonio González Pacheco, de entrada me alegré y pensé: 'Mira, uno menos’. Pero casi inmediatamente algunos compañeros me dijeron: ‘Ya no podremos juzgarlo, se ha ido’. Es un sentimiento contradictorio, porque no deseas la muerte de nadie, pero te das cuenta de que se van muriendo y desaparece la posibilidad de juzgarlos Durante décadas, la Ley de Amnistía ha sido presentada como uno de los pilares de la Transición. ¿Siente que el Estado español ha estado más cerca de proteger a los verdugos que de reparar a las víctimas? Sí, está clarísimo. El otro día estuve en una universidad hablando con profesores de Derecho y ellos me lo explicaban mucho mejor de lo que puedo hacerlo yo. Decían que los artículos de la Ley de Amnistía que blindaban a jueces, policías y militares se introdujeron casi al final, con muchísima presión de los propios aparatos franquistas. Y eso fue lo que la convirtió en una especie de ley de punto final, que además sigue vigente. Es verdad que gracias a esa ley salió mucha gente de prisión porque todavía quedaban bastantes presos políticos. Pero, al mismo tiempo, también sirvió para cubrir completamente las espaldas de quienes habían participado en la represión. En países como Argentina esas leyes de punto final acabaron derogándose parcialmente y aquí también podrían modificarse esos artículos. No necesariamente toda la ley, porque hay partes que afectaron positivamente a mucha gente represaliada. Pero, según me explicaban estos profesores, lo que hace falta es voluntad política: que los legisladores cambien la ley. Entonces los jueces no tendrían más remedio que aplicar también esa modificación. Fragmento del dibujo 'Horror. Tortura «El pato»' (septiembre de 1975) Gracias a la ley de amnistía salió mucha gente de prisión, porque todavía quedaban bastantes presos políticos. Pero al mismo tiempo también sirvió para cubrir completamente las espaldas de quienes habían participado en la represión ¿Por qué cree que España continúa siendo una anomalía en Europa en la investigación de los crímenes del franquismo? ¿Ha pesado más la voluntad de “pasar página” que la de depurar responsabilidades? Porque todo estaba 'atado y bien atado'. Con la Transición, el franquismo no se rompió del todo. Hubo elecciones libres, sí, pero ¿quiénes fueron los primeros que ganaron aquellas elecciones? Eran franquistas. Era Adolfo Suárez. Aquella gente, ¿cómo iba a cambiar completamente algo que había defendido durante cuarenta años? No tenían ningún interés real en acabar con aquello. Tenían interés en maquillar un poco el régimen para Europa, para que sus negocios pudieran funcionar mejor, pero al final prevalecieron sus propios intereses. Además, les iba muy bien tener detrás a unos cuantos militares amenazando constantemente con un golpe. Desde la muerte de Franco hubo amenazas continuas y, especialmente entre 1979 y 1981, el ambiente estaba lleno de esa presión militar hasta que llegó el golpe del 23F. Había mucho miedo a que aquello pudiera volver atrás. ¿Qué siente cuando organismos internacionales cuestionan la compatibilidad de la Ley de Amnistía con los principios del derecho internacional sobre verdad, justicia y reparación para las víctimas de crímenes de lesa humanidad? Deberíamos conseguir que todo esto se revisara a fondo. Para mí, la mayor reparación sería precisamente esa: reconocer que luchábamos por cosas que hoy son completamente legales y que, además, forman parte de los derechos humanos, como el derecho de reunión o el derecho de manifestación. Luchábamos por eso, entre otras muchas cosas. Que hubiera un reconocimiento claro de que aquello por lo que fuimos condenados era completamente injusto y de que quienes participaron en esa represión -jueces, policías- fueron responsables de crímenes de lesa humanidad. Aunque la mayoría ya hayan muerto, al menos debería quedar constancia pública de ello. Y los que siguen vivos no deberían continuar cobrando privilegios o sobresueldos vinculados a aquella represión. Porque la policía cobraba sobresueldos por nuestras detenciones y por nuestras torturas. Y esos complementos los han seguido cobrando durante años. ¿Cómo puede ser eso? Eso sí sería una manera de demostrar que realmente existe voluntad de asumir lo que ocurrió. ¿Le preocupa el revisionismo actual sobre la dictadura franquista y el auge de los discursos que la relativizan? Sí, claro, especialmente entre la gente joven. También es verdad que he ido a algunos institutos y universidades y, de momento, no me he encontrado a nadie que defendiera abiertamente la dictadura. Yo siempre les digo: “Si pensáis otra cosa, podéis decirlo y lo hablamos”. Pero nadie me ha dicho a la cara que la dictadura fuera algo a añorar. El problema es que la democracia tiene muchos defectos, los políticos tienen muchos defectos y hay mucha corrupción. Y si la gente joven no conoce realmente lo que fue aquello, puede acabar pensando que era un mundo muy ordenado y muy sencillo. La extrema derecha siempre presenta alternativas sencillas, una especie de nuevo paternalismo: “No pienses demasiado, no te muevas y no pasará nada”. Ese tipo de mensajes pueden hacer mucho daño y ya lo están haciendo. Además, las redes sociales han ayudado muchísimo a eso y detrás hay dinero y mecanismos muy potentes. Por eso nosotros tenemos que intentar explicar al máximo todo lo que sabemos, ofrecer alternativas nuevas y, además, decirles a los jóvenes que piensen. Si realmente piensan que aquello era mejor quiere decir que algo pasa, pero que hagan el esfuerzo de reflexionar antes de decirlo. Roser Rius: "Para mí, la mayor reparación sería reconocer que luchábamos por cosas que hoy son completamente legales y que además forman parte de los derechos humanos" ¿Qué le gustaría que entendiera alguien de 20 años al leer hoy su libro? Cuando presento el libro siempre digo que me gustaría mucho ir a institutos. Ya me han salido algunas oportunidades de hacerlo y también he ido a un par de aulas universitarias. A mí me interesa hablar con la gente joven. No sé si los jóvenes de 20 años están leyendo el libro. Sé de alguna persona joven que sí lo ha leído, pero creo que la mayoría de lectores son personas que sienten que aquello también fue su momento, aunque no sufrieran directamente la represión: gente que ahora tiene entre 65 y 85 años y que vivió aquella época de una manera u otra. Me gustaría que los jóvenes lo leyeran y me dijeran qué piensan, pero, sobre todo, me gustaría que reflexionaran frente a esos discursos de odio y esos mensajes tan simples que circulan por las redes sociales y que acaban calando tanto. Me gustaría que los jóvenes leyeran 'Memòria dibuixada' y me dijeran qué piensan, pero, sobre todo, me gustaría que reflexionaran frente a los discursos de odio y los mensajes tan simples que circulan por las redes sociales y que acaban calando tanto ¿Qué cree que España todavía no ha querido mirar de frente sobre la dictadura? ¿Existe todavía una cultura de protección hacia determinadas estructuras heredadas del franquismo? Yo creo que, después de tantos años desde la Transición, mucha gente ni siquiera se lo pregunta. Hay algunas personas que sí nos lo preguntamos mucho, pero gran parte de la sociedad no ha querido cuestionarse realmente qué pasó. Si tú les dices: “¿Sabes que toda esta gente era la misma que la del Tribunal de Orden Público? ¿Que simplemente se le cambió el nombre y que eran los mismos jueces y los mismos fiscales?”, mucha gente no lo sabe o no ha querido verlo. Pero son cosas que nosotros las tenemos muy claras: hubo toda una política destinada a eso, no fue algo que saliera solo. Y les fue bien. Fue una política de olvido impulsada desde arriba a la que contribuyeron los partidos políticos, la prensa… todo el mundo. Todo aquello tuvo mucha fuerza y, como además las cosas habían mejorado un poco, decidieron no mirar qué es lo que estaba ocurriendo, toda la represión que hubo en las calles a finales de los setenta y principios de los ochenta. Se instaló esa idea de: “Bueno, es que estamos en Europa”, “ya tenemos democracia, ya podemos votar”. Mientras unos decían que había que “cerrar las heridas”, había familias buscando a sus muertos en las fosas sin que casi nadie hablara de ello... De hecho, quienes comenzaron la lucha por la memoria democrática para que todo esto se conociera fueron las personas que tenían a sus padres o abuelos en las cunetas. Fueron ellos quienes comenzaron a presentar querellas, incluso en Argentina. No se creyeron ese discurso de que todo estaba ya superado. Las heridas eran tan profundas que los descendientes todavía las llevan encima y continúan queriendo cerrarlas de verdad.

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Recluida en el principal centro de detención y tortura policial durante la dictadura y encarcelada en la cárcel de Yeserías, la ilustradora y activista reconstruye en 'Memòria dibuixada' la violencia de la Brigada Político-Social, la solidaridad entre presas y los pequeños gestos cotidianos que les ayudaron a resistirCatalina Moragues, autora de un estudio del franquismo que 'oculta' el PP: “España ha negado el derecho a la Justicia” Cincuenta años después de la muerte de Franco, Roser Rius continúa recordando con nitidez los gritos y las torturas en los calabozos de la Dirección General de Seguridad -principal centro de detención y tortura policial durante la dictadura, hoy sede de la Real Casa de Correos y declarada Lugar de Memoria pese al boicot de la Comunidad de Madrid. Militante de la Liga Comunista Revolucionaria, fue detenida en Madrid en octubre de 1974 durante una caída policial contra su organización. Durante los interrogatorios fue golpeada y sometida a torturas físicas y psicológicas por agentes de la Brigada Político-Social, entre quienes se encontraba Antonio González Pacheco, alias Billy el Niño, quien le destrozó los pies a golpes mientras alternaba las palizas con conversaciones aparentemente normales. “Ellos querían que sintieras que allí no eras nadie. Hasta que no pasabas delante de un juez, prácticamente no existías”, recuerda. En esta entrevista concedida a elDiario.es, Rius (Barcelona, 1947) recuerda cómo, tras pasar por los calabozos de la DGS, fue encarcelada durante catorce meses en la prisión madrileña de Yeserías. Allí escribió cartas y convirtió el dibujo en una forma de resistencia y de comunicación con el exterior. “Dibujar me ayudaba a sacar cosas de dentro”, explica. Ahora ha reconstruido aquella experiencia en Memòria dibuixada. Presó de Yeserías (1974-1975), un diario ilustrado atravesado no solo por la tortura y la represión, sino también por los pequeños gestos cotidianos de afecto y supervivencia: un café después de repartir octavillas, una carta enviada clandestinamente, la solidaridad entre presas o la emoción de descubrir, tras días de golpes e interrogatorios, que nadie había delatado a nadie. “Sentíamos que les habíamos vencido”, subraya. Querellante contra Billy el Niño y activista memorialista desde hace décadas, Rius denuncia que las torturas llevadas a cabo por el aparato policial franquista “no eran excesos aislados”, sino “parte de un sistema organizado”. La ilustradora, quien ha estado en Palma para participar en la jornada 'Malgrat la por, la solidaritat i la memòria. Relats de presó de dones durant el franquisme', organizada por la Universitat de les Illes Balears (UIB), cuestiona, asimismo, el relato oficial de la Transición: “No tenían ningún interés real en acabar con aquello. Tenían interés en maquillar un poco el régimen para Europa y que sus negocios siguieran funcionando”. Roser Rius: "Los agentes de la Brigada Político-Social querían que sintieras que allí no eras nadie. Hasta que no pasabas delante de un juez, prácticamente no existías" En Memòria dibuixada hay escenas muy cotidianas -un desayuno, una conversación, una despedida- justo antes de su detención. ¿Qué importancia tiene recuperar esa vida cotidiana que la dictadura intentó romper? Cuando hay una enfermedad, una desaparición o, en este caso, una detención, lo que estábamos haciendo antes siempre queda muy marcado. De alguna forma sabíamos que en cualquier momento podían detenernos, pero intentábamos hacer una vida lo más normal posible: trabajar, encontrarte con los amigos después dentro de lo que la clandestinidad nos permitía, ir a tomar una caña tras una manifestación o un café después de haber repartido octavillas. Todo eso lo echabas mucho a faltar en prisión. De alguna forma sabíamos que en cualquier momento podían detenernos, pero intentábamos hacer una vida lo más normal posible: trabajar, encontrarte con los amigos después dentro de lo que la clandestinidad nos permitía, ir a tomar una caña tras una manifestación o un café después de haber repartido octavillas Relata que cuando la detuvieron sintió incluso “el fin del miedo a ser detenida”. Así es... Como las veías venir, porque había muchísimas detenciones, juicios y caídas en Madrid y en Barcelona, vivías con el miedo en el cuerpo, como se suele decir. Entonces, en el momento en que me detuvieron, pensé: “Ya ha pasado. Ha pasado eso que durante tanto tiempo habías pensado y temido que podía ocurrir”. Describe la Dirección General de Seguridad (DGS) como “el palacio del terror” y habla de la ausencia actual de placas o memoria en el edificio. ¿Qué recuerda con más nitidez de aquellas horas en la DGS? Lo más duro eran los interrogatorios, que se hacían en despachos, a veces con muchos hombres a la vez. Evidentemente estaban los golpes, la tortura psicológica y, en mi caso, intentaban hacerme creer que Francesc, mi compañero, estaba muy mal y que le habían pegado muchísimo en la calle. También estaban los gritos que escuchabas constantemente. No sabías si eran reales o si ponían una cinta. Y sobre todo estaba esa sensación de que allí tú no eras nadie. Ellos querían que no fueses nadie y que supieses que podían hacer contigo lo que quisieran. Recuerdo que una médica, cuando yo grité que quería saber qué le habían hecho a mi compañero, me respondió: “Usted aquí no tiene ningún derecho”. Y tenía razón. Estabas allí, en sus manos, y hasta que no pasabas delante de un juez prácticamente no existías. Esa sensación era muy fuerte. En la Dirección General de Seguridad querían que no fueses nadie y que supieses que podían hacer contigo lo que quisieran. Estabas allí, en sus manos, y hasta que no pasabas delante de un juez prácticamente no existías. Esa sensación era muy fuerte Interrogatorio en un despacho de la DGS (noviembre de 1974) Al mismo tiempo, también era muy fuerte la sensación de que aquella gente era exactamente lo que esperabas que fueran: unos desgraciados, unos malnacidos. No había ningún síntoma de humanidad que pudiera hacerte cambiar de idea. Eran los representantes perfectos de una dictadura. Y eso, quieras o no, también reforzaba tus convicciones. En los calabozos, cuando estabas abajo, sentías que la vida seguía en la calle porque oías las pisadas y veías las piernas de la gente pasar. Pensabas: “Mira, la vida sigue ahí fuera”. Esa sensación también la tenías en prisión, viendo los balcones y la vida alrededor. Era como si tú estuvieras viviendo otra vida obligada, algo parecido al cuento de La bella durmiente. En su libro aparece mucho la memoria del cuerpo: los golpes, el cansancio, el miedo. ¿El cuerpo conserva recuerdos que nunca desaparecen? Sí, como cuando nos trasladaron a los calabozos de Salesas, donde estuvimos tres días antes de declarar ante el juez. Ya solo el hecho de llegar allí suponía un cambio. Tu cuerpo estaba magullado, lleno de heridas, pero sentías que aquello ya era otra cosa. Y además hubo algo muy importante: nadie de nuestra caída habló ni delató a nadie. Eso nos dio muchísima fuerza. Cuando nos metieron en la camioneta que nos llevaba desde la DGS hasta el Palacio de Justicia, íbamos eufóricos. Parecía que nos hubieran dado un premio, aunque yo tenía los pies destrozados y casi no podía andar. Miraba a los demás: al 'Peque', que estaba hecho un naufragio; a la 'Cuchi', a la que habían obligado a hacer 'el pato' [tortura que los policías ejercían obligando al detenido a agacharse con las manos por debajo de las rodillas mientras lo golpeaban], a otros compañeros llenos de golpes… Sentíamos una sensación... yo diría que de las más plenas que he tenido en mi vida. Era como pensar: “Hemos ganado, les hemos vencido”. Y eso que ni siquiera nos conocíamos todos. A una de las compañeras detenidas no la conocía de nada, a otra muy poco y con otra sí tenía más relación. Después, en prisión, las cuatro nos hicimos muy amigas. Nadie de nuestra caída habló ni delató a nadie. Eso nos dio muchísima fuerza Representación del miedo. 'Huyendo de los lobos (noviembre de 1974) Explica que Billy el Niño alternaba golpes con conversaciones aparentemente normales. ¿Qué efecto psicológico tenía aquello? Yo lo vivía pensando que aquel tipo estaba como una 'chota'. Con el tiempo me enteré de que teníamos la misma edad, 27 años, pero en aquel momento no podía imaginarlo. No me cabía en la cabeza que una especie de desgraciado así pudiera tener entonces la misma edad que yo. Comenzaba hablándome de que había estado en Barcelona y yo pensaba: “¿Este tío se cree que estamos en un café?”. Solo podías pensar que tenía un exceso de alguna cosa que no le iba bien. Pero, más allá de eso, dudo mucho que aquello pudiera producir un efecto diferente. No creo que una persona detenida pueda pensar que hay un policía que quiere hacerse amigo suyo después de haberte dado una paliza. Con el tiempo me enteré de que Billy el Niño y yo teníamos la misma edad, 27 años, pero en aquel momento no podía imaginarlo. No me cabía en la cabeza que una especie de desgraciado así pudiera tener entonces la misma edad que yo ¿Considera que aquello parte de un sistema organizado? Las torturas no eran un hecho aislado. Como escribo en el libro, detrás de cada torturador había un sistema que los preparaba y protegía. En la actualidad, dos veces al mes, hacemos asambleas en la calle, delante de Via Laietana, que era la gran comisaría de Barcelona: allí escuchas numerosos testimonios y, si no lo hubiera sabido ya antes -porque estuve en prisión con 200 ó 300 detenidas-, me habría dado cuenta ahora: las cosas se repiten. Y se repiten en todas partes, en todas las ciudades y en todos los lugares. Ellos tenían una serie de protocolos, incluso por escrito. Los aprendían en campamentos de formación policial. Había toda una serie de prácticas que aplicaban, a veces con más violencia y otras con menos. A veces no sabías muy bien por qué. En nuestro caso, además, hacía tres semanas que [el 11 de enero de 1977] se había producido el atentado de la cafetería Rolando, delante de la DGS: murieron trece personas, entre ellas un policía. Aquello les había encendido muchísimo y puede que estuvieran especialmente rabiosos. Nosotros no teníamos nada que ver ni con aquello ni con ningún tipo de violencia armada, pero igualmente nos daban golpes. Recuerdo incluso que alguna vez, mientras nos pegaban, decían algo así como: “Este golpe es por lo que le hicieron a mi compañero”. Y ahí sí notabas claramente que estaban muy enfadados. Las torturas no eran un hecho aislado. Detrás de cada torturador había un sistema que los preparaba y protegía 'Enmanillada al radiador' (agosto de 1975) ¿Era también el dibujo una manera de resistir a la deshumanización de la cárcel? Siempre me ha gustado dibujar y me he ganado la vida con ello. Dibujar me hacía sentir bien y era una forma de sacar cosas que de otra manera me resultaba más difícil expresar. También era una forma de comunicación con mi compañero. Algunos dibujos no podía enviárselos, pero otros sí. Había dibujos muy conscientes, como los de la Dirección General de Seguridad, porque quería reflejar cosas que habían ocurrido allí. Uno de los primeros que hice nada más salir de prisión buscaba expresar cómo una persona puede sentirse completamente dominada por la violencia sin necesidad de dibujar directamente los golpes. Yo soy ilustradora de libros infantiles y me cuesta mucho expresar determinadas cosas relacionadas con el odio. Por eso intentaba buscar otras formas de transmitir aquella sensación. Dibujar me sirvió de válvula de escape. Uno de los primeros dibujos que hice nada más salir de prisión buscaba expresar cómo una persona puede sentirse completamente dominada por la violencia sin necesidad de dibujar directamente los golpes. Yo soy ilustradora de libros infantiles y me cuesta mucho expresar determinadas cosas relacionadas con el odio Otro de los dibujos que hice refleja una tortura que no tenía una explicación sencilla: la llamaban 'el pato' y era muy humillante porque te obligaban a agacharte con las manos atadas por debajo de las piernas mientras te daban patadas y golpes. Si llevabas tiempo militando, intentabas resistir para no acabar cayendo porque sabías que eso les encantaba. Una de las compañeras que la sufrió todavía no había cumplido los dieciocho años. También otra tortura sistemática era la de atarnos a un radiador y golpearnos repetidamente en la planta de los pies: ‘pim, pam, pim, pam’. El efecto de aquello lo intenté explicar después en el poema inicial del libro. (Jo vaig tenir els peus negres / Yo tuve los pies negros l’octubre de 1974, / en octubre de 1974, negres, verats de verd i de morat. / negros, veteados de verde y de morado. El dolor pujava pels turmells / El dolor subía por los tobillos morint a mitja cama. / muriendo a media pierna. A còpia de cops, / A fuerza de golpes, l’ànima de ferro de la porra / el alma de hierro de la porra va dibuixar una geografia / dibujó una geografía de la tortura sobre la meva pell. / de la tortura sobre mi piel. L’amor, les idees, la solidaritat / El amor, las ideas, la solidaridad van embolcallar la meva por. / envolvieron mi miedo. Protegint-me de la delació. / Protegiéndome de la delación. Més tard, les negres ungles / Más tarde, las uñas negras van caure una a una. / fueron cayendo una a una. I, al mig dels peus, / Y, en medio de los pies, m’hi van quedar uns estigmes / me quedaron unos estigmas rodons, com monedes. / redondos, como monedas. Jo vaig tenir els peus negres / Yo tuve los pies negros a l’octubre de l’any 74, / en octubre del año 74, però els cops, / pero los golpes, com el mall contra el ferro, / como el mazo contra el hierro, van forjar la meva força. / forjaron mi fuerza). 'Peus negres'. Grabado al barniz blando efecto crayon (2009) Relata en su libro el componente específicamente machista de la violencia y también cómo, pese a compartir espacio con otras presas políticas muy distintas entre sí, se creó una gran solidaridad en Yeserías. ¿Fue aquella red de apoyo lo que les permitió resistir? La suerte fue poder contar con compañeras en las que podías apoyarte. Básicamente eran compañeras de mi partido, aunque estuvimos muy poco tiempo juntas porque las tres chicas que habían detenido conmigo quedaron en libertad al cabo de dos meses. Después, dentro de prisión, había tanta gente que ibas buscando afinidades. Yo estaba con mujeres de otros partidos y de otras organizaciones y con algunas establecimos relaciones muy buenas y muchísima solidaridad. Era una cuestión de supervivencia, de autodefensa, de formar un grupo que pudiera sostenerse. Porque un lugar cerrado, ya sea una prisión, un convento o cualquier otro sitio acaba generando dinámicas muy particulares y tienes que saber distinguir muchas cosas y no dejarte arrastrar. Pero, si consigues construir amistad, compañerismo y alianzas con personas que más o menos piensan como tú, eso ayuda muchísimo, porque sentirse sola es muy duro. Yo tuve compañeras vascas y otra de Madrid y con ellas hice una relación especialmente fuerte. En general me llevé bien con casi todo el mundo. Yo estaba con mujeres de otros partidos y de otras organizaciones, y con algunas establecimos relaciones muy buenas y muchísima solidaridad. Era una cuestión de supervivencia, de autodefensa, de formar un grupo que pudiera sostenerse ¿Se ha contado suficientemente la represión específica que sufrieron las mujeres durante el franquismo? Yo creo que en los últimos años se ha ido abriendo mucho toda esta parte de la memoria, porque durante mucho tiempo todo lo relacionado con la posguerra estuvo muy oculto, tanto en el caso de las mujeres como en el de los hombres. Poco a poco eso se ha ido conociendo y muchas veces han sido ellas mismas quienes han acabado escribiendo, buscando testimonios de sus compañeras de entonces y haciendo trabajos muy interesantes. Muchas ya no están, pero sus hijos o sus nietos han continuado esa labor. Y después también han llegado mujeres de otras generaciones. Creo que desde hace unos años hay mucho más conocimiento y muchas más ganas de dar este testimonio. Mi libro se inscribe precisamente en ese ejercicio de memoria colectiva que mucha gente estamos impulsando. Lo que pasa es que el protagonismo masculino siempre ha sido muy fuerte y durante mucho tiempo parecía que las mujeres solo habían tenido un papel de apoyo. Las mujeres democráticas eran las que cuidaban de los presos, por ejemplo, cuando en realidad también había mujeres presas. Las mujeres quedaron invisibilizadas, como si no hubieran luchado. Hablaba antes del orgullo que sentían de no haber delatado a compañeros. ¿Cómo lo recuerda hoy? Es algo que te sirve siempre en algún momento duro. Piensas: “A mí aquello no me hizo bajar la cabeza. La policía no consiguió doblegarme, así que tú tampoco lo vas a hacer”. No es que vayas contando tu vida constantemente, pero en el fondo estás diciéndole a esa persona: “A mí no”. Si no me hundió la policía, esta persona tampoco lo va a conseguir. Y eso te da fuerza. Por suerte son momentos muy concretos, pero alguna vez en la vida te encuentras con alguien y piensas: “Tú a mí no, ¿eh?”. No sé si es fortaleza o supervivencia. Supongo que es intentar extraer algo de lo que te ha pasado. Roser Rius: "Dibujar me sirvió de válvula de escape" ¿Qué siente al pensar que muchos torturadores murieron sin ser juzgados? ¿Qué sintió en el caso de Billy el Niño? Lo de Antonio González Pacheco fue muy curioso y contradictorio. Tanto la Comuna como la asociación de expresos lo que queríamos era poder presentar querellas y llevar a esta gente a juicio. Entonces, cuando durante la pandemia murió Antonio González Pacheco, de entrada me alegré y pensé: “Mira, uno menos”. Pero casi inmediatamente algunos compañeros me dijeron: “Ya no podremos juzgarlo, se ha ido”. Y entonces me dio muchísima rabia. Es un sentimiento contradictorio porque tampoco deseas la muerte de nadie, pero te das cuenta de que se van muriendo y desaparece la posibilidad de juzgarlos. Y eso está pasando con muchos protagonistas tanto de la política como de la policía franquista. Billy el Niño todavía murió relativamente joven, tendría 72 o 73 años. Lo mismo pasa con Martín Villa. Debía comparecer hace unos meses en Alicante y al final ha conseguido evitarlo. Habían logrado que una jueza lo citara a declarar [por la muerte en 1976 del antifranquista Teófilo del Valle a manos de la Policía Armada], pero parece que siempre consiguen mover piezas y esquivar ese momento. Cuando durante la pandemia murió Antonio González Pacheco, de entrada me alegré y pensé: 'Mira, uno menos’. Pero casi inmediatamente algunos compañeros me dijeron: ‘Ya no podremos juzgarlo, se ha ido’. Es un sentimiento contradictorio, porque no deseas la muerte de nadie, pero te das cuenta de que se van muriendo y desaparece la posibilidad de juzgarlos Durante décadas, la Ley de Amnistía ha sido presentada como uno de los pilares de la Transición. ¿Siente que el Estado español ha estado más cerca de proteger a los verdugos que de reparar a las víctimas? Sí, está clarísimo. El otro día estuve en una universidad hablando con profesores de Derecho y ellos me lo explicaban mucho mejor de lo que puedo hacerlo yo. Decían que los artículos de la Ley de Amnistía que blindaban a jueces, policías y militares se introdujeron casi al final, con muchísima presión de los propios aparatos franquistas. Y eso fue lo que la convirtió en una especie de ley de punto final, que además sigue vigente. Es verdad que gracias a esa ley salió mucha gente de prisión porque todavía quedaban bastantes presos políticos. Pero, al mismo tiempo, también sirvió para cubrir completamente las espaldas de quienes habían participado en la represión. En países como Argentina esas leyes de punto final acabaron derogándose parcialmente y aquí también podrían modificarse esos artículos. No necesariamente toda la ley, porque hay partes que afectaron positivamente a mucha gente represaliada. Pero, según me explicaban estos profesores, lo que hace falta es voluntad política: que los legisladores cambien la ley. Entonces los jueces no tendrían más remedio que aplicar también esa modificación. Fragmento del dibujo 'Horror. Tortura «El pato»' (septiembre de 1975) Gracias a la ley de amnistía salió mucha gente de prisión, porque todavía quedaban bastantes presos políticos. Pero al mismo tiempo también sirvió para cubrir completamente las espaldas de quienes habían participado en la represión ¿Por qué cree que España continúa siendo una anomalía en Europa en la investigación de los crímenes del franquismo? ¿Ha pesado más la voluntad de “pasar página” que la de depurar responsabilidades? Porque todo estaba 'atado y bien atado'. Con la Transición, el franquismo no se rompió del todo. Hubo elecciones libres, sí, pero ¿quiénes fueron los primeros que ganaron aquellas elecciones? Eran franquistas. Era Adolfo Suárez. Aquella gente, ¿cómo iba a cambiar completamente algo que había defendido durante cuarenta años? No tenían ningún interés real en acabar con aquello. Tenían interés en maquillar un poco el régimen para Europa, para que sus negocios pudieran funcionar mejor, pero al final prevalecieron sus propios intereses. Además, les iba muy bien tener detrás a unos cuantos militares amenazando constantemente con un golpe. Desde la muerte de Franco hubo amenazas continuas y, especialmente entre 1979 y 1981, el ambiente estaba lleno de esa presión militar hasta que llegó el golpe del 23F. Había mucho miedo a que aquello pudiera volver atrás. ¿Qué siente cuando organismos internacionales cuestionan la compatibilidad de la Ley de Amnistía con los principios del derecho internacional sobre verdad, justicia y reparación para las víctimas de crímenes de lesa humanidad? Deberíamos conseguir que todo esto se revisara a fondo. Para mí, la mayor reparación sería precisamente esa: reconocer que luchábamos por cosas que hoy son completamente legales y que, además, forman parte de los derechos humanos, como el derecho de reunión o el derecho de manifestación. Luchábamos por eso, entre otras muchas cosas. Que hubiera un reconocimiento claro de que aquello por lo que fuimos condenados era completamente injusto y de que quienes participaron en esa represión -jueces, policías- fueron responsables de crímenes de lesa humanidad. Aunque la mayoría ya hayan muerto, al menos debería quedar constancia pública de ello. Y los que siguen vivos no deberían continuar cobrando privilegios o sobresueldos vinculados a aquella represión. Porque la policía cobraba sobresueldos por nuestras detenciones y por nuestras torturas. Y esos complementos los han seguido cobrando durante años. ¿Cómo puede ser eso? Eso sí sería una manera de demostrar que realmente existe voluntad de asumir lo que ocurrió. ¿Le preocupa el revisionismo actual sobre la dictadura franquista y el auge de los discursos que la relativizan? Sí, claro, especialmente entre la gente joven. También es verdad que he ido a algunos institutos y universidades y, de momento, no me he encontrado a nadie que defendiera abiertamente la dictadura. Yo siempre les digo: “Si pensáis otra cosa, podéis decirlo y lo hablamos”. Pero nadie me ha dicho a la cara que la dictadura fuera algo a añorar. El problema es que la democracia tiene muchos defectos, los políticos tienen muchos defectos y hay mucha corrupción. Y si la gente joven no conoce realmente lo que fue aquello, puede acabar pensando que era un mundo muy ordenado y muy sencillo. La extrema derecha siempre presenta alternativas sencillas, una especie de nuevo paternalismo: “No pienses demasiado, no te muevas y no pasará nada”. Ese tipo de mensajes pueden hacer mucho daño y ya lo están haciendo. Además, las redes sociales han ayudado muchísimo a eso y detrás hay dinero y mecanismos muy potentes. Por eso nosotros tenemos que intentar explicar al máximo todo lo que sabemos, ofrecer alternativas nuevas y, además, decirles a los jóvenes que piensen. Si realmente piensan que aquello era mejor quiere decir que algo pasa, pero que hagan el esfuerzo de reflexionar antes de decirlo. Roser Rius: "Para mí, la mayor reparación sería reconocer que luchábamos por cosas que hoy son completamente legales y que además forman parte de los derechos humanos" ¿Qué le gustaría que entendiera alguien de 20 años al leer hoy su libro? Cuando presento el libro siempre digo que me gustaría mucho ir a institutos. Ya me han salido algunas oportunidades de hacerlo y también he ido a un par de aulas universitarias. A mí me interesa hablar con la gente joven. No sé si los jóvenes de 20 años están leyendo el libro. Sé de alguna persona joven que sí lo ha leído, pero creo que la mayoría de lectores son personas que sienten que aquello también fue su momento, aunque no sufrieran directamente la represión: gente que ahora tiene entre 65 y 85 años y que vivió aquella época de una manera u otra. Me gustaría que los jóvenes lo leyeran y me dijeran qué piensan, pero, sobre todo, me gustaría que reflexionaran frente a esos discursos de odio y esos mensajes tan simples que circulan por las redes sociales y que acaban calando tanto. Me gustaría que los jóvenes leyeran 'Memòria dibuixada' y me dijeran qué piensan, pero, sobre todo, me gustaría que reflexionaran frente a los discursos de odio y los mensajes tan simples que circulan por las redes sociales y que acaban calando tanto ¿Qué cree que España todavía no ha querido mirar de frente sobre la dictadura? ¿Existe todavía una cultura de protección hacia determinadas estructuras heredadas del franquismo? Yo creo que, después de tantos años desde la Transición, mucha gente ni siquiera se lo pregunta. Hay algunas personas que sí nos lo preguntamos mucho, pero gran parte de la sociedad no ha querido cuestionarse realmente qué pasó. Si tú les dices: “¿Sabes que toda esta gente era la misma que la del Tribunal de Orden Público? ¿Que simplemente se le cambió el nombre y que eran los mismos jueces y los mismos fiscales?”, mucha gente no lo sabe o no ha querido verlo. Pero son cosas que nosotros las tenemos muy claras: hubo toda una política destinada a eso, no fue algo que saliera solo. Y les fue bien. Fue una política de olvido impulsada desde arriba a la que contribuyeron los partidos políticos, la prensa… todo el mundo. Todo aquello tuvo mucha fuerza y, como además las cosas habían mejorado un poco, decidieron no mirar qué es lo que estaba ocurriendo, toda la represión que hubo en las calles a finales de los setenta y principios de los ochenta. Se instaló esa idea de: “Bueno, es que estamos en Europa”, “ya tenemos democracia, ya podemos votar”. Mientras unos decían que había que “cerrar las heridas”, había familias buscando a sus muertos en las fosas sin que casi nadie hablara de ello... De hecho, quienes comenzaron la lucha por la memoria democrática para que todo esto se conociera fueron las personas que tenían a sus padres o abuelos en las cunetas. Fueron ellos quienes comenzaron a presentar querellas, incluso en Argentina. No se creyeron ese discurso de que todo estaba ya superado. Las heridas eran tan profundas que los descendientes todavía las llevan encima y continúan queriendo cerrarlas de verdad.

Será el domingo el que traería de vuelta la inestabilidad, con tormentas que podrían ser probables durante la mañana en la Sierra y otros puntos El tiempo inestable sigue este fin de semana: lluvias el sábado en el norte y domingo con regreso de tormentas El tiempo seguirá sin estabilizarse este fin de semana en la Comunidad de Madrid, con un sábado con cielos despejados en su mayoría, pero también volverán el domingo las tormentas, según la previsión de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). Así, se espera un comienzo de fin de semana con tiempo estable, con mayoría de cielos despejados por la mañana, que podría ir aumentando a nuboso al mediodía, y volviéndose a despejar al final de la jornada del sábado. El viento soplará flojo variable. Sin embargo, será el domingo el que traería de vuelta la inestabilidad, con tormentas que podrían ser probables durante la mañana en la Sierra y otros puntos de la Comunidad. El cielo será poco nuboso durante la madrugada, aumentando en nubosidad en las horas centrales, cuando serán más probables los chubascos. Temperaturas de hasta 25 grados el domingo En cuanto a las temperaturas, el sábado las mínimas descenderán, quedándose ligeramente por encima de los 5 grados, entre los 3 y los 6, con posibles heladas débiles en zonas altas de la Sierra. Las máximas, mientras, subirán y superarán los 20 grados, pudiendo alcanzar los 22 en localidades como Aranjuez. El domingo, tanto las mínimas como las máximas subirán, con mínimas que oscilarán ya entre los 8 y 10 grados, mientras las máximas podrían alcanzar hasta los 20 y 25 grados. El viento será también flojo variable durante esta jornada.

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Será el domingo el que traería de vuelta la inestabilidad, con tormentas que podrían ser probables durante la mañana en la Sierra y otros puntos El tiempo inestable sigue este fin de semana: lluvias el sábado en el norte y domingo con regreso de tormentas El tiempo seguirá sin estabilizarse este fin de semana en la Comunidad de Madrid, con un sábado con cielos despejados en su mayoría, pero también volverán el domingo las tormentas, según la previsión de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). Así, se espera un comienzo de fin de semana con tiempo estable, con mayoría de cielos despejados por la mañana, que podría ir aumentando a nuboso al mediodía, y volviéndose a despejar al final de la jornada del sábado. El viento soplará flojo variable. Sin embargo, será el domingo el que traería de vuelta la inestabilidad, con tormentas que podrían ser probables durante la mañana en la Sierra y otros puntos de la Comunidad. El cielo será poco nuboso durante la madrugada, aumentando en nubosidad en las horas centrales, cuando serán más probables los chubascos. Temperaturas de hasta 25 grados el domingo En cuanto a las temperaturas, el sábado las mínimas descenderán, quedándose ligeramente por encima de los 5 grados, entre los 3 y los 6, con posibles heladas débiles en zonas altas de la Sierra. Las máximas, mientras, subirán y superarán los 20 grados, pudiendo alcanzar los 22 en localidades como Aranjuez. El domingo, tanto las mínimas como las máximas subirán, con mínimas que oscilarán ya entre los 8 y 10 grados, mientras las máximas podrían alcanzar hasta los 20 y 25 grados. El viento será también flojo variable durante esta jornada.

Aemet activado para este sábado aviso amarillo por oleaje en Menorca, y norte de Catalunya, en el Ampurdán, por nieve en el Valle de Arán en LleidaTiempo inestable este fin de semana en Madrid: sábado con cielos despejados, domingo con posibles tormentas La inestabilidad meteorológica y el ambiente frío que han marcado gran parte de la semana continuará el fin de semana, aunque las temperaturas comenzarán un ascenso progresivo que seguirá la próxima semana y que devolverá a un contexto primaveral, según la previsión de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). Este fin de semana, en general, se espera un ambiente con cierta inestabilidad, aunque se tenderá a la estabilización con alguna posibilidad de chubasco: “En general las precipitaciones quedarán acotadas al Cantábrico y serán menos abundantes que en el día previo”, según Aemet en palabras de su portavoz. Así, AEMET ha activado para este sábado aviso amarillo por oleaje en Baleares, en concreto en Menorca, y norte de Catalunya, en el Ampurdán, por nieve en el Valle de Arán en Lleida. Sábado con lluvias débiles en el norte De esta forma, el sábado será un día que tenderá a la estabilidad, quedándose gran parte de la inestabilidad en el norte peninsular, con posibles lluvias débiles en Galicia, área cantábrica y Pirineos occidentales. En Canarias también se podrían dar precipitaciones débiles en el norte de las islas montañosas. En el resto, la mayoría de la jornada transcurrirá con cielos despejados, pero que podrían derivar en nubosidad de evolución por la tarde, dejando algún chubasco ocasional en Andalucía, en el entorno del Estrecho. Podría darse alguna nevada débil en la madrugada en montañas del norte por encima de 1.300 o 1.400 metros. El ambiente de las temperaturas será todavía relativamente frío, aunque comenzará un ascenso de las máximas, todavía ligero. Sin embargo, se amanecerá con heladas en zonas como Ávila, Teruel o Palencia, que tendrán mínimas entorno al 1 o 2 grados. El viento soplará flojo en general, pero se podrían dar rachas fuertes en Ampurdán y en las sierras prelitorales de Tarragona y Castellón. El domingo se extienden las lluvias con posibles tormentas El domingo, por su parte, la inestabilidad, lejos de desaparecer, crece en intensidad y se extiende a más zonas del país, pudiendo haber chubascos con tormenta y localmente fuertes en el nordeste de Catalunya, sierras del centro, este y sur peninsular. Esto se deberá por un predominio de altas presiones. En el resto del territorio, los cielos serán poco nubosos o con intervalos de nubes medias y altas, además de que podrá nevar de forma débil en los Pirineos con una cota en ascenso de 1.500 a 2.000 metros. En cuanto a las temperaturas, las máximas subirán en el interior del tercio nordeste, mientras que en el resto no se esperan cambios, salvo algún descenso ligero en el Cantábrico y el oeste de Andalucía. Las mínimas subirán de forma generalizada en la Península y Baleares, restringiéndose las heladas a zonas altas del Pirineo, sin cambios significativos en Canarias. El viento soplará flojo en el interior y más intenso en los litorales, con posibles intervalos fuertes en el Ampurdán durante la madrugada y con alisio moderado, con intervalos fuertes y posibles rachas muy fuertes en zonas expuestas de las islas Canarias.

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Aemet activado para este sábado aviso amarillo por oleaje en Menorca, y norte de Catalunya, en el Ampurdán, por nieve en el Valle de Arán en LleidaTiempo inestable este fin de semana en Madrid: sábado con cielos despejados, domingo con posibles tormentas La inestabilidad meteorológica y el ambiente frío que han marcado gran parte de la semana continuará el fin de semana, aunque las temperaturas comenzarán un ascenso progresivo que seguirá la próxima semana y que devolverá a un contexto primaveral, según la previsión de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). Este fin de semana, en general, se espera un ambiente con cierta inestabilidad, aunque se tenderá a la estabilización con alguna posibilidad de chubasco: “En general las precipitaciones quedarán acotadas al Cantábrico y serán menos abundantes que en el día previo”, según Aemet en palabras de su portavoz. Así, AEMET ha activado para este sábado aviso amarillo por oleaje en Baleares, en concreto en Menorca, y norte de Catalunya, en el Ampurdán, por nieve en el Valle de Arán en Lleida. Sábado con lluvias débiles en el norte De esta forma, el sábado será un día que tenderá a la estabilidad, quedándose gran parte de la inestabilidad en el norte peninsular, con posibles lluvias débiles en Galicia, área cantábrica y Pirineos occidentales. En Canarias también se podrían dar precipitaciones débiles en el norte de las islas montañosas. En el resto, la mayoría de la jornada transcurrirá con cielos despejados, pero que podrían derivar en nubosidad de evolución por la tarde, dejando algún chubasco ocasional en Andalucía, en el entorno del Estrecho. Podría darse alguna nevada débil en la madrugada en montañas del norte por encima de 1.300 o 1.400 metros. El ambiente de las temperaturas será todavía relativamente frío, aunque comenzará un ascenso de las máximas, todavía ligero. Sin embargo, se amanecerá con heladas en zonas como Ávila, Teruel o Palencia, que tendrán mínimas entorno al 1 o 2 grados. El viento soplará flojo en general, pero se podrían dar rachas fuertes en Ampurdán y en las sierras prelitorales de Tarragona y Castellón. El domingo se extienden las lluvias con posibles tormentas El domingo, por su parte, la inestabilidad, lejos de desaparecer, crece en intensidad y se extiende a más zonas del país, pudiendo haber chubascos con tormenta y localmente fuertes en el nordeste de Catalunya, sierras del centro, este y sur peninsular. Esto se deberá por un predominio de altas presiones. En el resto del territorio, los cielos serán poco nubosos o con intervalos de nubes medias y altas, además de que podrá nevar de forma débil en los Pirineos con una cota en ascenso de 1.500 a 2.000 metros. En cuanto a las temperaturas, las máximas subirán en el interior del tercio nordeste, mientras que en el resto no se esperan cambios, salvo algún descenso ligero en el Cantábrico y el oeste de Andalucía. Las mínimas subirán de forma generalizada en la Península y Baleares, restringiéndose las heladas a zonas altas del Pirineo, sin cambios significativos en Canarias. El viento soplará flojo en el interior y más intenso en los litorales, con posibles intervalos fuertes en el Ampurdán durante la madrugada y con alisio moderado, con intervalos fuertes y posibles rachas muy fuertes en zonas expuestas de las islas Canarias.

Un estudio señala que 14 de los 17 que están registrados aparecieron en aguas gallegas y recuerda que, aunque algunos son sociables, la recomendación es evitar interactuar con estos animalesHemeroteca - Historia de Manoliño, el delfín amistoso de la ría de Noia: cuando los titulares amarillos y los bañistas son una amenaza Es una historia que no deja de repetirse: cada cierto tiempo aparece en algún punto de las rías gallegas un delfín solitario. Algunos se hicieron célebres en los últimos años porque se mostraban curiosos y buscaban el contacto con los humanos. Un grupo de científicos acaba de ponerles cifras a estos casos y la conclusión es que Galicia es territorio de delfines solitarios: 14 de los 17 registrados en aguas españolas desde los años 70 aparecieron en las rías gallegas. La preferencia por estas aguas se debe a una combinación de factores. La especie concreta analizada es el delfín mular (Tursiops truncatus), catalogada como vulnerable en España. Su presencia es más frecuente en la costa atlántica. A más ejemplares, más relaciones se establecen entre ellos y más probabilidad de que surja algún conflicto, que es lo que está detrás de casi todos los casos de delfines solitarios. Explica alrededor del 99% de estas situaciones, dice el biólogo Alfredo López, que es uno de los responsables de la Coordinadora para o Estudo dos Mamíferos Mariños (Cemma) y uno de los autores del estudio que cuantifica los casos, publicado recientemente en la revista Animal Behaviour. Otro de los elementos que favorece que haya delfines solitarios en la costa gallega es la facilidad para encontrar alimento que les ofrecen las rías y su tranquilidad. Al menos hasta que se topan con humanos. López relata que el estudio parte de los datos que han acumulado en los años de intervenciones cuando aparecen cetáceos u otros animales varados. Y de casos concretos como el de Manoliño, también conocido como Confi: uno de los delfines solitarios que se hizo más famoso en Galicia en los últimos años por su actitud amistosa y que ilustra los riesgos de las interacciones con animales salvajes. Manoliño empezó a aparecer a finales de 2019 en la ría de Muros e Noia. Era un ejemplar juvenil que se acercaba a los barcos, pero aún no interactuaba demasiado, y era fácil verlo descansando junto a una boya en Portosín. En cuestión de meses hubo un salto en su sociabilidad -y en el tamaño; llegó medir unos tres metros y pesar 400 kilos, según los registros de Cemma-. Para el verano de 2020, con las restricciones más severas de la pandemia levantadas y la afluencia a las playas, los bañistas empezaron a encontrárselo cerca de la arena. También buscaba a marineros y navalleiros -mariscadores que se sumergen en busca de navajas-, en especial a uno en concreto. Los riesgos para las dos partes Los biólogos recuerdan que, en estos casos, deben evitarse las interacciones -si bien Manoliño era insistente buscándolas- y tener muy presente que, aunque sea amistoso, es un animal salvaje. Y uno de grandes dimensiones, con mucha fuerza y “cien dientes muy afilados en la boca”, recalca López, que señala que se dio un episodio en el que, acosado por motos de agua y sometido a “mucho estrés” terminó mordiendo a una mujer, a pesar de que este ejemplar no tenía una actitud agresiva. Este biólogo, especialista en cetáceos, destaca que cuando estos delfines solitarios se vuelven sociables corren riesgos: si buscan a los humanos, se exponen también a sus máquinas, a residuos como los plásticos -contenido habitual de los estómagos de animales varados- o a posibles ataques. Manoliño fue visto con un arpón clavado en 2022 y Cemma cree que este delfín murió, de hecho, víctima de alguna hélice. En verano de 2025 avisó primero de que había desaparecido y después de que un cuerpo en avanzado estado de descomposición y con cortes que había aparecido en Ferrol era probablemente el suyo. Una suerte similar corrió Ladiña, una cría que apareció en aguas gallegas junto a su madre, Ladeira -incluidas en el recuento de delfines solitarios porque tenían los mismos comportamientos-. Su cadáver fue encontrado con graves cortes en febrero de este año. El delfín Manoliño, o Confi, junto a varios bañistas en Fisterra en 2024. También hay peligros para los humanos y López señala que son animales grandes que pueden hacer daño sin pretenderlo o transmitir alguna enfermedad. El estudio repasa otro caso, el del delfín Gaspar, que apareció en las costas gallegas en 2007 y que tenía comportamientos dominantes si se le molestaba: un bañista terminó con un brazo roto y en otra ocasión arrastró cinco metros, agarrándolo por una aleta, a un buzo que estaba soldando bajo el agua. Buscan compensar carencias “Es peligroso para las dos partes”, recalca. El estudio insiste en la necesidad de tomar medidas para informar a la población cuando aparece alguno de estos delfines solitarios amistosos. En el caso de Manoliño hubo charlas y se distribuyó material por las playas con las recomendaciones fundamentales: no ofrecerle comida, no ir a su encuentro, no tocarlo, salir del agua si aparece y, si el avistamiento es desde una embarcación, evitar interferir con su actividad o cambiar la dirección o acelerar de forma brusca. López señala que mucha gente no identifica que encontrarse con delfín solitario que se acerca a los humanos es una situación excepcional y lo ve simplemente como una vivencia “especial”, sin ser consciente de los efectos negativos para el animal. Explica que no todos los delfines solitarios buscan contacto. Algunos se muestran esquivos y solo unos pocos, por lo general ejemplares jóvenes que se han visto rechazados por su grupo, se vuelven sociables. “Buscan compensar sus carencias sociales y afectivas” y por eso se acercan, dice el biólogo, que repite que no hay que perder de vista que se trata de un animal salvaje. El delfín Manoliño en la ría de Muros en 2024

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Un estudio señala que 14 de los 17 que están registrados aparecieron en aguas gallegas y recuerda que, aunque algunos son sociables, la recomendación es evitar interactuar con estos animalesHemeroteca - Historia de Manoliño, el delfín amistoso de la ría de Noia: cuando los titulares amarillos y los bañistas son una amenaza Es una historia que no deja de repetirse: cada cierto tiempo aparece en algún punto de las rías gallegas un delfín solitario. Algunos se hicieron célebres en los últimos años porque se mostraban curiosos y buscaban el contacto con los humanos. Un grupo de científicos acaba de ponerles cifras a estos casos y la conclusión es que Galicia es territorio de delfines solitarios: 14 de los 17 registrados en aguas españolas desde los años 70 aparecieron en las rías gallegas. La preferencia por estas aguas se debe a una combinación de factores. La especie concreta analizada es el delfín mular (Tursiops truncatus), catalogada como vulnerable en España. Su presencia es más frecuente en la costa atlántica. A más ejemplares, más relaciones se establecen entre ellos y más probabilidad de que surja algún conflicto, que es lo que está detrás de casi todos los casos de delfines solitarios. Explica alrededor del 99% de estas situaciones, dice el biólogo Alfredo López, que es uno de los responsables de la Coordinadora para o Estudo dos Mamíferos Mariños (Cemma) y uno de los autores del estudio que cuantifica los casos, publicado recientemente en la revista Animal Behaviour. Otro de los elementos que favorece que haya delfines solitarios en la costa gallega es la facilidad para encontrar alimento que les ofrecen las rías y su tranquilidad. Al menos hasta que se topan con humanos. López relata que el estudio parte de los datos que han acumulado en los años de intervenciones cuando aparecen cetáceos u otros animales varados. Y de casos concretos como el de Manoliño, también conocido como Confi: uno de los delfines solitarios que se hizo más famoso en Galicia en los últimos años por su actitud amistosa y que ilustra los riesgos de las interacciones con animales salvajes. Manoliño empezó a aparecer a finales de 2019 en la ría de Muros e Noia. Era un ejemplar juvenil que se acercaba a los barcos, pero aún no interactuaba demasiado, y era fácil verlo descansando junto a una boya en Portosín. En cuestión de meses hubo un salto en su sociabilidad -y en el tamaño; llegó medir unos tres metros y pesar 400 kilos, según los registros de Cemma-. Para el verano de 2020, con las restricciones más severas de la pandemia levantadas y la afluencia a las playas, los bañistas empezaron a encontrárselo cerca de la arena. También buscaba a marineros y navalleiros -mariscadores que se sumergen en busca de navajas-, en especial a uno en concreto. Los riesgos para las dos partes Los biólogos recuerdan que, en estos casos, deben evitarse las interacciones -si bien Manoliño era insistente buscándolas- y tener muy presente que, aunque sea amistoso, es un animal salvaje. Y uno de grandes dimensiones, con mucha fuerza y “cien dientes muy afilados en la boca”, recalca López, que señala que se dio un episodio en el que, acosado por motos de agua y sometido a “mucho estrés” terminó mordiendo a una mujer, a pesar de que este ejemplar no tenía una actitud agresiva. Este biólogo, especialista en cetáceos, destaca que cuando estos delfines solitarios se vuelven sociables corren riesgos: si buscan a los humanos, se exponen también a sus máquinas, a residuos como los plásticos -contenido habitual de los estómagos de animales varados- o a posibles ataques. Manoliño fue visto con un arpón clavado en 2022 y Cemma cree que este delfín murió, de hecho, víctima de alguna hélice. En verano de 2025 avisó primero de que había desaparecido y después de que un cuerpo en avanzado estado de descomposición y con cortes que había aparecido en Ferrol era probablemente el suyo. Una suerte similar corrió Ladiña, una cría que apareció en aguas gallegas junto a su madre, Ladeira -incluidas en el recuento de delfines solitarios porque tenían los mismos comportamientos-. Su cadáver fue encontrado con graves cortes en febrero de este año. El delfín Manoliño, o Confi, junto a varios bañistas en Fisterra en 2024. También hay peligros para los humanos y López señala que son animales grandes que pueden hacer daño sin pretenderlo o transmitir alguna enfermedad. El estudio repasa otro caso, el del delfín Gaspar, que apareció en las costas gallegas en 2007 y que tenía comportamientos dominantes si se le molestaba: un bañista terminó con un brazo roto y en otra ocasión arrastró cinco metros, agarrándolo por una aleta, a un buzo que estaba soldando bajo el agua. Buscan compensar carencias “Es peligroso para las dos partes”, recalca. El estudio insiste en la necesidad de tomar medidas para informar a la población cuando aparece alguno de estos delfines solitarios amistosos. En el caso de Manoliño hubo charlas y se distribuyó material por las playas con las recomendaciones fundamentales: no ofrecerle comida, no ir a su encuentro, no tocarlo, salir del agua si aparece y, si el avistamiento es desde una embarcación, evitar interferir con su actividad o cambiar la dirección o acelerar de forma brusca. López señala que mucha gente no identifica que encontrarse con delfín solitario que se acerca a los humanos es una situación excepcional y lo ve simplemente como una vivencia “especial”, sin ser consciente de los efectos negativos para el animal. Explica que no todos los delfines solitarios buscan contacto. Algunos se muestran esquivos y solo unos pocos, por lo general ejemplares jóvenes que se han visto rechazados por su grupo, se vuelven sociables. “Buscan compensar sus carencias sociales y afectivas” y por eso se acercan, dice el biólogo, que repite que no hay que perder de vista que se trata de un animal salvaje. El delfín Manoliño en la ría de Muros en 2024

Premiado por rescatar a jóvenes del aislamiento y el abandono escolar, The Brotherhood (La Hermandad) utiliza la tabla de skate no solo como un complemento deportivo, sino como una herramienta de vidaAsíplanchaba, la comunidad de skate femenino que busca dar visibilidad a las mujeres y luchar contra los estereotipos Lo que comenzó como un gesto de gratitud en una pequeña tienda de skate se ha transformado en un referente nacional de intervención social. Premiado por rescatar a jóvenes del aislamiento y el abandono escolar, The Brotherhood (La Hermandad) utiliza la tabla de skate no solo como un complemento deportivo, sino como una herramienta de vida. Para Asier Uriarte, presidente del club, el skateboarding representa el 75% de su existencia. Fue la disciplina que le dio sus amistades, su pareja y, sobre todo, una lección fundamental: “El skate me ha enseñado a caer y seguir levantándome”. Esa resiliencia es el alma de una entidad que, desde su fundación el 18 de marzo de 2019, ha convertido el asfalto murciano en un aula de valores y un salvavidas psicosocial. De la tienda, a una “familia extra” Parte de la familia de The Brotherhood La historia de The Brotherhood no nació en un despacho, sino en el mostrador de una tienda. Asier, entonces propietario de un negocio especializado, comenzó a ofrecer clases gratuitas como agradecimiento a sus clientes más fieles. El éxito fue inmediato; fueron los propios padres quienes solicitaron formalizar un club donde sus hijos no solo aprendieran técnica, sino que sintieran que “formaban parte de algo especial”. El nombre, The Brotherhood (La Hermandad), no es casualidad. Define una estructura de “familia extra” donde los patinadores veteranos cuidan de los novatos. Esta filosofía se refleja incluso en su gobernanza: una junta directiva compuesta por tres mujeres y dos hombres que apuesta por la igualdad de género desde la cúpula. Lucía Nicolás pasó de usuaria a voluntaria en The Brotherhood Lucía Nicolás es el ejemplo vivo de esta evolución. Entró al club en 2020, con 14 años, siendo la primera alumna femenina. “Llegué arrastrando cosas muy pesadas de las que no había hablado nunca. Sentía que no encajaba en ninguna parte”, confiesa. “El primer día, Asier me puso la tabla bajo los pies y me dijo: ”vamos a conseguir que te mantengas de pie“. Me caí cinco veces en diez minutos y nos reímos juntos. Ahí sentí que podía respirar”. Hoy, a sus 20 años, Lucía es entrenadora y voluntaria, devolviendo el apoyo recibido a las nuevas generaciones. “Skateboarding Saved My Life”: un salvavidas pospandemia El verdadero giro del club ocurrió tras la crisis del covid-19. El equipo detectó que los jóvenes regresaban a las pistas con graves cuadros de depresión, aislamiento y conductas autolesivas. “El deporte pasó a un segundo plano; lo importante pasó a ser todo lo demás”, explica Asier. Esta labor captó la atención de los Servicios Sociales de Murcia, dando lugar al programa “Skateboarding Saved My Life”. El proyecto interviene en barrios desfavorecidos como la pedanía murciana de Los Ramos y recientemente se ha ampliado a Barriomar. Los resultados son tangibles: el club ha logrado la escolarización de niñas de etnia gitana que han titulado en la ESO y jóvenes que han alcanzado el Bachillerato, alejándolos de entornos de riesgo. La voz de los barrios: Manuel y Kaoutar El éxito del proyecto se mide en sus historias personales El éxito de este proyecto se mide en las historias personales de quienes cada día se suben a la tabla. Manuel, un joven de 12 años de etnia gitana, es el vivo ejemplo del cambio de actitud que se respira en el club. Para él, el club es un espacio de igualdad plena: “Aquí me tratan bien como a los demás, todos somos iguales”. Más allá de la técnica, el deporte le ha servido como una herramienta de control de la ira y madurez emocional. Manuel recuerda que, anteriormente, “si algo no me salía, me peleaba con todo el mundo”. Sin embargo, el patinaje le ha enseñado a canalizar la frustración: “Con el skate aprendí que si te enfadas, patinas peor. Ahora pido ayuda y no exploto”. Esta evolución le ha permitido desarrollar una convivencia basada en la tolerancia, afirmando que ahora sabe “escuchar, compartir y respetar, aunque no piensen como yo”. Por su parte, Kaoutar, de 14 años y origen marroquí, pone voz a la confianza ganada a través del esfuerzo. Su proceso de superación personal nació de la pérdida del miedo al juicio externo: “Como te caes delante de todos y nadie se ríe de ti, aprendes que no pasa nada si te equivocas”. Esa seguridad ha traspasado las pistas de skate, logrando que ahora “participe más en clase”. Kaoutar destaca la integración real que define la identidad del grupo, donde la procedencia queda en un segundo plano frente al compromiso personal: “Aquí no importa de dónde venga tu familia. Hay gitanos, marroquíes, sudamericanos, españoles... lo que importa es que te esfuerces”. El reto: un gigante sobre pistas “deplorables” Asier con algunos de sus chicos y chicas Paradójicamente, el club más fuerte de España carece de instalaciones adecuadas. Asier denuncia que las pistas en Murcia tienen 30 años de antigüedad, con grietas y agujeros peligrosos. Manuel lo confirma con tristeza: “Fuimos al skate park 'El Barnés' y no pudimos patinar bien; está sucio, viejo y es peligroso”. El joven sueña con un lugar de suelo liso, rampas sin grietas y luces para patinar hasta tarde con su familia. A pesar de contar con galardones como el Premio Fundación Ibercaja 2025 y la Mención de Honor en los Premios del Voluntariado, el apoyo institucional sigue sin estar a la altura del impacto social generado. A diferencia de otras entidades, The Brotherhood no busca la expansión masiva o la apertura de sucursales. Su objetivo es preservar el formato familiar y un equipo humano alineado con sus valores sociales. Para ellos, el éxito no se mide en trofeos, sino en cada joven que aprende que ninguna caída es definitiva si hay una hermandad dispuesta a ayudarle a levantarse.

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Premiado por rescatar a jóvenes del aislamiento y el abandono escolar, The Brotherhood (La Hermandad) utiliza la tabla de skate no solo como un complemento deportivo, sino como una herramienta de vidaAsíplanchaba, la comunidad de skate femenino que busca dar visibilidad a las mujeres y luchar contra los estereotipos Lo que comenzó como un gesto de gratitud en una pequeña tienda de skate se ha transformado en un referente nacional de intervención social. Premiado por rescatar a jóvenes del aislamiento y el abandono escolar, The Brotherhood (La Hermandad) utiliza la tabla de skate no solo como un complemento deportivo, sino como una herramienta de vida. Para Asier Uriarte, presidente del club, el skateboarding representa el 75% de su existencia. Fue la disciplina que le dio sus amistades, su pareja y, sobre todo, una lección fundamental: “El skate me ha enseñado a caer y seguir levantándome”. Esa resiliencia es el alma de una entidad que, desde su fundación el 18 de marzo de 2019, ha convertido el asfalto murciano en un aula de valores y un salvavidas psicosocial. De la tienda, a una “familia extra” Parte de la familia de The Brotherhood La historia de The Brotherhood no nació en un despacho, sino en el mostrador de una tienda. Asier, entonces propietario de un negocio especializado, comenzó a ofrecer clases gratuitas como agradecimiento a sus clientes más fieles. El éxito fue inmediato; fueron los propios padres quienes solicitaron formalizar un club donde sus hijos no solo aprendieran técnica, sino que sintieran que “formaban parte de algo especial”. El nombre, The Brotherhood (La Hermandad), no es casualidad. Define una estructura de “familia extra” donde los patinadores veteranos cuidan de los novatos. Esta filosofía se refleja incluso en su gobernanza: una junta directiva compuesta por tres mujeres y dos hombres que apuesta por la igualdad de género desde la cúpula. Lucía Nicolás pasó de usuaria a voluntaria en The Brotherhood Lucía Nicolás es el ejemplo vivo de esta evolución. Entró al club en 2020, con 14 años, siendo la primera alumna femenina. “Llegué arrastrando cosas muy pesadas de las que no había hablado nunca. Sentía que no encajaba en ninguna parte”, confiesa. “El primer día, Asier me puso la tabla bajo los pies y me dijo: ”vamos a conseguir que te mantengas de pie“. Me caí cinco veces en diez minutos y nos reímos juntos. Ahí sentí que podía respirar”. Hoy, a sus 20 años, Lucía es entrenadora y voluntaria, devolviendo el apoyo recibido a las nuevas generaciones. “Skateboarding Saved My Life”: un salvavidas pospandemia El verdadero giro del club ocurrió tras la crisis del covid-19. El equipo detectó que los jóvenes regresaban a las pistas con graves cuadros de depresión, aislamiento y conductas autolesivas. “El deporte pasó a un segundo plano; lo importante pasó a ser todo lo demás”, explica Asier. Esta labor captó la atención de los Servicios Sociales de Murcia, dando lugar al programa “Skateboarding Saved My Life”. El proyecto interviene en barrios desfavorecidos como la pedanía murciana de Los Ramos y recientemente se ha ampliado a Barriomar. Los resultados son tangibles: el club ha logrado la escolarización de niñas de etnia gitana que han titulado en la ESO y jóvenes que han alcanzado el Bachillerato, alejándolos de entornos de riesgo. La voz de los barrios: Manuel y Kaoutar El éxito del proyecto se mide en sus historias personales El éxito de este proyecto se mide en las historias personales de quienes cada día se suben a la tabla. Manuel, un joven de 12 años de etnia gitana, es el vivo ejemplo del cambio de actitud que se respira en el club. Para él, el club es un espacio de igualdad plena: “Aquí me tratan bien como a los demás, todos somos iguales”. Más allá de la técnica, el deporte le ha servido como una herramienta de control de la ira y madurez emocional. Manuel recuerda que, anteriormente, “si algo no me salía, me peleaba con todo el mundo”. Sin embargo, el patinaje le ha enseñado a canalizar la frustración: “Con el skate aprendí que si te enfadas, patinas peor. Ahora pido ayuda y no exploto”. Esta evolución le ha permitido desarrollar una convivencia basada en la tolerancia, afirmando que ahora sabe “escuchar, compartir y respetar, aunque no piensen como yo”. Por su parte, Kaoutar, de 14 años y origen marroquí, pone voz a la confianza ganada a través del esfuerzo. Su proceso de superación personal nació de la pérdida del miedo al juicio externo: “Como te caes delante de todos y nadie se ríe de ti, aprendes que no pasa nada si te equivocas”. Esa seguridad ha traspasado las pistas de skate, logrando que ahora “participe más en clase”. Kaoutar destaca la integración real que define la identidad del grupo, donde la procedencia queda en un segundo plano frente al compromiso personal: “Aquí no importa de dónde venga tu familia. Hay gitanos, marroquíes, sudamericanos, españoles... lo que importa es que te esfuerces”. El reto: un gigante sobre pistas “deplorables” Asier con algunos de sus chicos y chicas Paradójicamente, el club más fuerte de España carece de instalaciones adecuadas. Asier denuncia que las pistas en Murcia tienen 30 años de antigüedad, con grietas y agujeros peligrosos. Manuel lo confirma con tristeza: “Fuimos al skate park 'El Barnés' y no pudimos patinar bien; está sucio, viejo y es peligroso”. El joven sueña con un lugar de suelo liso, rampas sin grietas y luces para patinar hasta tarde con su familia. A pesar de contar con galardones como el Premio Fundación Ibercaja 2025 y la Mención de Honor en los Premios del Voluntariado, el apoyo institucional sigue sin estar a la altura del impacto social generado. A diferencia de otras entidades, The Brotherhood no busca la expansión masiva o la apertura de sucursales. Su objetivo es preservar el formato familiar y un equipo humano alineado con sus valores sociales. Para ellos, el éxito no se mide en trofeos, sino en cada joven que aprende que ninguna caída es definitiva si hay una hermandad dispuesta a ayudarle a levantarse.

La antigua fábrica de la multinacional GKN en Campi Bisenzio, en la Toscana, lleva ocupada desde julio de 2021 por sus más de 400 trabajadores, que ahora luchan por sacar adelante un proyecto de reindustrialización ecológico y cooperativo.Temas principal: ItaliaLeer artículo completo

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Les dijo que esas libertades que tanto había costado conseguir, las que tenían ahora porque otras mujeres habían luchado por ellas antes, están siempre en disputa.Temas principal: La vida y yaLeer artículo completo

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No digo que no los haya, porque los hay, pero son menos, muchos menos, y ponerles en el foco, darles voz e, incluso, simplemente hacer mención a su existencia lo único que está haciendo es legitimar a la extrema derecha.Temas principal: AntifascismoLeer artículo completo

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Вена в третий раз принимает "Евровидение". Бюджет конкурса – больше 30 миллионов евро, сцена – в стиле венского модерна, грин-рум – настоящая венская кофейня. В медиацентре "Евровидения" – журналисты со всего света, причем некоторые из них работают на конкурсе десятки лет. Например, JP – директор Radio International из Германии. Это его 21-й конкурс. "Для меня сюрпризом стал первый полуфинал. Мне очень понравилась пеcня из Литвы. По-настоящему потрясающий певец. Этот голос... до сих пор ее...

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Como Germán Naranjo Maldini, ejecutivo de la empresa Landes, fue identificado el chileno detenido en Brasil tras protagonizar un...

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John VanBeber and Lane Hitt left Texas to build Aethera. Last week, Austin Fashion Week brought them home.

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El crucero Ambition llega este sábado al puerto de A Coruña tras detectarse un brote de gastroenteritis a bordo con 30 casos activos entre más de 1.750 personas. Sanidad Exterior inspeccionará el buque antes de decidir si autoriza el desembarque del pasaje.

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El crucero Ambition llega este sábado al puerto de A Coruña tras detectarse un brote de gastroenteritis a bordo con 30 casos activos entre más de 1.750 personas. Sanidad Exterior inspeccionará el buque antes de decidir si autoriza el desembarque del pasaje.

Як українські дрони змогли вразити російську логістику на такій глибині і як це може вплинути на фронт?

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Як українські дрони змогли вразити російську логістику на такій глибині і як це може вплинути на фронт?

Per Silvio Falcón   Les eleccions del 7 de maig a Escòcia i Gal·les no parlen només de sobiranisme, com es podria pensar a primer cop d'ull. Parlen, sobretot, d'una lliçó que el progressisme britànic encara no ha sabut llegir amb prou claredat: que davant l'avenç de la dreta radical, només es pot resistir amb projectes de govern arrelats al territori i amb capacitat real de transformació. I això vol dir, agradi o no a Westminster, refer una aliança política multinivell amb les perifèries nacionals que el laborisme porta dècades tractant amb una barreja de paternalisme i indiferència. Quan parlem d'Escòcia i de Gal·les, tendim a pensar en qüestió nacional, en referèndums, en banderes i en la batalla simbòlica que des de fa dècades caracteritza els sobiranismes britànics. Tot plegat és cert, però els resultats del 7 de maig de 2026 demanen una lectura diferent i, en certa mesura, més incòmoda per a alguns dels seus protagonistes. La notícia de fons no és que l'SNP hagi guanyat un cinquè mandat consecutiu o que Plaid Cymru hagi fet història al Senedd, malgrat que aquests dos fets ja serien prou rellevants per omplir cròniques durant setmanes. La notícia de fons és una altra: mentre a Anglaterra Reform UK arrasava a les municipals sense que cap força progressista fos capaç de posar-li fre, a Escòcia i a Gal·les el mapa ha quedat dibuixat d'una altra manera. No immaculat, ni de bon tros, i no exempt de senyals d'alerta que caldrà saber llegir, però sí substancialment diferent. Aquesta és, en definitiva, l'excepció gal·lesa i escocesa: dos territoris on el progressisme resisteix, però amb uns protagonistes nous que el laborisme britànic porta anys ignorant i que ara, paradoxalment, resulta que són la seva única taula de salvació possible. Tot això s'ha de llegir, a més, en un context que no convé perdre de vista en cap moment: el del Regne Unit post-Brexit. La sortida de la Unió Europea ha accentuat les fractures territorials preexistents i ha generat una desafecció econòmica de fons que les forces populistes han sabut canalitzar amb una eficàcia notable, especialment a Anglaterra. El que el 7 de maig ens mostra, en realitat, és una illa que es trenca en tres direccions ben diferenciades: una Anglaterra que es replega cap a un nacionalisme reactiu i identitari de tons cada cop més inquietants, una Gal·les que es polaritza entre l'avenç de Plaid Cymru i el creixement de Reform sense gaire espai per al centre, i una Escòcia que resisteix sostenint estructures progressistes consolidades després d'anys de govern de l'SNP. Tres respostes diferents al mateix xoc post-Brexit, i totes tres mereixen una lectura atenta perquè entre elles es juga el futur immediat del Regne Unit. La pregunta veritablement rellevant, doncs, no és si John Swinney o Rhun ap Iorwerth governaran, perquè tot apunta que sí ho faran. La pregunta és si Keir Starmer serà capaç d'entendre que la sortida a la seva crisi passa, paradoxalment, per les mateixes forces davant les quals acaba de perdre la perifèria.   La crisi del laborisme Comencem pel que de debò ha passat el 7 de maig, que no és el triomf dels sobiranistes sinó el col·lapse dels laboristes, encara que els grans titulars hagin tendit a presentar-ho a la inversa. A Gal·les, Welsh Labour va obtenir només nou escons en un Senedd de 96 membres, una xifra que en termes històrics gairebé costa de processar. Nou diputats per a una formació que ha estat la força electoral hegemònica al país des de 1922 i que ha governat Cardiff de manera ininterrompuda des de la posada en marxa de la devolució el 1999. Eluned Morgan, a més, va perdre el seu propi escó mentre exercia de primera ministra, una circumstància que no li havia passat mai a cap primer ministre gal·lès en exercici i que, per si sola, ja dona la mesura del sotrac. Des de l'escenari del recompte, Morgan va dir que “l'era del bipartidisme ha mort”, i difícilment es podria resumir el moment amb menys paraules i més precisió. Cal afegir-hi, val a dir-ho, que el sistema de partits gal·lès, tal com l'havíem conegut fins ara, ha patit una mutació de calat que tindrà conseqüències durant anys. A Escòcia el quadre és menys catastròfic en xifres, però no pas en diagnòstic, i seria un error consolar-se amb la comparació. Scottish Labour ha quedat en segon lloc empatat amb Reform UK, a 17 escons cadascun, una circumstància simbòlicament demolidora si tenim present que parlem del partit que durant dècades havia exercit d'alternativa natural al Partit Conservador a Escòcia. Anas Sarwar, que recordem que havia demanat públicament la dimissió de Starmer el passat febrer, ha conduït el seu partit a un resultat sense cap lectura optimista possible. El laborisme escocès porta dècades intentant recuperar-se del sotrac que li va infligir l'SNP a partir del referèndum d'independència de 2014, i els resultats del 7 de maig demostren amb cruesa que el procés de recuperació s'ha aturat o, encara pitjor, ha reculat fins a un punt de difícil retorn. El problema de fons és conegut per qualsevol observador atent de la política britànica, però val la pena parlar-ne sense embuts: el laborisme britànic porta anys oferint a Escòcia i a Gal·les un discurs ple de retòrica devolutiva però sense cedir poder real, i ara aquesta factura s'ha presentat amb tota la seva cruesa a les dues bandes alhora. El cas gal·lès, en aquest sentit, té una sensibilitat particular a les dinàmiques polítiques del seu veí del nord, cosa que amplifica qualsevol senyal de fatiga del model. El resultat de tot plegat és una desafecció acumulada que ha beneficiat alhora les forces sobiranistes progressistes i la dreta radical, dos símptomes molt diferents del mateix malestar de fons. Que les dues sortides puguin coexistir al mateix territori, com es veu a Gal·les, hauria de fer reflexionar seriosament Westminster, perquè significa que el malestar és estructural i no pas conjuntural.   SNP i Plaid Cymru: vocació de govern Plaid Cymru ha emergit com a primera força al Senedd amb 43 escons, una fita que fa només una dècada hauria semblat un escenari de ficció política. L'SNP, per la seva banda, ha conquerit un cinquè mandat consecutiu a Holyrood amb 58 diputats, confirmant així que la seva recuperació després de la greu crisi interna que va comportar la sortida de Nicola Sturgeon és ja un fet consolidat i no pas una circumstància conjuntural. Val la pena subratllar aquesta dada amb una certa insistència, perquè durant un temps va semblar que el partit escocès podia entrar en una espiral de descomposició similar a la que en el seu moment han patit altres formacions sobiranistes europees, i finalment no ha estat així. Tots dos resultats, el gal·lès i l'escocès, comparteixen una mateixa lògica de fons que cal posar en valor: la de l'independentisme entès com a eina de transformació social, no pas com a finalitat tancada en si mateixa. El politòleg Marc Sanjaume va identificar en el seu assaig 'Independència i progrés'  el que va anomenar el “trilema de l'independentisme democràtic”, és a dir, la dificultat de mantenir en equilibri tres factors que sovint operen en direccions oposades: la governabilitat eficaç, els suports electorals amplis i l'avenç cap a l'objectiu de la independència. SNP i Plaid han gestionat aquest trilema amb un pragmatisme que, val a dir-ho, els ha generat tensions internes en més d'una ocasió però que ha acabat donant resultats tangibles a les urnes. Rhun ap Iorwerth ha centrat la campanya gal·lesa en la sanitat, el cost de la vida i els serveis públics, posposant explícitament el debat sobre el referèndum d'independència a una etapa posterior. John Swinney, per la seva banda, ha admès públicament que l’SNP no estava ‘guanyant l’argument’ sobre la independència, i durant aquesta etapa ha insistit reiteradament en la necessitat de recuperar credibilitat de govern abans de tornar a situar la qüestió constitucional al centre del debat polític escocès. Qui hagi seguit l'evolució d'ERC, d'EH Bildu o del BNG durant els darrers quinze anys reconeixerà la recepta sense gaire esforç, perquè és substancialment la mateixa: la independència entesa com a mitjà i no com a finalitat, governar bé com a millor propaganda possible i demostrar que ets una alternativa viable dins del marc actual com a manera de convèncer els indecisos que també seràs millor alternativa fora d'ell. SNP i Plaid apliquen aquesta lògica en un context diferent, certament, però amb una coherència estratègica que mereix ser estudiada amb deteniment per part de qui, des d'aquí, intenta navegar dilemes semblants.   Reform UK: una amenaça real Cap lectura honesta del 7 de maig pot ignorar Reform UK, ni tampoc minimitzar-ne la magnitud. A Gal·les ha aconseguit 34 escons, situant-se com a segona força del Senedd i confirmant que la polarització gal·lesa és real i no pas una projecció catastrofista d'analistes alarmistes. A Escòcia, 17 diputats, tots obtinguts per llistes regionals, l'instal·len per primer cop amb una presència significativa a Holyrood. La dreta radical populista de Nigel Farage ha entrat, per tant, de ple en els parlaments devolutius que en teoria hauria d'odiar per principi, i ho ha fet aprofitant precisament els sistemes electorals proporcionals que existeixen per garantir la pluralitat democràtica. Una paradoxa que, dit sigui de passada, mereixeria un assaig per ella mateixa. A Anglaterra, a les municipals, Reform ha triomfat allà on el laborisme ha deixat un buit polític per absència de propostes engrescadores i on el conservadorisme arrossega el desgast d'anys de gestió erràtica, especialment durant tot el procés del Brexit. A Escòcia i a Gal·les, en canvi, aquest mateix buit no s'ha pogut obrir amb la mateixa amplitud, i la raó és senzilla: SNP i Plaid l'havien anat ocupant pacientment durant anys amb política social i amb un discurs orientat a governar. Reform hi ha crescut, és veritat, però no hi ha guanyat ni hi té perspectives realistes de governar. La diferència, en aquest sentit, no es pot reduir només a factors culturals o identitaris, que òbviament hi pesen i que seria una ingenuïtat negar, sinó que té sobretot una arrel política i estratègica: allà on hi ha una força progressista ben arrelada i atenta als problemes quotidians de la gent, la dreta radical troba menys espai per créixer i menys malestar a canalitzar. El missatge de Reform és senzill i demolidor a parts iguals: el problema no és Londres, el problema és la immigració i la burocràcia europea heretada. Un missatge que, a la pràctica, no té res a veure amb les competències reals del Senedd o de Holyrood, però que connecta amb un malestar econòmic post-Brexit que el laborisme ha estat incapaç de canalitzar i que, en certa manera, els propis laboristes van contribuir a inflar quan van decidir no qüestionar el marc del Brexit per no perdre els seus votants tradicionals d'Anglaterra. Reform, val a dir-ho, difícilment es convertirà a curt termini en una força de govern —ni a Holyrood ni al Senedd, i la resta de partits l'exclouen explícitament com a soci—, però sí que aspira clarament a condicionar el sistema polític britànic des de fora, que no és poca cosa. La dreta radical, en definitiva, no governa, però marca el terreny de joc en què els altres es veuen obligats a moure's.   Recuperar la perifèria? La situació que s'obre al Regne Unit no és, cal aclarir-ho d'entrada, la d'una aritmètica parlamentària que obligui Starmer a buscar suports a la perifèria, perquè el laborisme manté la majoria absoluta a Westminster des de les generals de 2024 i no necessita ni SNP ni Plaid per aprovar les seves lleis. La situació, en realitat, és força més incòmoda que això. Starmer no depèn parlamentàriament dels sobiranistes, però sí que depèn electoralment de recuperar el votant que els ha abandonat. Aquesta interdependència és, per tant, molt més profunda i de més difícil resolució que qualsevol negociació pressupostària puntual. Molts dels exvotants laboristes a Escòcia i a Gal·les no han marxat cap a Reform, com sí ha passat massivament a Anglaterra, sinó que han optat per l'SNP i Plaid Cymru. Aquest fet, lluny de ser una mala notícia per al laborisme, hauria de llegir-se com una oportunitat de primer ordre: aquests votants no s'han radicalitzat ni han girat a la dreta, simplement han buscat un projecte progressista més creïble que el que oferia un Welsh Labour esgotat o un Scottish Labour incapaç de marcar perfil propi. Recuperar-los, doncs, no exigeix renunciar a cap principi ideològic, sinó tornar a parlar el seu llenguatge i tornar a entendre què necessiten. I aquí és on convindria que el laborisme britànic recuperés una conversa que va abandonar massa ràpidament després del referèndum escocès de 2014: la del devo max, és a dir, la profundització de la devolució fins als límits que permet el marc constitucional britànic sense arribar pròpiament a la independència. Aquella va ser, val a recordar-ho, la proposta amb què Gordon Brown va aconseguir mobilitzar in extremis el vot del No a Escòcia, articulant un discurs creïble sobre una autonomia ampliada que connectava amb una part important de l'electorat que no era independentista però que tampoc volia un statu quo immobilista. Brown va exercir aleshores un paper que ni Cameron ni Miliband eren capaços de jugar, i ho va fer precisament perquè parlava des d'una tradició laborista escocesa que entenia el país. Aquella veu, avui, pràcticament ha desaparegut del debat britànic, i la seva absència explica en bona part el col·lapse actual. Recuperar el 'devo max' avui, però, no pot ser una etiqueta nostàlgica que es treu de l'arxiu per omplir un titular, sinó una proposta amb traduccions institucionals concretes i contemporànies. Vol dir, en línies generals, parlar seriosament d'una autonomia fiscal més àmplia per a Holyrood i Cardiff, d'una transferència real de les competències energètiques en un moment de transició ecològica que afecta especialment territoris com l'Escòcia del nord o les valls gal·leses, d'un trasllat efectiu de la justícia i de capacitats normatives pròpies que avui Westminster encara reté per pura inèrcia centralista, i d'un sistema estable de relacions intergovernamentals que substitueixi l'actual model de concessions discrecionals des del centre. No és, ben mirat, una agenda revolucionària; és, més aviat, l'agenda mínima que un laborisme amb visió d'Estat hauria de subscriure si vol disputar electoralment el terreny a SNP i a Plaid sense haver de prometre allò que no està disposat a complir. Tornar a posar aquesta proposta sobre la taula no seria, ben mirat, una concessió als sobiranistes, sinó una manera intel·ligent de competir-hi electoralment, oferint al votant progressista escocès i gal·lès una alternativa que reconegui les seves demandes d'autogovern sense passar per la independència. La fórmula no exigeix que Starmer accepti cap referèndum ni que SNP i Plaid renunciïn als seus objectius nacionals a llarg termini, perquè aquests són debats que es jugaran en altres terrenys i en altres calendaris. Exigeix, en canvi, una cosa que sembla senzilla d'enunciar però que als estats centralistes sol ser extraordinàriament difícil de practicar: tractar la política devolutiva com una relació entre iguals, no com una concessió atorgada des del centre quan convé. Hi ha, a més, un terreny d'agenda compartida que beneficiaria objectivament els tres governs sense necessitat de pactes formals: salut, habitatge, energia i mercat de treball. Coordinar accions en aquests àmbits enviaria al conjunt del país un missatge de governabilitat progressista que és, ni més ni menys, el que Reform vol impedir. No cal una aliança estable ni cap arquitectura institucional nova; n'hi hauria prou amb que Westminster deixés de tractar Holyrood i Cardiff com a problemes a contenir i comencés a tractar-los com a socis amb qui disputar el relat sobre qui resol els problemes reals de la gent. El laborisme britànic, en definitiva, ha d'aprendre la lliçó que el seu homòleg espanyol ha trigat anys a assimilar i que encara no ha incorporat del tot: els sobiranismes d'esquerres no són el seu enemic estratègic, sinó els seus competidors naturals en un espai progressista que cal disputar amb propostes, no amb desdeny. La crisi actual no l'han creada SNP ni Plaid, ni tampoc Reform en darrera instància. La crisi l'ha creada un laborisme que va creure que podia governar eternament la perifèria sense escoltar-la i sense renovar la seva oferta en clau territorial.   Una excepció que cal cuidar Les eleccions a Escòcia i a Gal·les han demostrat, doncs, que quan hi ha forces progressistes ben arrelades, amb proposta de govern i discurs social sòlid, la dreta radical no s'imposa fàcilment, encara que el context hi ajudi i la marea sembli imparable. Aquesta és, condensada en una sola frase, l'excepció gal·lesa i escocesa en un Regne Unit on Anglaterra es replega, Gal·les es polaritza i Escòcia resisteix. El nou tauler britànic no és, doncs, el d'un enfrontament tradicional entre unionisme i independentisme, com encara s'entesta a presentar-lo una part de la premsa londinenca. És, més aviat, el d'una aliança progressista possible entre tres governs que comparteixen l'interès objectiu de demostrar que la política, malgrat tot, pot resoldre els problemes reals de la gent en un context post-Brexit ple de tensions. Si Starmer és capaç de llegir-ho a temps, té al davant una oportunitat històrica que segurament no es repetirà. Si no ho és, la dreta radical s'encarregarà de recordar-li, eleccions rere eleccions, que el buit sempre l'omple algú.

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Per Silvio Falcón   Les eleccions del 7 de maig a Escòcia i Gal·les no parlen només de sobiranisme, com es podria pensar a primer cop d'ull. Parlen, sobretot, d'una lliçó que el progressisme britànic encara no ha sabut llegir amb prou claredat: que davant l'avenç de la dreta radical, només es pot resistir amb projectes de govern arrelats al territori i amb capacitat real de transformació. I això vol dir, agradi o no a Westminster, refer una aliança política multinivell amb les perifèries nacionals que el laborisme porta dècades tractant amb una barreja de paternalisme i indiferència. Quan parlem d'Escòcia i de Gal·les, tendim a pensar en qüestió nacional, en referèndums, en banderes i en la batalla simbòlica que des de fa dècades caracteritza els sobiranismes britànics. Tot plegat és cert, però els resultats del 7 de maig de 2026 demanen una lectura diferent i, en certa mesura, més incòmoda per a alguns dels seus protagonistes. La notícia de fons no és que l'SNP hagi guanyat un cinquè mandat consecutiu o que Plaid Cymru hagi fet història al Senedd, malgrat que aquests dos fets ja serien prou rellevants per omplir cròniques durant setmanes. La notícia de fons és una altra: mentre a Anglaterra Reform UK arrasava a les municipals sense que cap força progressista fos capaç de posar-li fre, a Escòcia i a Gal·les el mapa ha quedat dibuixat d'una altra manera. No immaculat, ni de bon tros, i no exempt de senyals d'alerta que caldrà saber llegir, però sí substancialment diferent. Aquesta és, en definitiva, l'excepció gal·lesa i escocesa: dos territoris on el progressisme resisteix, però amb uns protagonistes nous que el laborisme britànic porta anys ignorant i que ara, paradoxalment, resulta que són la seva única taula de salvació possible. Tot això s'ha de llegir, a més, en un context que no convé perdre de vista en cap moment: el del Regne Unit post-Brexit. La sortida de la Unió Europea ha accentuat les fractures territorials preexistents i ha generat una desafecció econòmica de fons que les forces populistes han sabut canalitzar amb una eficàcia notable, especialment a Anglaterra. El que el 7 de maig ens mostra, en realitat, és una illa que es trenca en tres direccions ben diferenciades: una Anglaterra que es replega cap a un nacionalisme reactiu i identitari de tons cada cop més inquietants, una Gal·les que es polaritza entre l'avenç de Plaid Cymru i el creixement de Reform sense gaire espai per al centre, i una Escòcia que resisteix sostenint estructures progressistes consolidades després d'anys de govern de l'SNP. Tres respostes diferents al mateix xoc post-Brexit, i totes tres mereixen una lectura atenta perquè entre elles es juga el futur immediat del Regne Unit. La pregunta veritablement rellevant, doncs, no és si John Swinney o Rhun ap Iorwerth governaran, perquè tot apunta que sí ho faran. La pregunta és si Keir Starmer serà capaç d'entendre que la sortida a la seva crisi passa, paradoxalment, per les mateixes forces davant les quals acaba de perdre la perifèria.   La crisi del laborisme Comencem pel que de debò ha passat el 7 de maig, que no és el triomf dels sobiranistes sinó el col·lapse dels laboristes, encara que els grans titulars hagin tendit a presentar-ho a la inversa. A Gal·les, Welsh Labour va obtenir només nou escons en un Senedd de 96 membres, una xifra que en termes històrics gairebé costa de processar. Nou diputats per a una formació que ha estat la força electoral hegemònica al país des de 1922 i que ha governat Cardiff de manera ininterrompuda des de la posada en marxa de la devolució el 1999. Eluned Morgan, a més, va perdre el seu propi escó mentre exercia de primera ministra, una circumstància que no li havia passat mai a cap primer ministre gal·lès en exercici i que, per si sola, ja dona la mesura del sotrac. Des de l'escenari del recompte, Morgan va dir que “l'era del bipartidisme ha mort”, i difícilment es podria resumir el moment amb menys paraules i més precisió. Cal afegir-hi, val a dir-ho, que el sistema de partits gal·lès, tal com l'havíem conegut fins ara, ha patit una mutació de calat que tindrà conseqüències durant anys. A Escòcia el quadre és menys catastròfic en xifres, però no pas en diagnòstic, i seria un error consolar-se amb la comparació. Scottish Labour ha quedat en segon lloc empatat amb Reform UK, a 17 escons cadascun, una circumstància simbòlicament demolidora si tenim present que parlem del partit que durant dècades havia exercit d'alternativa natural al Partit Conservador a Escòcia. Anas Sarwar, que recordem que havia demanat públicament la dimissió de Starmer el passat febrer, ha conduït el seu partit a un resultat sense cap lectura optimista possible. El laborisme escocès porta dècades intentant recuperar-se del sotrac que li va infligir l'SNP a partir del referèndum d'independència de 2014, i els resultats del 7 de maig demostren amb cruesa que el procés de recuperació s'ha aturat o, encara pitjor, ha reculat fins a un punt de difícil retorn. El problema de fons és conegut per qualsevol observador atent de la política britànica, però val la pena parlar-ne sense embuts: el laborisme britànic porta anys oferint a Escòcia i a Gal·les un discurs ple de retòrica devolutiva però sense cedir poder real, i ara aquesta factura s'ha presentat amb tota la seva cruesa a les dues bandes alhora. El cas gal·lès, en aquest sentit, té una sensibilitat particular a les dinàmiques polítiques del seu veí del nord, cosa que amplifica qualsevol senyal de fatiga del model. El resultat de tot plegat és una desafecció acumulada que ha beneficiat alhora les forces sobiranistes progressistes i la dreta radical, dos símptomes molt diferents del mateix malestar de fons. Que les dues sortides puguin coexistir al mateix territori, com es veu a Gal·les, hauria de fer reflexionar seriosament Westminster, perquè significa que el malestar és estructural i no pas conjuntural.   SNP i Plaid Cymru: vocació de govern Plaid Cymru ha emergit com a primera força al Senedd amb 43 escons, una fita que fa només una dècada hauria semblat un escenari de ficció política. L'SNP, per la seva banda, ha conquerit un cinquè mandat consecutiu a Holyrood amb 58 diputats, confirmant així que la seva recuperació després de la greu crisi interna que va comportar la sortida de Nicola Sturgeon és ja un fet consolidat i no pas una circumstància conjuntural. Val la pena subratllar aquesta dada amb una certa insistència, perquè durant un temps va semblar que el partit escocès podia entrar en una espiral de descomposició similar a la que en el seu moment han patit altres formacions sobiranistes europees, i finalment no ha estat així. Tots dos resultats, el gal·lès i l'escocès, comparteixen una mateixa lògica de fons que cal posar en valor: la de l'independentisme entès com a eina de transformació social, no pas com a finalitat tancada en si mateixa. El politòleg Marc Sanjaume va identificar en el seu assaig 'Independència i progrés'  el que va anomenar el “trilema de l'independentisme democràtic”, és a dir, la dificultat de mantenir en equilibri tres factors que sovint operen en direccions oposades: la governabilitat eficaç, els suports electorals amplis i l'avenç cap a l'objectiu de la independència. SNP i Plaid han gestionat aquest trilema amb un pragmatisme que, val a dir-ho, els ha generat tensions internes en més d'una ocasió però que ha acabat donant resultats tangibles a les urnes. Rhun ap Iorwerth ha centrat la campanya gal·lesa en la sanitat, el cost de la vida i els serveis públics, posposant explícitament el debat sobre el referèndum d'independència a una etapa posterior. John Swinney, per la seva banda, ha admès públicament que l’SNP no estava ‘guanyant l’argument’ sobre la independència, i durant aquesta etapa ha insistit reiteradament en la necessitat de recuperar credibilitat de govern abans de tornar a situar la qüestió constitucional al centre del debat polític escocès. Qui hagi seguit l'evolució d'ERC, d'EH Bildu o del BNG durant els darrers quinze anys reconeixerà la recepta sense gaire esforç, perquè és substancialment la mateixa: la independència entesa com a mitjà i no com a finalitat, governar bé com a millor propaganda possible i demostrar que ets una alternativa viable dins del marc actual com a manera de convèncer els indecisos que també seràs millor alternativa fora d'ell. SNP i Plaid apliquen aquesta lògica en un context diferent, certament, però amb una coherència estratègica que mereix ser estudiada amb deteniment per part de qui, des d'aquí, intenta navegar dilemes semblants.   Reform UK: una amenaça real Cap lectura honesta del 7 de maig pot ignorar Reform UK, ni tampoc minimitzar-ne la magnitud. A Gal·les ha aconseguit 34 escons, situant-se com a segona força del Senedd i confirmant que la polarització gal·lesa és real i no pas una projecció catastrofista d'analistes alarmistes. A Escòcia, 17 diputats, tots obtinguts per llistes regionals, l'instal·len per primer cop amb una presència significativa a Holyrood. La dreta radical populista de Nigel Farage ha entrat, per tant, de ple en els parlaments devolutius que en teoria hauria d'odiar per principi, i ho ha fet aprofitant precisament els sistemes electorals proporcionals que existeixen per garantir la pluralitat democràtica. Una paradoxa que, dit sigui de passada, mereixeria un assaig per ella mateixa. A Anglaterra, a les municipals, Reform ha triomfat allà on el laborisme ha deixat un buit polític per absència de propostes engrescadores i on el conservadorisme arrossega el desgast d'anys de gestió erràtica, especialment durant tot el procés del Brexit. A Escòcia i a Gal·les, en canvi, aquest mateix buit no s'ha pogut obrir amb la mateixa amplitud, i la raó és senzilla: SNP i Plaid l'havien anat ocupant pacientment durant anys amb política social i amb un discurs orientat a governar. Reform hi ha crescut, és veritat, però no hi ha guanyat ni hi té perspectives realistes de governar. La diferència, en aquest sentit, no es pot reduir només a factors culturals o identitaris, que òbviament hi pesen i que seria una ingenuïtat negar, sinó que té sobretot una arrel política i estratègica: allà on hi ha una força progressista ben arrelada i atenta als problemes quotidians de la gent, la dreta radical troba menys espai per créixer i menys malestar a canalitzar. El missatge de Reform és senzill i demolidor a parts iguals: el problema no és Londres, el problema és la immigració i la burocràcia europea heretada. Un missatge que, a la pràctica, no té res a veure amb les competències reals del Senedd o de Holyrood, però que connecta amb un malestar econòmic post-Brexit que el laborisme ha estat incapaç de canalitzar i que, en certa manera, els propis laboristes van contribuir a inflar quan van decidir no qüestionar el marc del Brexit per no perdre els seus votants tradicionals d'Anglaterra. Reform, val a dir-ho, difícilment es convertirà a curt termini en una força de govern —ni a Holyrood ni al Senedd, i la resta de partits l'exclouen explícitament com a soci—, però sí que aspira clarament a condicionar el sistema polític britànic des de fora, que no és poca cosa. La dreta radical, en definitiva, no governa, però marca el terreny de joc en què els altres es veuen obligats a moure's.   Recuperar la perifèria? La situació que s'obre al Regne Unit no és, cal aclarir-ho d'entrada, la d'una aritmètica parlamentària que obligui Starmer a buscar suports a la perifèria, perquè el laborisme manté la majoria absoluta a Westminster des de les generals de 2024 i no necessita ni SNP ni Plaid per aprovar les seves lleis. La situació, en realitat, és força més incòmoda que això. Starmer no depèn parlamentàriament dels sobiranistes, però sí que depèn electoralment de recuperar el votant que els ha abandonat. Aquesta interdependència és, per tant, molt més profunda i de més difícil resolució que qualsevol negociació pressupostària puntual. Molts dels exvotants laboristes a Escòcia i a Gal·les no han marxat cap a Reform, com sí ha passat massivament a Anglaterra, sinó que han optat per l'SNP i Plaid Cymru. Aquest fet, lluny de ser una mala notícia per al laborisme, hauria de llegir-se com una oportunitat de primer ordre: aquests votants no s'han radicalitzat ni han girat a la dreta, simplement han buscat un projecte progressista més creïble que el que oferia un Welsh Labour esgotat o un Scottish Labour incapaç de marcar perfil propi. Recuperar-los, doncs, no exigeix renunciar a cap principi ideològic, sinó tornar a parlar el seu llenguatge i tornar a entendre què necessiten. I aquí és on convindria que el laborisme britànic recuperés una conversa que va abandonar massa ràpidament després del referèndum escocès de 2014: la del devo max, és a dir, la profundització de la devolució fins als límits que permet el marc constitucional britànic sense arribar pròpiament a la independència. Aquella va ser, val a recordar-ho, la proposta amb què Gordon Brown va aconseguir mobilitzar in extremis el vot del No a Escòcia, articulant un discurs creïble sobre una autonomia ampliada que connectava amb una part important de l'electorat que no era independentista però que tampoc volia un statu quo immobilista. Brown va exercir aleshores un paper que ni Cameron ni Miliband eren capaços de jugar, i ho va fer precisament perquè parlava des d'una tradició laborista escocesa que entenia el país. Aquella veu, avui, pràcticament ha desaparegut del debat britànic, i la seva absència explica en bona part el col·lapse actual. Recuperar el 'devo max' avui, però, no pot ser una etiqueta nostàlgica que es treu de l'arxiu per omplir un titular, sinó una proposta amb traduccions institucionals concretes i contemporànies. Vol dir, en línies generals, parlar seriosament d'una autonomia fiscal més àmplia per a Holyrood i Cardiff, d'una transferència real de les competències energètiques en un moment de transició ecològica que afecta especialment territoris com l'Escòcia del nord o les valls gal·leses, d'un trasllat efectiu de la justícia i de capacitats normatives pròpies que avui Westminster encara reté per pura inèrcia centralista, i d'un sistema estable de relacions intergovernamentals que substitueixi l'actual model de concessions discrecionals des del centre. No és, ben mirat, una agenda revolucionària; és, més aviat, l'agenda mínima que un laborisme amb visió d'Estat hauria de subscriure si vol disputar electoralment el terreny a SNP i a Plaid sense haver de prometre allò que no està disposat a complir. Tornar a posar aquesta proposta sobre la taula no seria, ben mirat, una concessió als sobiranistes, sinó una manera intel·ligent de competir-hi electoralment, oferint al votant progressista escocès i gal·lès una alternativa que reconegui les seves demandes d'autogovern sense passar per la independència. La fórmula no exigeix que Starmer accepti cap referèndum ni que SNP i Plaid renunciïn als seus objectius nacionals a llarg termini, perquè aquests són debats que es jugaran en altres terrenys i en altres calendaris. Exigeix, en canvi, una cosa que sembla senzilla d'enunciar però que als estats centralistes sol ser extraordinàriament difícil de practicar: tractar la política devolutiva com una relació entre iguals, no com una concessió atorgada des del centre quan convé. Hi ha, a més, un terreny d'agenda compartida que beneficiaria objectivament els tres governs sense necessitat de pactes formals: salut, habitatge, energia i mercat de treball. Coordinar accions en aquests àmbits enviaria al conjunt del país un missatge de governabilitat progressista que és, ni més ni menys, el que Reform vol impedir. No cal una aliança estable ni cap arquitectura institucional nova; n'hi hauria prou amb que Westminster deixés de tractar Holyrood i Cardiff com a problemes a contenir i comencés a tractar-los com a socis amb qui disputar el relat sobre qui resol els problemes reals de la gent. El laborisme britànic, en definitiva, ha d'aprendre la lliçó que el seu homòleg espanyol ha trigat anys a assimilar i que encara no ha incorporat del tot: els sobiranismes d'esquerres no són el seu enemic estratègic, sinó els seus competidors naturals en un espai progressista que cal disputar amb propostes, no amb desdeny. La crisi actual no l'han creada SNP ni Plaid, ni tampoc Reform en darrera instància. La crisi l'ha creada un laborisme que va creure que podia governar eternament la perifèria sense escoltar-la i sense renovar la seva oferta en clau territorial.   Una excepció que cal cuidar Les eleccions a Escòcia i a Gal·les han demostrat, doncs, que quan hi ha forces progressistes ben arrelades, amb proposta de govern i discurs social sòlid, la dreta radical no s'imposa fàcilment, encara que el context hi ajudi i la marea sembli imparable. Aquesta és, condensada en una sola frase, l'excepció gal·lesa i escocesa en un Regne Unit on Anglaterra es replega, Gal·les es polaritza i Escòcia resisteix. El nou tauler britànic no és, doncs, el d'un enfrontament tradicional entre unionisme i independentisme, com encara s'entesta a presentar-lo una part de la premsa londinenca. És, més aviat, el d'una aliança progressista possible entre tres governs que comparteixen l'interès objectiu de demostrar que la política, malgrat tot, pot resoldre els problemes reals de la gent en un context post-Brexit ple de tensions. Si Starmer és capaç de llegir-ho a temps, té al davant una oportunitat històrica que segurament no es repetirà. Si no ho és, la dreta radical s'encarregarà de recordar-li, eleccions rere eleccions, que el buit sempre l'omple algú.