Palawan, en Filipinas, además de dar nombre también a todo un archipiélago, ofrece a quien la visita una inolvidable lista de alicientesDescubre algunas de las islas de nuestro litoral a las que se puede llegar... andandoEn esta isla griega, de tamaño parecido a la de El Hierro, sus habitantes suelen vivir 100 años
Para todo aquel que la visita, la isla de Palawan, en Filipinas, es todo un santuario de belleza inabarcable que ha sido coronado en ocasiones como la mejor isla del mundo. Curiosamente se trata de una isla que también da nombre a todo un archipiélago, compuesto por 1780 islas. Sus aguas turquesas y sus imponentes acantilados de piedra caliza no son solo un reclamo visual, sino el hogar de una biodiversidad que asombra a científicos y viajeros por igual.
Y es que al recorrer sus extensiones, el visitante descubre un equilibrio perfecto entre playas de arena finísima y una selva tropical que invita a la exploración profunda. La capital de este paraíso es Puerto Princesa, una ciudad que sirve de puerta de entrada y que alberga tesoros geológicos únicos en el planeta. A poca distancia de su centro urbano se encuentra el Parque Nacional del Río Subterráneo, que serpentea durante más de ocho kilómetros bajo una cordillera de mármol y piedra caliza antes de desembocar directamente en el mar. Las cuevas que lo forman presentan estalactitas y estalagmitas gigantescas que cuentan la historia milenaria de la formación de la isla de Palawan.
Además, los alrededores de la capital guardan secretos como la playa de Nagtabon, un arenal idílico y poco transitado por el turismo convencional. Hacia el norte, El Nido se posiciona como el destino más emblemático y visitado, famoso por el archipiélago de Bacuit y sus lagunas escondidas. Los acantilados kársticos se elevan verticalmente sobre el agua cristalina, creando un laberinto de islas que solo pueden explorarse mediante una canoa o bangka. Lugares como la Laguna Grande o la Playa Escondida ofrecen experiencias que parecen extraídas de un sueño, donde la fauna marina se manifiesta en todo su esplendor. Aunque el desarrollo turístico ha crecido, El Nido mantiene reservas naturales protegidas para salvaguardar su delicada fauna y flora tropical.
La biodiversidad de Palawan es un pilar fundamental que justifica su reconocimiento como una reserva de la biosfera esencial para el ecosistema global
Siguiendo la ruta hacia el archipiélago de las islas Calamian se encuentra Coron, un paraíso para los amantes de las profundidades marinas. Esta zona es mundialmente famosa por los buques de la armada japonesa hundidos durante la Segunda Guerra Mundial, permitiendo el buceo de naufragios. Bajo sus aguas no solo hay historia bélica, sino también ecosistemas de coral vibrantes y lagos interiores de una transparencia absoluta. El Lago Kayangan es un ejemplo de la majestuosidad de la zona, rodeado de formaciones rocosas que protegen sus aguas dulces de las corrientes externas.
Coron ofrece un ambiente algo más rural y auténtico que su vecina El Nido, manteniendo un ritmo de vida pausado y tradicional. Para aquellos que buscan escapar de las aglomeraciones, Port Barton se presenta como una alternativa de paz y desconexión absoluta en la costa. Este pequeño pueblo pesquero ha crecido lentamente, conservando sus calles de tierra y un ambiente relajado que recuerda a la Palawan de hace décadas. Sus playas ofrecen una tranquilidad inigualable para quienes desean leer bajo las palmeras. Las excursiones en bote por las islas cercanas permiten disfrutar de bancos de arena solitarios y arrecifes donde las tortugas nadan con libertad. Es el lugar ideal para los viajeros que prefieren la sencillez de una cabaña frente al mar y el sonido de las olas.
El sur de Palawan ofrece una faceta distinta, destacando localidades como Quezón y sus históricas cuevas de Tabon. Este complejo arqueológico es considerado la cuna de la civilización filipina, donde se han hallado restos humanos de hace cincuenta mil años. Visitar esta región permite una inmersión en la cultura local más pura, lejos de los circuitos comerciales y los lujos hoteleros. En pueblos como Rizal, la vida transcurre entre campos de arroz y escuelas rurales, mostrando la resiliencia y amabilidad del pueblo filipino.
Reserva de la biosfera
La biodiversidad de Palawan es un pilar fundamental que justifica su reconocimiento como una reserva de la biosfera esencial para el ecosistema global. En sus bosques tropicales habitan especies endémicas y una fauna que incluye monos traviesos y miles de murciélagos en sus sistemas cavernarios. El compromiso con la sostenibilidad es vital, dado que el turismo y la pesca son los motores principales de la economía insular. La protección de sus arrecifes de coral asegura que el mar siga siendo un acuario natural de inmensa riqueza para las futuras generaciones.
Cada rincón de la isla, desde los manglares hasta los picos montañosos, forma un engranaje perfecto de vida silvestre. Viajar por Palawan implica adaptarse a sus ritmos, ya sea recorriendo carreteras polvorientas en un jeepney o navegando en un barco tradicional. La experiencia culinaria, basada en marisco fresco a la barbacoa y frutas tropicales como el famoso mango de Manila, completa la travesía. Es una isla que desafía las expectativas y ofrece desde el lujo más sofisticado hasta la aventura más ruda y auténtica.