Bienestar animal - Las imágenes difundidas por asociaciones mostraron deficiencias visibles en el mantenimiento de las piscinas y aumentaron las peticiones de controles oficiales mientras se limitaba la entrada de observadores externos
Las orcas del Golfo de California están aprendiendo a cazar tiburones blancos con una estrategia tan efectiva como inquietante: inmovilizarlos y arrancarles el hígado para comérselo
confinados en tanques artificiales que poco tienen que ver con su entorno natural.
Muchos recintos se han modernizado para ofrecer entornos más amplios y cuidados, pero en otros la falta de recursos y la dificultad de traslado de grandes especies han provocado un deterioro progresivo. Ese contraste entre el objetivo pedagógico y la realidad de las instalaciones ha impulsado el debate sobre su continuidad, que se ha hecho visible en Francia con el cierre de Marineland Antibes y el incierto destino de los animales que permanecen allí.
Las condiciones internas avivan la presión de colectivos y autoridades
Marineland Antibes anunció el 5 de enero de 2025 el fin de sus actividades, después de medio siglo en funcionamiento. La decisión se vinculó a los cambios legales introducidos por la ley francesa de 2021, que prohibió los espectáculos con cetáceos a partir de diciembre de 2026 y vetó el contacto del público con estos animales. El cierre dejó en las instalaciones a dos orcas, Wikie y su cría Keijo, además de doce delfines a la espera de una decisión definitiva.
La norma francesa que entrará plenamente en vigor en 2026 supuso un giro completo en la gestión de los parques marinos del país. La medida buscaba poner fin a la utilización de cetáceos en espectáculos, algo que el Ministerio de Transición Ecológica consideró incompatible con su bienestar. Con ella se marcó un calendario para clausurar instalaciones, retirar licencias y planificar la reubicación de los ejemplares que aún permanecían en cautividad.
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estado de sus tanques y la atención a los animales. Imágenes difundidas por activistas como la española Kibara mostraban agua con algas y filtraciones en las piscinas, sobre todo en el recinto de los delfines.
En algunos vídeos se apreciaban las orcas inmóviles durante largos periodos, lo que alimentó la preocupación por su estado físico y psicológico.El acceso al recinto fue restringido, lo que impidió una supervisión externa de calidad.
Aunque los responsables del parque aseguraron que se seguían aplicando los protocolos de mantenimiento, asociaciones especializadas denunciaron que las condiciones actuales podían comprometer la salud de los cetáceos y exigieron una inspección urgente. Ante la presión pública, la ministra de Transición Ecológica, Agnès Pannier-Runacher, pidió que se garantizara la seguridad y el bienestar de los ejemplares mientras no se concretara su traslado.
El destino de las orcas y delfines abre un conflicto internacional
El fin de Marineland no se debió solo al desgaste económico. Representó el efecto directo de la política francesa de bienestar animal y la transformación de un modelo de entretenimiento que había quedado desfasado. Las dificultades para adaptar las instalaciones a los nuevos requisitos legales precipitaron la clausura. Por eso, el cierre fue interpretado como una señal de que la transición hacia espacios sin espectáculos con fauna marina se había vuelto irreversible.
En enero de 2026 se definieron los planes finales para los animales. El Ministerio francés y la dirección de Marineland anunciaron que las dos orcas serían trasladadas al Whale Sanctuary Project, un santuario marino en Nueva Escocia, considerado por las autoridades “la solución más creíble y ética” y la única que cumple las condiciones de seguridad y bienestar. El traslado está previsto para el verano de 2026, en cuanto concluyan las tareas logísticas y veterinarias.
La decisión cerraba meses de disputas administrativas. El Loro Parque de Tenerife había solicitado acoger a Wikie y Keijo, respaldado por informes que avalaban la calidad de sus instalaciones. Sin embargo, la Autoridad Científica española (CITES) emitió una recomendación negativa. El zoológico canario recurrió la decisión ante el Consejo de Transparencia y Buen Gobierno al considerar que el informe que la sustentaba no había sido notificado en el plazo legal.
Su presidente, Wolfgang Kiessling, declaró a EL MUNDO que “no parece creíble que se pretenda cuestionar nuestra labor a través de un informe inexistente y que no se dé acceso a la información científica que justifique tal recomendación”. Según explicó, las instalaciones del parque superan desde 2006 todas las auditorías de bienestar animal realizadas por la Dirección General de Ganadería, Medio Ambiente y Seguridad del Gobierno de Canarias.
Los doce delfines, por su parte, permanecerán temporalmente en Marineland, en piscinas catalogadas como alojamiento provisional. Se espera su futura reubicación en un nuevo centro gestionado por ZooParc de Beauval, en Francia. Las autoridades descartaron enviarlos a España o a otros países fuera del marco europeo, al estimar que no se garantizaba del todo su bienestar ni se excluía el uso con fines de espectáculo. El hipotético traslado a Beauval se presenta como una etapa intermedia antes de que los animales puedan vivir en un entorno más estable, con condiciones que les permitan recuperar parte de su comportamiento natural y reducir el estrés provocado por años de cautividad.