El presidente andaluz jura el cargo por tercera vez en el Palacio de San Telmo, sin la asistencia de ningún ministro del Gobierno de Pedro Sánchez ni del líder nacional del PP, Alberto Núñez Feijóo, y defiende que "Andalucía siempre ha sido contraria a los cordones sanitarios"Bienvenidos a la Andalucía del Gobierno “imposible”: el PP busca otro socio dócil y Vox la contrarrevolución a Juanma Moreno
Juanma Moreno fue investido presidente de Andalucía el pasado jueves, tras alcanzar un acuerdo de Gobierno con Vox, y programó la toma de posesión del cargo para este domingo, 5 de julio, coincidiendo con el aniversario del nacimiento de Blas Infante, “padre de la patria andaluza”, según consta en el Estatuto de Autonomía.
Para el PP, la coincidencia es “un guiño”, una señal de que Moreno no se apartará de la denominada “vía andaluza” ni del discurso marcadamente andalucista que pronunció en este mismo sitio, el Palacio de San Telmo, hace cuatro años, en aquella jura del cargo con mayoría absoluta. Para las izquierdas, en cambio, es toda una “provocación” del presidente que “ha metido en el Gobierno andaluz a la extrema derecha”, los herederos políticos de quienes “fusilaron a Blas Infante”, quienes “insultan su memoria y desprecian el andalucismo”.
El acto institucional de la jura del cargo, ante unos 500 invitados, no tiene la pompa ni el oropel autoreferencial que tuvo en 2022, ni aquella realización del evento en el que una cámara siguió el descenso del presidente por la escalinata de mármol del Palacio de San Telmo, sede del Gobierno andaluz, acompañado de su mujer. Menos presidencialista, menos boato, más regreso al protocolo.
El primer discurso de Moreno tampoco es el mismo, esta vez venía cargado de argumentos para convencer de que el acuerdo de Gobierno con la ultraderecha y la asunción de todos sus postulados no supondrá un vuelco en las políticas públicas. “Voy a ser fiel a mí mismo y al modelo que ha hecho de Andalucía un referente de entendimiento. Los valores no cambian”, ha empezado diciendo, para subrayar por enésima vez en los últimos tres días que “la vía andaluza de la serenidad y el diálogo sigue”.
Sin embargo, al finalizar la lectura del discurso, Moreno pronunció una frase que no estaba escrita y que retrata, de nuevo, la incomodidad del barón popular, referente de la derecha más moderada en España, por atarse a los principios ideológicos de la ultraderecha: su rechazo “frontal” a los inmigrantes, a las leyes de igualdad y de memoria y al cambio climático, su desprecio a los sindicatos. “Se acabaron las mariscadas”, dijo el viernes el portavoz de Vox y futuro vicepresidente andaluz, Manuel Gavira.
“Los acuerdos no gustan al 100% ni a las partes que lo firman por dejarte cosas en el camino. Pero son fruto del diálogo, que es la esencia de la democracia moderna y de la libertad. Espero que esta legislatura sea fructífera y larga, o no será”, dejó dicho Moreno.
Ningún ministro del Gobierno de Pedro Sánchez ha asistido al acto institucional de la toma de posesión del presidente de Andalucía, que ha estado representado por la secretaria de Estado de Política Territorial, Miryam Álvarez, y el subdelegado de Málaga, Javier Salas. Tampoco ha estado el presidente nacional del PP, Alberto Núñez Feijóo, que sí participó del acto de 2022, y en su lugar la dirección nacional ha enviado al vicesecretario de Política Territorial, Elías Bendodo.
Tampoco ha asistido ningún otro presidente autonómico del PP. En 2022 le acompañaron, en primera fila, Isabel Díaz Ayuso (Madrid), Alfonso Rueda (Galicia), Fernando López Miras (Miras), Alfonso Fernández Mañueco (Castilla y León), Juan Jesús Vivas (Ceuta) y Eduardo de Castro (Melilla), y el presidente de honor del PP andaluz, Javier Arenas.
La figura política de más peso que ha arropado a Moreno en su tercera toma de posesión -también estuvo en la anterior- es el expresidente del Gobierno, Mariano Rajoy, padrino político del líder andaluz, y la persona que le señaló con el dedo en 2014 para nombrarlo presidente del PP de Andalucía, con aquel mítico: “Tú lo has querido”. Junto a él, la exvicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría y la exminitra de Trabajo, Fátima Báñez.
Ante ellos, Moreno ha hecho un elogio de “la política del acuerdo y la proximidad”. “Andalucía ha sido siempre contraria a los cordones sanitarios, no es excluyente en ningún ámbito político”, ha subrayado, siempre sin citar explícitamente su pacto con Vox. El discurso ha rodeado el elefante en la habitación y, a ratos, no estaba claro si el presidente apelaba a la aceptación de su socio de ultraderecha como nuevo actor político en la gobernabilidad, o si estaba hablando de la integración de esos inmigrantes que su socio quiere excluir de las prestaciones sociales, por detrás siempre de los españoles (prioridad nacional). “En esta Andalucía cabemos todos. Somos el sur. Y el sur es humanidad, empatía, lucidez, valentía. Debemos entendernos, buscar lo que nos une, no lo que nos separa”, ha dicho, para subrayar el “inmenso valor de la concordia”.
La dependencia absoluta del partido de Santiago Abascal -tras ganar las elecciones, pero quedarse a dos escaños de la mayoría absoluta- ha cimbreado por completo el discurso del presidente. En 2022, en un ambiente de celebración y fiesta, Moreno hizo una exaltación entusiasta de Andalucía: empezó citando al cantautor Carlos Cano, referente del andalucismo jornalero, y un clásico en los mítines de las izquierdas; y terminó con una cita a la escritora María Zambrano, huida de España tras la Guerra Civil y exiliada durante los 40 años de dictadura franquista.
Ahora ha dedicado la mayor parte de su discurso a reivindicar un estilo de hacer política y unos principios que, bajo el prisma del acuerdo firmado entre PP y Vox, están en entredicho. Así lo ha interpretado de manera unánime toda la prensa.
En primera fila del público le escuchaba, con rostro serio, la líder de la oposición y secretaria general del PSOE andaluz, María Jesús Montero, sentada por protocolo entre el portavoz parlamentario del PP, Toni Martín, y de Manuel Gavira, portavoz de Vox y futuro vicepresidente. De los expresidentes andaluces socialistas, sólo ha participado la expresidenta y senadora Susana Díaz.
Al terminar su discurso, el presidente ha pedido a los asistentes que “chillen” con él un “viva por Andalucía”. Luego un cuarteto de cuerda de la Fundación Barenboim-Said -integrada por jóvenes músicos de países árabes, Palestina e Israel- ha interpretado el himno de Andalucía y, seguido, el himno de España. El público ha aplaudido y, desde el fondo, se ha escuchado un grito potente: “¡Viva España!”, respondido luego por otro grito menor: “¡Viva Andalucía!”.
La ceremonia de toma de posesión de un presidente andaluz se ha celebrado históricamente en el Parlamento, no en la sede del Gobierno autonómico. Eso lo cambió Moreno hace cuatro años y éste lo ha mantenido. Al terminar el discurso, los invitados pudieron degustar un desayuno en los jardines del Palacio y en el contiguo Salón de los Espejos: “Cafés, Infusiones, Cola Cao, Zumos, Mini mollete andaluz con aceite de oliva y jamón ibérico de la Sierra de Huelva”.
Esta crónica termina aquí porque, también a diferencia de la ceremonia de 2022, el Gobierno andaluz no ha permitido este año la entrada de los periodistas al perímetro donde se ha celebrado la toma de posesión del presidente, relegándolos a la sala de prensa del Palacio, a unos 200 metros, donde la han seguido a través de una pantalla.