Un estudio ha identificado 3.337 taxones vegetales en 69 yacimientos arqueológicos de 17 países mediterráneos Investigadores del CSIC revelan desde Canarias que las plantas invasoras se adaptan “con facilidad” a nuevos climas
Los yacimientos arqueológicos no solo permiten conocer cómo vivían las civilizaciones antiguas, entre sus muros, piedras y construcciones también se esconde un patrimonio natural que hasta ahora ha recibido mucha menos atención. Una investigación internacional ha descubierto que las ruinas del Mediterráneo funcionan como importantes refugios para miles de plantas, entre ellas numerosas variedades endémicas y otras de especial interés para la conservación de la biodiversidad.
El estudio, publicado en la revista científica Scientific Reports, ha analizado 69 yacimientos arqueológicos repartidos por 17 países de la cuenca mediterránea. Los investigadores han identificado un total de 3.337 taxones vegetales, una cifra que pone de manifiesto la riqueza botánica que pueden albergar estos espacios tradicionalmente asociados a la historia y la arqueología.
En la investigación ha participado Leopoldo Medina, responsable de la sección de plantas vasculares del Herbario del Real Jardín Botánico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). El trabajo revela que estos enclaves no son únicamente lugares donde se conservan vestigios de antiguas sociedades, sino también espacios que pueden desempeñar un papel relevante en la protección de la flora local y regional.
Un refugio para cientos de plantas endémicas
Uno de los resultados más destacados es la presencia de 346 taxones endémicos o subendémicos, aproximadamente el 10% de los identificados. De ellos, 113 son estrictamente endémicos y otros 233 presentan una distribución regional limitada. Además, alrededor del 18% de la flora registrada presenta interés para la conservación, según las categorías contempladas en documentos legales de protección y listas rojas. Estas últimas permiten evaluar la situación de diferentes especies y detectar las que podrían necesitar medidas específicas para garantizar su supervivencia.
Los científicos han comprobado que la importancia de los yacimientos reside, principalmente, en su capacidad para albergar una representación significativa de la vegetación de los territorios donde se encuentran. Por ello, las ruinas pueden actuar como reservorios de biodiversidad, conservando parte de la riqueza vegetal característica de su entorno.
Entre las ruinas los investigadores han encontrado especies endémicas de plantas
Esta relación entre arqueología y naturaleza también aporta una perspectiva diferente sobre el paisaje. Los yacimientos permiten estudiar las sociedades que ocuparon esos lugares y comprender mejor los entornos en los que desarrollaron sus actividades. Sin embargo, la vegetación que crece actualmente entre las ruinas no tiene por qué ser la misma que existía cuando aquellos asentamientos estaban habitados.
Proteger la historia también ayuda a conservar la naturaleza
Otro de los hallazgos más interesantes es que la protección del patrimonio cultural ha beneficiado indirectamente a la biodiversidad. Las medidas legales destinadas a preservar construcciones y restos arqueológicos también han contribuido, sin que fuera necesariamente su objetivo, a proteger las plantas presentes en estos espacios.
Los investigadores describen este fenómeno como un “efecto paraguas”, mediante el cual la conservación de un elemento patrimonial favorece también la protección de otros valores naturales. Así, los recintos arqueológicos pueden desempeñar una función ecológica que va mucho más allá de su importancia histórica.
Sin embargo, el estudio advierte de que estos lugares todavía suelen gestionarse principalmente desde una perspectiva cultural, sin reconocer suficientemente su papel como refugios vegetales. Los autores consideran necesario incorporar la biodiversidad a los criterios utilizados para planificar su conservación. La propuesta consiste en desarrollar modelos de gestión integrados que permitan proteger tanto los restos arqueológicos como las plantas que habitan en ellos. Para los investigadores, las características de cada yacimiento y de su entorno deben tenerse en cuenta al diseñar medidas que compatibilicen ambos objetivos de conservación.