Una investigación señala una mejora del vínculo emocional entre dueño y mascota, independientemente de si se trata de canes jóvenes o adultosLa enésima despedida de Chispa, la perrita que busca una familia definitiva
Jugar más de lo habitual con tu perro tiene premio. Un estudio liderado por la Universidad de Linköping (Suecia) y publicado en la revista Royal Society Open Science ha encontrado que dedicar más tiempo de lo habitual a esta actividad mejora el vínculo emocional entre dueño y mascota, independientemente de si se trata de canes jóvenes o adultos.
Sin embargo, los resultados no fueron los mismos cuando ese tiempo de juego adicional respondía a un entrenamiento que acababa con recompensas en forma de chucherías. Ahí, no se apreció un refuerzo del vínculo emocional entre dueño y mascotas, apuntan los autores de esta investigación.
El juego une
Los investigadores querían clarificar la función del juego. Para determinar si existía o no una conexión, pidieron a las 408 parejas que cumplieron los criterios que respondieran a un cuestionario. Uno de estos criterios fue demostrar un aumento significativo en el tiempo de juego durante al menos ocho días.
Entre las preguntas que se le plantearon, estaban las siguientes: ¿Con qué frecuencia lleva a su perro cuando visita a otras personas? ¿Con qué frecuencia siente que tener un perro le causa más problemas de los que vale la pena? ¿Con qué frecuencia le cuenta a su perro cosas que no le cuenta a nadie más?
Las parejas de dueño y perro se dividieron en tres grupos: uno que debía jugar más de lo habitual, otro que debía entrenar más de lo habitual con recompensas en forma de golosinas, y un grupo de control que continuaría como antes.
Perro jugando
De sus respuestas, los investigadores observaron que el vínculo emocional del primer grupo aumentó significativamente. Los otros dos grupos, sin embargo, no mostraron ninguna mejora en comparación con la situación inicial.
“Resultó que el grupo de juego mejoró su vínculo emocional con el perro en solo cuatro semanas con unos minutos extra de juego al día”, explica la profesora asociada senior de etología en la Universidad de Long Island (LiU), Lina Roth.
Roth va más allá: “Hoy en día, muchos perros cambian de hogar a mitad de su vida. Con los perros rescatados, no se tiene la ventaja de crecer con ellos. Esto significa que se pierde la llamada ventana de socialización temprana, crucial para el desarrollo del vínculo con el cachorro. El juego puede ser una excelente manera de construir una nueva relación, incluso con perros adultos”.
Jugar es más que lanzar una pelota
Jugar no pasa simplemente por lanzar la pelota al peludo. De hecho, el planteamiento y las instrucciones de los investigadores fueron mucho más allá. “Propusimos tirar de la cuerda, jugar bruscamente, perseguirse, el escondite, el cucú o jugar un poco con el perro con los dedos. No hace falta que sea por mucho tiempo; se trata más bien de prestar atención al comportamiento del perro”, añade la profesora.
Tras los resultados, según Roth, lo más importante es encontrar un juego que el perro disfrute y que haga que el tiempo de juego entre ambos miembros de la pareja sea placentero.