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Hola,
Espero que tu semana haya ido bien y que, con un poco de suerte, hayas podido alargar el fin de semana. Por aquí hemos estado liados estos días con un montón de temas, como la huelga de médicos o la retirada del estudio sobre cáncer de páncreas de Barbacid.
Pero hoy quiero arrancar con un tema más esperanzador. Hace unas semanas, en una mesa sobre innovación en biotecnología uno de los ponentes explicó que España coordina o lidera uno de cada dos ensayos clínicos internacionales que se realizan en Europa. Solo en 2025, se han aprobado en este país más de 900 investigaciones de este tipo, con voluntarios sanos o pacientes.
El dato revela la potencia investigadora del país, pero el análisis tiene muchas más capas. La principal es la ventana de esperanza que estas pruebas suponen para miles de pacientes que han probado todos los tratamientos disponibles y a los que se les acaban las opciones. O a enfermos crónicos a quienes un fármaco innovador o un nuevo uso para un fármaco ya disponible les mejora la vida. O para esos futuros diagnósticos, a quienes se les anticipa una cura.
Más allá del abanico de opciones terapéuticas que estos ensayos tienen el potencial de abrir, los expertos y las expertas con las que he estado hablando estos días sobre el tema coincidían en un factor determinante: el sistema sanitario público. Porque el 80% de los ensayos los promueve el sector privado, pero la gran mayoría se llevan a cabo en hospitales públicos, a través de contratos por los que los laboratorios financian todos los gastos derivados de estas pruebas, así como los tratamientos innovadores y carísimos que reciben los pacientes.
Por supuesto, hay ensayos que se realiza desde los hospitales, sin soporte de las farmacéuticas. Son, principalmente, aquellos que buscan 'rescatar' medicamentos antiguos para nuevos usos u optimizar combinaciones ya existentes. Un ejemplo: en el Clínic de Barcelona demostraron que la Simvastatina, un antiguo fármaco que se utilizaba para bajar el nivel de colesterol, también era beneficioso para ciertos pacientes con cirrosis hepática.
Pese al optimismo, los ensayos deben tomarse con cautela. Es un éxito que la investigación avance, pero no pueden obviarse los tiempos, que se alargan durante años, o las tasas de fracaso. Solo una de cada 10.000 moléculas que empiezan en preclínica —antes de probarse en humanos—, llega a desarrollarse y, cuando estas llegan a la fase clínica —con personas—, solo se comercializan alrededor del 7%, según datos del sector farmacéutico.
El principal esfuerzo en investigación se centra en tratamientos contra el cáncer. Una de las participantes en uno de estos ensayos es Silvia, que me contaba que su oncóloga le propuso participar y no lo dudó: “Mi cáncer es de los peores y yo confío plenamente en los médicos. Si no hay investigación, estamos perdidos”.
Puedes leer su historia completa en este enlace.
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Médicos de la Comunitat Valenciana durante una sentada en la plaza de la Reina de València, el 29 de abril de 2026
Un conflicto. La tensión entre el Ministerio de Sanidad y los sindicatos médicos se ha elevado, más aún, estos días. Las organizaciones han celebrado su tercera semana de huelga en lo que va de año, para reclamar un estatuto y espacio propio en las mesas de negociación donde se abordan sus condiciones laborales. La ministra Mónica García les ha acusado de desleales y de estar buscando “una excusa para seguir manteniendo un conflicto que ya no responde a las reivindicaciones de los profesionales”.
Un avance. La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios ha anunciado que sustituirá siete grandes formatos de antibióticos por otros más pequeños, adaptados a las pautas habituales. En la práctica, se reduce el número de comprimidos, para que no sobren por casa. Con esto, evitan la 'tentación' de automedicarnos y previenen la aparición de resistencias bacterianas.
Una entrevista. Hace unos días, Juanjo Villalba hablaba con el divulgador científico Pere Estupinyà sobre longevidad. Viviremos más años y eso tiene impacto en muchas esferas, desde la sanitaria hasta la cultural, la social o la personal. Te recomiendo que le dediques un rato, pero te dejo con un titular: "Tenemos que confiar en que vamos a vivir muchos más años y mucho mejor".
Cuando la IA se convierte en una prótesis
Me ha gustado mucho el enfoque de mi compañero experto en tecnología Carlos del Castillo sobre cómo la Inteligencia Artificial puede convertirse en una tecnología de apoyo para personas con problemas de movilidad de cualquier tipo.
El protagonista de esta historia es el abogado en derechos digitales Carlos Sánchez Almeida, cuyo trabajo fue clave para definir qué era delito y que no en materia de derechos digitales, propiedad intelectual y libertades fundamentales. Ahora vive con párkinson y reconoce que la máquina le devuelve lo que ese diagnóstico le quito a la hora de expresarse.
No es un caso único, más de un 12% de las personas con discapacidad utilizan asiduamente modelos de IA, según una encuesta del Ministerio de Asuntos Sociales. La tarea de difusión es ardua, pero desde el CERMI explican que “cuando una herramienta tecnológica compensa una limitación y permite sostener la capacidad de comunicación, creación o trabajo intelectual, esa tecnología actúa como una prótesis de nueva generación”.
Con esto me despido por hoy. Muchas gracias por llegar hasta aquí.
Buena semana y ¡salud!