En tiempos de escasez, los vecinos del salmantino valle de las Quilamas transitaban el clandestino Camino de los Trasiegos para comerciar evitando el pago de tributosFiguras escondidas entre raíces, troncos y piedras forman parte de esta mágica ruta que acaba en el hórreo más grande de AsturiasQué son los bosques verticales, dónde se han instalado los más famosos y qué beneficios medioambientales generan
En el salmantino valle de las Quilamas todo amante del senderismo puede disfrutar de una senda cargada de memoria histórica, tradición rural y leyenda. El denominado Camino de los Trasiegos nació como una arteria directa de comunicación entre las localidades de San Esteban de la Sierra, Valero y San Miguel de Valero. Durante décadas, este itinerario de montaña sirvió para el transporte de bienes agrícolas y para las transacciones del estraperlo. En tiempos de escasez, los vecinos transitaban estas veredas clandestinas para comerciar con productos evitando el pago de tributos impositivos.
El punto de arranque de esta travesía se sitúa en San Esteban de la Sierra, junto a la fosa del Alagón. Tras dejar el vehículo cerca de la iglesia parroquial, el caminante desciende por una calle flanqueada por fértiles huertos de regadío. Allí emerge el célebre puente bautizado popularmente como “romano”, aunque los historiadores ubican su edificación entre finales del siglo XIV y el siglo XVI. Al cruzar el río Alagón sobre su estructura de piedra, se toma el sendero señalizado a la izquierda que marca el inicio formal del recorrido por el valle.
A medida que el itinerario avanza hacia el interior del valle, la riqueza vegetal despliega un mosaico botánico de belleza singular. La ruta transcurre bajo frondosos bosques de castaños, encinas centenarias y robustos alcornoques que salpican las laderas del macizo. Junto a ellos, especies mediterráneas como madroños, acebos y olivos enriquecen el paisaje con variados matices cromáticos. En los meses de otoño, el suelo se cubre de hojas secas, mientras que en primavera los brotes verdes revitalizan el sendero serrano del parque natural.
Se trata de una agradable ruta de 18 kilómetros de ida y vuelta que hace las delicias de los amantes de la naturaleza y el senderismo
El primer tramo de la ruta discurre a lo largo de seis kilómetros en suave ascenso bordeando el cauce del arroyo Quilamas. Durante el trayecto, las vistas panorámicas del valle ofrecen una perspectiva privilegiada sobre la abrupta orografía serrana de este rincón de la provincia de Salamanca. En las laderas empinadas destacan los tradicionales bancales de piedra construidos con esfuerzo humano para cultivar la vid y el olivo. Estas terrazas agrícolas testimonian el ingenio popular para domar el terreno abrupto y transformarlo en tierra fértil de gran rendimiento agrario.
La llegada al pintoresco pueblo de Valero se realiza por el singular enclave de la plaza de toros, conocida como El Humilladero. Esta plaza destaca por su inusual planta rectangular y por estar incrustada en la falda de la montaña. Durante los festejos de enero, los espectadores se acomodan en las pendientes rocosas para presenciar los espectáculos taurinos. Valero invita a pasear por sus estrechas callejuelas, contemplar su iglesia del siglo XV y admirar sus puentes medievales construidos sobre los ríos Chico y Quilamas en pleno valle.
Entre las joyas singulares del entorno de Valero se encuentra la piscina natural conocida como el Charco del Pozo. Este espacio de baño estival tiene su origen histórico en una antigua fábrica de luz levantada en 1920. Asimismo, al retomar la marcha hacia San Miguel de Valero, se descubre una curiosa era construida con losas de granito sobre la ladera. En esta estructura los agricultores aprovechaban las corrientes de viento para aventar la cebada y separar el grano de la paja con enorme pericia técnica.
Miel y polen
La segunda etapa del recorrido, de tres kilómetros y medio, discurre sobre la antigua calzada empedrada denominada Camino Viejo de Valero. Este tramo presenta una pendiente más pronunciada que exige mayor esfuerzo físico mientras serpentea entre castañales y encinares. A lo largo de la subida, se suceden espectaculares miradores naturales que regalan estampas inolvidables sobre el valle. En días claros, la vista alcanza cumbres emblemáticas como la peña de Francia y el pico del Castillo en el horizonte lejano de la sierra salmantina.
Más allá de su valor paisajístico, la ruta conecta con una profunda tradición apícola que se remonta a la Baja Edad Media. La miel y el polen son los productos estrella de esta tierra, convirtiendo a Salamanca en la principal provincia productora de Castilla y León. Tras recorrer los 18 kilómetros de ida y vuelta que componen el trazado, el visitante puede degustar la sabrosa gastronomía serrana. Platos como el cabrito cuchifrito, los embutidos ibéricos y los dulces elaborados con miel coronan una perfecta jornada de serena y agradable naturaleza.