Para ubicarte en el mapa: las zonas de Ámsterdam que debes conocer antes de ir
A partir del 1 de mayo de 2026, Ámsterdam se convertirá en la primera capital del mundo en prohibir la publicidad de carne en espacios públicos como vallas, marquesinas y estaciones de metro bajo gestión municipal. La iniciativa fue aprobada por mayoría en el Ayuntamiento y forma parte de un paquete más amplio que también restringe la promoción de combustibles fósiles, vuelos y cruceros, dentro de la estrategia climática local.
El gobierno municipal enmarca la medida en su objetivo de reducir las emisiones asociadas al consumo y promover dietas con mayor proporción de alimentos de origen vegetal. La ciudad aspira a que, de aquí a 2050, la dieta media de sus habitantes sea al menos un 50 % vegetal, en línea con sus compromisos de neutralidad climática.
El impacto climático de la carne
El argumento central de la ordenanza es ambiental. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la ganadería es responsable de aproximadamente el 14,5 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero generadas por la actividad humana, especialmente por el metano derivado de la cría de rumiantes.
Science en 2018, dirigido por Joseph Poore y Thomas Nemecek, concluyó que evitar productos animales es una de las acciones individuales con mayor capacidad para reducir la huella ambiental, ya que la producción ganadera requiere más tierra y genera más emisiones que la mayoría de cultivos vegetales.
En la misma línea, se estima que una transición global hacia dietas mayoritariamente vegetales podría reducir de forma significativa las emisiones del sistema alimentario y evitar millones de muertes prematuras relacionadas con dietas poco saludables.
Salud pública y regulación publicitaria
Más allá del clima, el debate también toca la salud pública. Diversas agencias sanitarias han advertido del vínculo entre el consumo elevado de carne procesada y enfermedades cardiovasculares o ciertos tipos de cáncer. La Organización Mundial de la Salud, a través de la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), clasificó en 2015 la carne procesada como carcinógena para humanos.
El Ayuntamiento defiende que la prohibición no impide la venta ni la promoción dentro de establecimientos privados, sino que regula el uso del espacio público como herramienta coherente con sus objetivos climáticos, del mismo modo que en el pasado se limitaron anuncios de tabaco o combustibles contaminantes.
Los críticos, por su parte, cuestionan la eficacia real de la medida y alertan sobre posibles conflictos con la libertad de expresión comercial. También señalan que la publicidad de carne representa una fracción relativamente pequeña del mercado de publicidad exterior, lo que podría limitar su impacto inmediato.
Con todo, la decisión de Ámsterdam marca un precedente internacional. Si otras grandes ciudades siguen el ejemplo, la regulación de la publicidad alimentaria podría convertirse en un nuevo frente de la política climática urbana, donde el debate ya no gira solo en torno a cómo producir energía o transporte más limpio, sino también a qué se promueve (o se desincentiva) desde los espacios públicos compartidos.