Un itinerario por Ordesa con trazado aéreo y exigente, dirigido a senderistas experimentados y con tramos de clavijas en ascenso y descensoEste pueblo medieval es perfecto para recorrer a pie: con un castillo del siglo XI, premiado por la ONU y junto a un Parque Nacional
El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido cuenta con una extensa red de senderos que permite recorrer bosques, barrancos, praderas de alta montaña y grandes paredes calizas. Entre sus itinerarios destaca la Faja de las Flores, una cornisa natural que atraviesa la parte alta del valle de Ordesa, en la provincia de Huesca. El recorrido avanza de forma casi horizontal por una franja abierta en la roca, a más de 2.400 metros de altitud, y ofrece una perspectiva del entorno muy distinta a la que se obtiene desde las rutas que discurren junto al río.
La ubicación de esta terraza, con el fondo del valle situado a más de 1.000 metros en algunos puntos, convierte el trayecto en uno de los más expuestos del espacio protegido. La sensación de altura está presente durante gran parte del recorrido, aunque la dificultad no se limita únicamente a la propia faja. Para alcanzarla es necesario afrontar una subida larga, atravesar zonas de alta montaña y superar pasos equipados con clavijas metálicas en los extremos de la ruta.
El itinerario circular que parte de la Pradera de Ordesa tiene una longitud aproximada de entre 15 y 16 kilómetros y supera los 1.000 metros de desnivel positivo. Completarlo puede llevar entre ocho y diez horas, en función del ritmo, la variante elegida y las condiciones del terreno. Estas características hacen que no sea una excursión adecuada para principiantes, ya que requiere buena forma física, experiencia en montaña y seguridad al avanzar por zonas aéreas y tramos verticales.
La ruta de la Faja de las Flores
Uno de los puntos de inicio más habituales se sitúa en la Pradera de Ordesa, en las inmediaciones de Casa Oliván y el área de información. Desde ese punto, el sendero comienza a ganar altura por el interior de un bosque, alejándose del fondo del valle y acercándose poco a poco a las paredes que lo rodean. Este primer tramo mantiene una pendiente constante y sirve de acceso a las zonas superiores del recorrido.
A medida que se gana altitud, la vegetación arbórea va perdiendo presencia y deja paso a praderas, zonas pedregosas y espacios más abiertos. El itinerario puede realizarse en ambos sentidos: la subida se efectúa por el circo de Carriata y las clavijas de Salarons o por el barranco de Cotatuero, utilizando el otro acceso para regresar a la pradera.
Las clavijas metálicas son uno de los elementos que incrementan la dificultad de la excursión. Estas piezas, fijadas directamente a la roca, permiten apoyar manos y pies para superar tramos verticales o especialmente estrechos. Aun así, no eliminan la exposición ni sustituyen la experiencia necesaria para afrontar este tipo de pasos, que pueden complicarse con la humedad, el viento o el cansancio acumulado.
El acceso por Carriata conduce hasta el extremo occidental de la faja. Tras dejar atrás el bosque, la senda continúa por un terreno más irregular hasta alcanzar las clavijas de Salarons, donde es necesario superar un resalte rocoso antes de enlazar con la parte alta. La alternativa por Cotatuero asciende junto al barranco, atraviesa una zona arbolada y llega a unas clavijas instaladas sobre una pared con una caída considerable.
Una vez superado uno de estos accesos, el recorrido alcanza la Faja de las Flores. La cornisa se extiende durante unos tres kilómetros y recorre la pared caliza por encima del valle de Ordesa. Aunque mantiene un perfil casi horizontal, su ubicación obliga a avanzar con atención, ya que en varios tramos el camino discurre cerca del cortado y deja el fondo a gran distancia.
La anchura de la plataforma varía a lo largo del trayecto. Hay zonas en las que se puede caminar con cierta comodidad y otras en las que el espacio se reduce, por lo que resulta necesario prestar atención a cada paso. La ausencia de pendientes pronunciadas en este tramo reduce el esfuerzo respecto a la subida, pero no disminuye el riesgo que supondría una pérdida de equilibrio.
Desde la cornisa se aprecia la estructura escalonada del valle, con paredes rocosas, zonas boscosas en cotas más bajas y praderas en las partes altas. Esta sucesión de paisajes acompaña todo el recorrido, que comienza entre árboles, continúa por terreno de alta montaña y desciende de nuevo hacia el fondo del valle tras cruzar la faja.
Al llegar al extremo opuesto, el sendero inicia un descenso prolongado hacia el segundo conjunto de clavijas. Si la subida se ha realizado por Carriata, el regreso se completa por Cotatuero; en caso de haber elegido el sentido contrario, el descenso continúa por Salarons. En ambos casos, es necesario extremar la precaución en los tramos equipados antes de volver a entrar en el bosque y dirigirse hacia la Pradera de Ordesa.
El verano y el inicio del otoño suelen ofrecer las mejores condiciones para completar la ruta, siempre que no haya nieve, hielo, lluvias intensas o tormentas previstas. Antes de realizarla conviene calcular las horas de luz, llevar agua, comida y ropa adecuada, y valorar la capacidad de todos los integrantes del grupo. La combinación de distancia, desnivel, exposición y pasos verticales hace que no sea un recorrido recomendable para personas sin experiencia en montaña.