Nuevo sistema - El registro digital que empieza a usarse elimina el sello clásico y pasa a guardar datos personales de quienes entran y salen, con fechas marcadas y un calendario que obliga a adaptar medios y plazos
La UE, Reino Unido y España pactan el borrador del tratado sobre Gibraltar
Las fronteras pequeñas suelen concentrar tensiones grandes, porque cada gesto administrativo arrastra historia, poder y economía cotidiana. En el sur de Europa, esa fricción ha marcado durante décadas la relación entre España y Gibraltar, un territorio diminuto que importa mucho más de lo que indica su tamaño.
El conflicto nace de una disputa de soberanía que nunca se cerró y que condiciona cada decisión que afecta al paso entre ambos lados. Gibraltar es un enclave británico situado en la Península Ibérica, con autogobierno interno y política exterior ligada al Reino Unido, mientras España reclama su devolución desde hace más de tres siglos. Esa situación convierte la frontera en un punto sensible, donde cualquier ajuste técnico termina teniendo lectura política.
Las nuevas normas europeas cambian la forma de cruzar
Ese marco explica por qué la frontera terrestre entre La Línea de la Concepción y el Peñón se ha convertido en uno de los lugares donde más se notan los cambios normativos europeos. La Unión Europea ha puesto en marcha el Sistema de Entradas y Salidas, conocido como ESS, un registro digital que controla de forma automática a las personas que entran y salen del espacio Schengen.
El sistema comenzó a funcionar el 12 de octubre de 2025 y, según el calendario comunitario, debe estar plenamente operativo en todas las fronteras exteriores antes del 10 de abril de 2026. En el caso español, el Gobierno ha fijado su aplicación completa en el paso con Gibraltar a partir del 30 de marzo, tras varias reuniones entre ministerios para ajustar plazos y medios.
El ESS cambia la forma en que se controla a los viajeros de países no pertenecientes al espacio Schengen que realizan estancias cortas de hasta 90 días. Con este sistema desaparece el sello manual en el pasaporte y toda la información queda registrada de manera digital. El control se apoya en los datos del documento de viaje, una imagen facial y las huellas dactilares, con el objetivo de seguir los movimientos de entrada y salida con mayor precisión. Este mecanismo permite comprobar de forma automática cuánto tiempo permanece cada persona en territorio europeo y reduce los errores asociados a los controles tradicionales.
En Gibraltar, esta implantación tiene una particularidad relevante. El Gobierno del Peñón anunció la exclusión de sus residentes de estos controles biométricos para evitar demoras en un paso que usan a diario miles de personas.
Esa decisión obliga a coordinarse con las autoridades españolas para retirar parte de la infraestructura actual y sustituirla por soluciones provisionales que permitan un tránsito más ágil. La intención es que quienes viven en Gibraltar no tengan que pasar por el ESS y no entreguen datos biométricos cada vez que cruzan la frontera terrestre.
El acuerdo con Londres abre una etapa con menos barreras físicas
El volumen de tráfico explica la necesidad de esos ajustes. Tras el Brexit, cualquier cruce por la Verja implica un control de salida y entrada en el espacio Schengen, y alrededor de 15 millones de personas utilizan ese paso cada año. Muchas cruzan de forma repetida por trabajo, estudios o motivos familiares.
Para reducir la presión en la frontera terrestre, el nuevo planteamiento prevé trasladar los controles a los puntos de entrada en el aeropuerto, el puerto y las marinas del Peñón. Ese cambio reduce el número de movimientos en la Verja y, con ello, la cantidad de inspecciones necesarias en ese punto.
Ese modelo se apoya en una oficina conjunta situada junto al aeropuerto de Gibraltar, en un espacio compartido donde operan agentes de Frontex, fuerzas de seguridad españolas, la policía gibraltareña y la Agencia de Fronteras y Guardia Costera del territorio. Todos trabajan bajo el Sistema de Información Schengen, con intercambio de datos en tiempo real para evitar duplicidades.
Este esquema enlaza con el tratado acordado entre la Unión Europea y el Reino Unido, alcanzado en junio de 2025 y cerrado en diciembre, que entrará en vigor el 10 de abril de 2026 y prevé suprimir los controles en la frontera terrestre. Si ese acuerdo se consolida, la relación entre España y Gibraltar pasará a otra fase, con una frontera menos física y más administrativa, pero siempre marcada por un contencioso que sigue sin resolverse.