Lahore – Con motivo de la fiesta de san Francisco de Asís y en el octavo centenario de su muerte , la comunidad católica de la localidad de Mariamabad, en el Punjab pakistaní, vuelve la mirada hacia su propia historia y pone una vez más en manos de la Virgen María el camino de la misión. En la «Ciudad de María», uno de los lugares más significativos de la presencia católica en Pakistán, sigue muy vivo el recuerdo de los misioneros capuchinos belgas y, de manera especial, el del padre Frank Van Butsele, el fraile que entregó su vida al servicio de la población del Punjab y murió asesinado en 1953, a los 40 años, en la iglesia de Mariamabad, precisamente donde había ejercido su ministerio.Mariamabad, hoy sede del Santuario Mariano Nacional de Pakistán, nació a finales del siglo XIX gracias a la labor de los capuchinos flamencos. En 1892, el obispo capuchino belga Emmanuel Van Den Bosch compró unas 150 acres de terreno para ofrecer un hogar y una posibilidad de salir adelante a familias cristianas pobres y víctimas de discriminación. En enero de 1893 se instalaron allí las tres primeras familias cristianas, acompañadas por los misioneros franciscanos, en una tierra que recibiría el nombre de «Maryabad», «Ciudad de María». El padre Felix van de Putte, llegado en 1896, impulsó su desarrollo agrícola, social y religioso y promovió la construcción de la iglesia de Santa María y San José, consagrada en 1898.En esta larga historia ocupa un lugar propio la figura del padre Frank Van Butsele, nacido en Ronse, Bélgica, en 1913. Ingresó en los capuchinos en 1930 y fue ordenado sacerdote en 1937. Durante unos quince años se dedicó a la misión en el subcontinente indio. Trabajó en Amritsar, entonces en la India, y posteriormente en el recién creado Pakistán, después de la «partición». Las fuentes históricas capuchinas lo recuerdan como un hombre de fe y caridad, profundamente devoto de la Virgen María, muy unido a la población y a su misión, y dedicado a la catequesis, a la formación de catequistas y al acompañamiento de las comunidades. En Mariamabad, como se llamaría posteriormente la localidad, asumió la responsabilidad de la misión y trabajó en la pastoral, en el desarrollo y la difusión de la devoción mariana y en la promoción humana y social de las familias católicas.Su nombre quedó ligado de manera especial al nacimiento de la tradición de las peregrinaciones marianas. En 1949, pocos años antes de su muerte, el padre Frank contribuyó a convertir la iglesia de Mariamabad en un centro de devoción mariana y puso en marcha la peregrinación anual del 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de la Virgen María. Aquella iniciativa se convertiría con el tiempo en una de las expresiones más significativas de la fe católica en Pakistán. Todavía hoy, el santuario atrae cada año a cientos de miles de peregrinos y constituye también un lugar de encuentro, diálogo y oración entre cristianos y musulmanes .El padre Frank murió el 2 de noviembre de 1953 dentro de su iglesia de Mariamabad. Fue asesinado con una daga por un hombre llamado Diwan Masih, a quien también había ayudado, en un contexto de gran inestabilidad, seis años después del nacimiento de Pakistán. La región seguía marcada por las profundas heridas de la Partición de 1947 entre India y Pakistán, que había provocado migraciones masivas y violencia entre comunidades religiosas. Fue asesinado en la iglesia, delante de sus feligreses, mientras rezaba.Su muerte no puso fin a la misión iniciada por los franciscanos; más bien contribuyó a reforzarla. El sacrificio del padre Frank entró en la memoria de la comunidad como parte de la misma historia misionera. La presencia de los misioneros europeos se convirtió en un punto de partida para el nacimiento de vocaciones locales al sacerdocio y a la vida consagrada, favoreciendo así el crecimiento de la Iglesia local. La misión de los capuchinos buscó acompañar a personas pobres y marginadas mediante el anuncio del Evangelio, pero también construyendo comunidades, escuelas y obras sociales y promoviendo la dignidad de cada persona.En Mariamabad, esta herencia continúa hoy ante la estatua de la Virgen. El Santuario, nacido de la misión de los capuchinos belgas, se ha convertido en un lugar donde cristianos y fieles de otras religiones acuden para confiar a María sus preocupaciones y esperanzas. En este lugar, que la Iglesia de Pakistán sigue vinculando a la memoria del padre Frank, sepultado en el cementerio de Mariamabad, se le recuerda en vísperas de la fiesta de san Francisco no solo como una figura del pasado, sino como un don del Señor dentro de una historia misionera que sigue adelante. La semilla plantada por aquellos misioneros continúa dando fruto en la comunidad católica pakistaní.La misión de hoy se encomienda a María, a quien Mariamabad está consagrada desde sus orígenes. Más de setenta años después de la muerte del padre Frank, la «Ciudad de María» sigue custodiando la memoria de sus misioneros y, al mismo tiempo, mirando al futuro con esperanza y bendiciendo la vida de los fieles en la «tierra de los puros».