Astaná - Cada año, el 29 de agosto, la comunidad internacional celebra el Día Internacional contra los Ensayos Nucleares. En Kazajistán, esta fecha tiene un significado fuertemente simbólico: el 29 de agosto de 1991, de hecho, fue clausurado el polígono de pruebas nucleares de Semipalatinsk. En ese lugar, 42 años antes, el 29 de agosto de 1949, tuvo lugar la primera explosión nuclear soviética. Esa fecha simboliza, en la historia del país, tanto el comienzo de una era trágica como una elección consciente en favor de la paz, el desarme y la cooperación internacional.El año 2026 marca el 35.º aniversario del cierre del polígono de pruebas nucleares de Semipalatinsk, pero también el 30.º aniversario de la apertura a la firma del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares. Es, además, el 20.º aniversario de la firma del Tratado de Semipalatinsk, que establece una zona libre de armas nucleares en Asia Central. “Son tres aniversarios que vinculan la memoria nacional de Kazajistán con el esfuerzo global para prevenir nuevas tragedias nucleares”, señala una nota enviada a Fides por la Embajada de Kazajistán ante la Santa Sede.Entre 1949 y 1989, en el polígono de pruebas de Semipalatinsk se realizaron 456 ensayos nucleares: 30 pruebas en tierra, 86 pruebas atmosféricas y 340 pruebas subterráneas. Sus consecuencias afectaron a amplias zonas y a generaciones enteras de personas, alrededor de 1,5 millones de personas, incluidos los descendientes de quienes estuvieron directamente expuestos. La investigación sigue documentando las consecuencias médicas, psicológicas y sociales a largo plazo de la exposición a la radiación. Semipalatinsk sigue siendo, por tanto, una advertencia sobre el coste humano de los ensayos nucleares para las personas, las familias, las sociedades y el medio ambiente.Aquella historia generó un poderoso movimiento público antinuclear: en 1989 nació el movimiento internacional “Nevada-Semipalatinsk”, que reunió a millones de partidarios del fin de los ensayos nucleares en todo el mundo. También gracias a esta movilización, las pruebas fueron interrumpidas y el 29 de agosto de 1991 el polígono fue cerrado definitivamente, antes de que Kazajistán proclamara formalmente su independencia.Tras la disolución de la Unión Soviética, Kazajistán se encontró en posesión de uno de los mayores arsenales nucleares del mundo de aquella época: alrededor de 1.400 ojivas nucleares, junto con las correspondientes infraestructuras estratégicas. Kazajistán decidió renunciar a este patrimonio, realizando una elección voluntaria de desarme nuclear después del final de la Guerra Fría. En 1994, Kazajistán se adhirió al “Tratado sobre la no proliferación de las armas nucleares” como Estado no poseedor de armas nucleares. Para 1995, las últimas ojivas nucleares habían sido retiradas de su territorio; el Estado firmó el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares el 30 de septiembre de 1996 y lo ratificó el 14 de mayo de 2002.La historia de Semipalatinsk no terminó con el cierre del polígono de pruebas. Kazajistán tuvo que asegurar las antiguas infraestructuras militares, estudiar las zonas contaminadas y crear las condiciones para su rehabilitación. Con este fin, en 1992 se creó el “Centro Nuclear Nacional de la República de Kazajistán”. Entre 2008 y 2021 se llevó a cabo una investigación ambiental completa de todo el antiguo polígono de pruebas, que supuso más de dos millones de mediciones sobre el terreno y más de 100.000 análisis de laboratorio.En 2023 fue creada la “Zona de Seguridad Nuclear de Semipalatinsk”, sometida a un régimen jurídico especial que prevé el acceso limitado a las zonas contaminadas, su descontaminación y el seguimiento continuo de la radiación y del medio ambiente. De este modo, un territorio creado en otro tiempo para las pruebas nucleares se ha transformado gradualmente en un espacio para la investigación científica y la cooperación internacional, completando la transición de infraestructura militar a lugar para el ejercicio de la ciencia pacífica.La política tuvo una repercusión regional: en Semipalatinsk, el 8 de septiembre de 2006, fue firmado el Tratado sobre una Zona Libre de Armas Nucleares en Asia Central, suscrito por Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán, y que entró en vigor en 2009. Asia Central —una región en la que las armas nucleares anteriormente no solo habían sido probadas, sino también desplegadas— se convirtió así en la primera zona libre de armas nucleares del hemisferio norte. En el territorio donde durante décadas funcionó uno de los mayores polígonos de pruebas nucleares del mundo, cinco Estados dieron expresión jurídica a una elección compartida en favor de un espacio desnuclearizado.A nivel internacional, Kazajistán se ha esforzado por dar a la memoria de Semipalatinsk una dimensión universal. Por iniciativa del Estado kazajo, el 2 de diciembre de 2009, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la resolución 64/35, proclamando el 29 de agosto Día Internacional contra los Ensayos Nucleares, entregando la fecha del cierre del polígono a la memoria de toda la humanidad.En 2015, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la “Declaración Universal para el Logro de un Mundo Libre de Armas Nucleares”, promovida por Kazajistán, que es miembro del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, firmado en 2018 y ratificado el 29 de agosto de 2019. También la Santa Sede firmó y ratificó el Tratado el 20 de septiembre de 2017, convirtiéndose en uno de los primeros Estados miembros.“el presidente de la República de Kazajistán, Kassym-Jomart Tokayev, ha deseado la reanudación del diálogo entre las potencias nucleares y una acción multilateral capaz de reducir el riesgo del uso de armas nucleares. El Papa León XIV, en un mensaje del 5 de marzo de 2026, ha deseado que “la amenaza nuclear no condicione nunca más el futuro de la humanidad”. “Kazajistán y la Santa Sede están unidos no solo por una aspiración moral a un mundo sin armas nucleares, sino también por un compromiso concreto, conforme al derecho internacional, para alcanzar este objetivo”, señala la nota.Concluye la nota enviada a Fides por la Embajada de Kazajistán: “Este es uno de los significados centrales del 29 de agosto: preservar la memoria de lo que se ha vivido y transformar esa memoria en responsabilidad por un futuro moldeado no por la amenaza nuclear y el miedo, sino por la dignidad humana, la confianza y la paz”.