Por Paolo AffatatoMumbai – Una Iglesia llamada a vivir su misión en el corazón de una de las megalópolis más grandes, dinámicas y contradictorias de la India: esta es la realidad cotidiana de la archidiócesis de Bombay, un territorio en el que conviven, por un lado, grandes centros financieros y comerciales y la industria del entretenimiento de Bollywood y, por otro, algunas de las mayores zonas de asentamientos informales de Asia. «Por su complejidad urbana, su importancia geopolítica y su impacto pastoral, Bombay representa un eje vital para la Iglesia católica en la India», explica a la Agencia Fides el obispo auxiliar de Bombay, Stephen Victor Fernandes.La archidiócesis cuenta con unos 500.000 bautizados en un territorio habitado por más de 21 millones de personas, que comprende la metrópoli de Mumbai, su extensa área suburbana y algunos distritos limítrofes del estado de Maharashtra, en el centro-oeste de la India. Es una realidad profundamente desigual: junto a la riqueza de los barrios financieros y comerciales se extienden amplias zonas marcadas por la pobreza extrema, la precariedad de la vivienda y el desempleo. La propia ciudad es un mosaico lingüístico y cultural: junto al marathi, lengua oficial de Maharashtra, están muy extendidos el hindi, el guyaratí, el inglés y muchas otras lenguas.Sobre todo en las periferias y en los 'slums', la Iglesia lleve a cabo una parte esencial de su misión. «El mayor desafío es la desigualdad social y la pobreza urbana», observa el obispo, que recuerda la inmensa barriada de Dharavi, situada en el corazón de Mumbai, «una de las mayores zonas de asentamientos informales de Asia y del mundo». Dharavi destaca a escala mundial por su extraordinaria densidad de población: se calcula que viven allí alrededor de un millón de personas, con una densidad de 277.000 habitantes por kilómetro cuadrado, lo que la sitúa entre las zonas más densamente pobladas del planeta.En este contexto, «la comunidad católica lleva históricamente comprometida con la educación, la asistencia sanitaria y los servicios sociales sin discriminación por motivos de casta o religión». «En los barrios más pobres –explica-, donde a menudo faltan servicios básicos e infraestructuras, la presencia de la Iglesia se hace visible también a través de las Comunidades Eclesiales de Base: pequeñas comunidades integradas en el tejido de los 'slums', que tratan de ser “pequeños puntos de luz”, con el Evangelio en el centro, en contextos marcados por la pobreza y, en ocasiones, por la delincuencia».Esta presencia capilar se traduce en una amplia red de obras sociales y educativas. Además de las 124 parroquias, las instituciones educativas católicas comprenden 167 escuelas, 33 colleges, 18 centros de educación no formal y 15 instituciones de educación especial. En el ámbito sanitario funcionan nueve hospitales y 25 dispensarios y clínicas. «La pastoral a través de las escuelas y los hospitales, en los ámbitos educativo y sanitario, es una de las columnas vertebrales de nuestra misión», subraya el obispo Fernandes.En el ámbito educativo, junto a centros de gran prestigio a nivel nacional, la Iglesia mantiene una especial atención a las periferias. Grandes centros como el St. Xavier's College, gestionado por los jesuitas, y el Sophia College for Women conviven con pequeñas escuelas y centros de apoyo escolar destinados a los hijos de trabajadores eventuales y a las familias más pobres. «El objetivo es combatir el abandono escolar y ofrecer oportunidades a los niños y jóvenes que viven en las zonas más degradadas, como Dharavi», explica.Lo mismo ocurre en el ámbito sanitario. La archidiócesis dispone de hospitales de excelencia, pero también de una red de dispensarios y clínicas que llega hasta las zonas suburbanas y rurales. «En los distritos donde los servicios públicos son más deficitarios, las congregaciones religiosas, especialmente las femeninas, gestionan centros de atención sanitaria de proximidad; las clínicas móviles llevan médicos y medicamentos básicos también a los 'slums' y a las aldeas de las comunidades tribales». La Iglesia local gestiona asimismo 12 centros dedicados a la atención de la lepra y el sida y 20 centros para personas mayores, personas con discapacidad y enfermos terminales.«La Iglesia fue pionera en Mumbai en la apertura de centros de acogida para enfermos de cáncer terminal, centros para la atención de la lepra, una enfermedad que todavía existe, y hogares para personas con sida, luchando contra el estigma social que sufren estos enfermos», recuerda el obispo. En esta tradición de servicio se inscribe también el testimonio de las Misioneras de la Caridad, fundadas por madre Teresa de Calcuta, que en Mumbai han desarrollado su presencia junto a los pobres, los enfermos y las personas marginadas.Otro ámbito en el que se expresa la vida de la Iglesia es el diálogo interreligioso. «Vivimos inmersos en una sociedad pluralista, con una mayoría hindú y amplias comunidades musulmanas y budistas», continúa el obispo Fernandes. En un contexto social y político marcado en ocasiones por el nacionalismo religioso, «la Iglesia trata de proteger los derechos y la vida de las minorías religiosas, también mediante el diálogo sobre la reciente normativa introducida en el estado de Maharashtra relativa a las conversiones religiosas».También es muy importante la pastoral juvenil. «Mumbai –observa- es una megalópolis proyectada hacia la modernidad global, donde las nuevas generaciones están expuestas a la secularización, a la cultura del consumo y a una fuerte competencia en los estudios y en el mundo laboral». «Muchos jóvenes tienden a abandonar la práctica religiosa y la vida eclesial, orientándose hacia el exterior, hacia las profesiones y la búsqueda de un empleo cualificado», señala el obispo. El desafío pastoral consiste, por tanto, «en proponer los valores del Evangelio en un entorno muy competitivo y en rápida transformación. Si la vida de los jóvenes está acompañada por Cristo, su crecimiento humano y profesional cobra otro sentido y adquiere una plenitud distinta: nuestra tarea es ayudarles a tomar conciencia de ello».Especialmente al pensar en los jóvenes, la Iglesia se pregunta también cómo relacionarse con los nuevos medios digitales, considerándolos un ámbito más de evangelización. «Junto al testimonio concreto de la vida y de las relaciones personales, este es otro ámbito imprescindible: un nuevo púlpito desde el que anunciar el Evangelio a la humanidad de hoy», afirma el obispo Fernandes.En este ámbito tampoco puede ignorarse la cuestión de la inteligencia artificial. «Es una cuestión crucial, muy presente en la India. Como profesor de ética, he tenido ocasión de subrayar lo que ha dicho el Papa en la encíclica Magnifica Humanitas», afirma Fernandes, planteando la cuestión de fondo: «¿Cómo podemos poner la inteligencia artificial al servicio del bien común, de la vida y de la dignidad de la persona?».«Es una cuestión que, en el presente y en el futuro, afectará a la misión de la Iglesia en Bombay, en la India y en todo el mundo», concluye.