Mucho antes de convertirse en una de las grandes atracciones del sur de España, esta pasarela suspendida entre montañas fue una infraestructura claveLas cuevas de Nerja: un remanso de paz en Málaga donde te gustará perderte
Hoy aparece en casi cualquier lista sobre qué ver en Málaga. Miles de personas recorren cada año sus pasarelas suspendidas mientras hacen fotos del paisaje, miran hacia el vacío o intentan controlar el vértigo en mitad del desfiladero. Pero el origen del Caminito del Rey no tiene nada que ver con el turismo, las excursiones ni las experiencias extremas que hoy llenan las redes sociales.
De hecho, durante décadas ni siquiera fue un lugar pensado para visitantes. Aquella estructura colgada sobre la roca nació por una necesidad mucho más práctica: conectar dos saltos hidroeléctricos en un entorno donde moverse era casi imposible.
La historia empieza en el impresionante Desfiladero de los Gaitanes, situado en la parte occidental de la Cordillera Bética. Allí, el río Guadalhorce ha ido perforando la roca durante siglos hasta formar un cañón estrecho y vertical que, en algunos puntos, supera los 300 metros de altura. Hay zonas donde el paso apenas alcanza diez metros de anchura y la sensación de encierro resulta tan impactante como el propio vacío.
Tal y como dice la Plataforma Oficial del Caminito del Rey, el desfiladero cuenta con “paredes de más de 300 metros de altura y anchuras menores a 10 metros”, una descripción que ayuda a entender por qué levantar allí un camino suspendido a principios del siglo XX parecía una auténtica locura.
Vista del Caminito del Rey.
El Caminito del Rey nació como un paso para trabajadores
Según la misma web, con un apartado donde detallan su historia, las obras comenzaron en 1901 y terminaron en 1905. La Sociedad Hidroeléctrica del Chorro necesitaba una conexión entre el Salto del Gaitanejo y el Salto del Chorro para facilitar el traslado de materiales, la vigilancia y el paso de los operarios encargados del mantenimiento.
La solución fue construir una senda aérea incrustada en las paredes del Desfiladero de los Gaitanes. Un camino estrecho, colgado a unos cien metros sobre el río y con tramos que apenas alcanzaban un metro de ancho. Nada de miradores turísticos ni rutas de aventura: aquello era pura ingeniería funcional.
El recorrido comenzaba junto a las vías del tren y atravesaba el desfiladero conectando ambos lados de la garganta. Durante años, el camino tuvo únicamente esa utilidad industrial. El nombre por el que hoy todo el mundo lo conoce todavía no existía.
Fue en 1921 cuando Alfonso XIII visitó la zona para inaugurar la presa del Conde del Guadalhorce y cruzó aquella pasarela previamente construida. A partir de entonces, los vecinos empezaron a llamar al lugar Caminito del Rey, un nombre que terminó quedándose para siempre. Resulta curioso pensar que uno de los grandes símbolos del actual turismo en Andalucía surgiera simplemente porque un rey atravesó una infraestructura creada para trabajadores.
Con el paso del tiempo, además, la pasarela suspendida se convirtió en una imagen icónica de cualquier ruta en Málaga. Desde abajo, el camino parecía imposible: una línea estrecha pegada a la roca, flotando sobre el vacío y cruzando uno de los paisajes más abruptos de Andalucía.
El Desfiladero de los Gaitanes, donde se ubica el Caminito del Rey
Del abandono a la leyenda negra del turismo en Andalucía
Décadas después, el problema llegó con el deterioro. La falta de mantenimiento, el abandono y el paso del tiempo fueron destruyendo buena parte de la estructura original. Desaparecieron barandillas, el pavimento quedó dañado y en muchos tramos solo permanecían visibles las vigas de soporte.
Precisamente esa peligrosidad terminó aumentando su fama. El Caminito del Rey comenzó a atraer excursionistas y escaladores fascinados por el riesgo de recorrer una pasarela medio derruida sobre el abismo. La mezcla entre paisaje espectacular y peligro extremo convirtió el lugar en una especie de mito dentro del turismo en Andalucía.
La propia plataforma oficial reconoce que la fama del enclave creció debido a “su peligrosidad” y a su relación con la escalada. Durante años, numerosos aventureros acudieron hasta El Chorro atraídos por la leyenda negra del camino.
Sin embargo, esa fama también tuvo consecuencias trágicas. Entre 1999 y 2000 murieron cuatro excursionistas en distintos accidentes, lo que llevó a la Junta de Andalucía a cerrar los accesos y desmontar parte del recorrido para impedir el paso.
Durante mucho tiempo, entrar allí significaba asumir un riesgo enorme. Y aun así, la leyenda no dejó de crecer. Quizá porque el Caminito del Rey seguía transmitiendo algo especial: la sensación de caminar por una cicatriz humana incrustada en mitad de la montaña. Finalmente, en 2014 comenzó el proceso de restauración impulsado por la Diputación de Málaga y, en marzo de 2015, el camino reabrió convertido ya en una de las grandes experiencias de qué ver en Málaga.