Juba – “Hay que tener cuidado de que las elecciones generales de diciembre de 2026 no aviven la inseguridad ni la violencia”. Esta es la advertencia contenida en la Declaración Pastoral de Limuru, firmada el 7 de agosto de 2026, al término de un retiro espiritual de cuatro días que los responsables cristianos de Sudán del Sur han mantenido en Limuru, Kenia, del 4 al 7 de agosto. “El dilema radica en que, por un lado, existe el deseo urgente de concluir el período de transición y establecer un gobierno legítimamente elegido, mientras que, por otro, existe la responsabilidad igualmente importante de garantizar que el proceso electoral no contribuya a la inseguridad, la injusticia y la fragmentación nacional”, afirma la declaración.El documento destaca los factores que podrían poner en peligro unas elecciones libres y pacíficas son la inseguridad generalizada, la presencia de grupos armados, la proliferación de armas pequeñas, la falta de unificación de las fuerzas de seguridad y la insuficiencia de garantías legales e institucionales. A estos factores se suman otros cruciales, como la falta de fiabilidad de los datos demográficos y los registros electorales, la deficiente educación cívica, la limitada libertad de expresión política y civil, la preparación inadecuada para que las personas desplazadas y los refugiados puedan votar, y el riesgo de una creciente polarización étnica. Todos estos factores, subraya el comunicado, corren el riesgo de convertir la contienda electoral en una nueva ocasión para que se desate la violencia.Los líderes religiosos también expresan su profunda preocupación por el destino de los presos políticos detenidos arbitrariamente. Sin embargo, los dirigentes de las Iglesias afirman que “no hablan por desesperación”, recordando el papel histórico de la Iglesia al acompañar a las comunidades sursudanesas durante los conflictos, los desplazamientos y los períodos de incertidumbre política. Se comprometieron a implicar al gobierno, a los actores políticos y político-militares, a los organismos regionales y a los socios internacionales en la definición de los parámetros necesarios para garantizar una transición pacífica, creíble e inclusiva.Los líderes religiosos también se comprometieron a fortalecer los programas nacionales para la sanación de conciencias y la reconciliación, a establecer equipos de mediación liderados por miembros de la comunidad religiosa, a ampliar los mecanismos de alerta temprana y a promover la educación cívica y para la paz. Finalmente, esperan una mayor participación de las mujeres y los jóvenes en la consolidación de la paz, la mediación, la educación cívica y los procesos de toma de decisiones.