Mundial 2026 - Gilbert Martina promovió una vía basada en descendientes establecidos en Europa mientras Patrick Kluivert colaboró para acercar al proyecto a nuevos integrantes
Las grandes redes esclavistas crecieron allí donde una potencia encontraba ventajas comerciales difíciles de sustituir. Curazao ocupó ese papel porque su posición en el Caribe facilitaba el tránsito marítimo entre distintos territorios. Bajo control neerlandés, la isla quedó integrada en rutas que movían mercancías y personas esclavizadas a gran escala.
Ese sistema convirtió a miles de africanos en objeto de compraventa dentro del comercio atlántico. Las ganancias obtenidas reforzaron el interés de los Países Bajos por conservar el enclave. Las consecuencias de aquel periodo siguieron presentes durante generaciones en la sociedad de la isla.
Curazao pasó a ser un país autónomo en 2010
Curazao forma parte hoy del Reino de los Países Bajos como país autónomo, una situación que ayuda a entender tanto su pasado colonial como el desarrollo de una selección nacional que ha alcanzado por primera vez una Copa del Mundo. La historia política de la isla y los lazos mantenidos con los Países Bajos terminaron influyendo de forma decisiva en la construcción de su proyecto futbolístico.
El primer contacto europeo con Curazao se produjo en 1499, cuando Alonso de Ojeda llegó a la isla acompañado por Américo Vespucio. La Corona española incorporó el territorio a su imperio, aunque la ausencia de grandes reservas de oro redujo el interés económico que despertaba frente a otras posesiones americanas. Durante ese periodo, gran parte de la población indígena caiquetía fue trasladada al continente para trabajar en explotaciones mineras.
La configuración política actual llegó mucho después. Curazao fue durante años la capital de las Antillas Neerlandesas y pasó a convertirse en un país autónomo dentro del Reino de los Países Bajos tras la disolución de esa entidad en 2010. Ese cambio mantuvo intactos los lazos con los Países Bajos y favoreció una conexión humana constante entre ambas orillas del Atlántico.
La federación buscó talento con raíces familiares isleñas
Esa relación resultó decisiva cuando la federación empezó a construir una selección capaz de competir a escala internacional. El Financial Times explica que, desde 2011, el plan consistió en atraer a futbolistas nacidos en los Países Bajos que conservaban raíces familiares en Curazao.
Gilbert Martina, presidente de la federación, impulsó esa estrategia en una etapa marcada por problemas económicos y por una competición local que llegó a permanecer suspendida durante años. El exazulgrana Patrick Kluivert, cuya madre era originaria de la isla, participó además en la tarea de convencer a jugadores con ascendencia curazoleña para incorporarse al proyecto.
Bacuna es uno de los pilares de Curazao
La iniciativa ganó fuerza con figuras como Leandro Bacuna y Eloy Room. El capitán recordó en el Financial Times que él y varios compañeros hablaron con futbolistas de la diáspora para reforzar el grupo. Room compartía esa idea, aunque marcaba un límite claro sobre el proceso de captación. “No me arrodillaré para convencer a nadie”, afirmó el guardameta al explicar que vestir la camiseta de Curazao debía responder a una decisión personal tomada desde el corazón. Con el paso de los años fueron llegando más jugadores formados en el fútbol neerlandés, lo que elevó el nivel competitivo del equipo; entre ellos figura Tahith Chong, actualmente en el Sheffield United, quem es el único integrante del grupo nacido en Willemstad.
Los resultados aparecieron durante la clasificación para el Mundial de 2026. Curazao completó diez partidos sin perder y superó una fase exigente frente a selecciones como Haití, Trinidad y Tobago o Jamaica. Dentro del vestuario existía la sensación de que el nuevo formato de clasificación ofrecía una oportunidad histórica. “Si había una oportunidad de llegar al Mundial, era ahora”, recordó Room al hablar de una edición en la que Estados Unidos, México y Canadá ya estaban clasificados como anfitriones. El empate sin goles conseguido en Jamaica selló finalmente el billete para el torneo.
El debut mundialista planteará una prueba muy exigente
El Mundial representa ahora un desafío de otra dimensión. Curazao compartirá grupo con Alemania, Ecuador y Costa de Marfil, tres rivales con mayor experiencia en grandes competiciones y que, sobre el papel, son mejores que el combinado isleño. De hecho, sus últimos tres partidos han sido derrotas, y encima abultadas, contra China, Australia y Escocia.
Eloy Room explicó a The Guardian que el equipo intentará mantener su identidad futbolística, aunque también deberá adaptarse a partidos en los que tendrá menos posesión de balón. La federación ha fijado como objetivo alcanzar la segunda ronda, una meta ambiciosa para el país más pequeño que ha logrado clasificarse para un Mundial.
La preparación hacia el torneo también estuvo marcada por movimientos en el banquillo. Dick Advocaat, que ganó en 2009 la UEFA con el Zenit de San Petersburgo y que condujo al equipo hasta la clasificación, dejó temporalmente su puesto para acompañar a su hija enferma.
Fred Rutten asumió entonces la dirección técnica, aunque una serie de circunstancias acabó propiciando el regreso de Advocaat pocas semanas antes del Mundial. El veterano entrenador neerlandés, volverá así a liderar a la selección en la cita más importante de su historia.
La herencia colonial siguió presente tras la esclavitud
La relación entre Curazao y los Países Bajos tiene raíces mucho más antiguas. En 1634, la Compañía Neerlandesa de las Indias Occidentales tomó el control de la isla por el valor estratégico de su puerto natural. Willemstad y la bahía de Schottegat se transformaron en centros de distribución de personas esclavizadas enviadas desde África hacia distintos territorios del Caribe y de Sudamérica. Durante los siglos XVII y XVIII, buena parte de la actividad económica local giró alrededor de ese tráfico humano.
La abolición de la esclavitud llegó en 1863, pero las consecuencias sociales persistieron durante décadas. La población afrocurazoleña siguió enfrentándose a situaciones de desigualdad mientras la economía buscaba nuevas fuentes de crecimiento.
Más adelante, la instalación de una refinería de Royal Dutch Shell en Willemstad impulsó el empleo y atrajo inmigración procedente de otros puntos del Caribe y de Sudamérica. Esa transformación económica convivió con una memoria histórica marcada por el papel que Curazao desempeñó durante siglos dentro del comercio esclavista atlántico.