El cineasta Marco Bellocchio dirigió ‘El rapto’ (2023), largometraje en el que se contó el caso de Edgardo MortaraLa historia de Elena Cornaro Piscopia, la filósofa italiana que se convirtió en la primera mujer con un doctorado
Bolonia. Año 1858. Los soldados del Papa irrumpen en la casa de los Mortara para secuestrar a su hijo de siete años, Edgardo. La familia queda envuelta en una lucha para tratar de recuperar a su hijo ante esta acción de la Iglesia Católica. Es la sinopsis de El rapto, la película dirigida por Marco Bellocchio que llegó a cines en 2023 y que dio muchísimo que hablar.
En parte, la conversión giró en torno al hecho de que, lejos de ser un relato completamente ficticio pensado para la gran pantalla, la película del cineasta italiano contaba una historia real. La historia de Edgardo Mortara, un niño judío que fue arrebatado de sus padres después de haber sido bautizado como cristiano en secreto por una criada católica que trabajaba para la familia.
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La historia de Edgardo
Para conocer esta historia debemos viajar hasta la Bolonia del siglo XIX. Allí encontramos a Edgardo, el noveno de los doce hijos de la familia judía formada por Marianna y Salomone Mortara, que tiene poco más de un año cuando de repente enferma. Tiene unas fiebres tan altas que toda la casa, incluida Anna Morisi, criada católica de los Mortara, cree que el pequeño va a morir.
Es en este contexto en el que Anna recuerda lo que la Iglesia dice del “bautismo in articulo mortis”, ese que se hace con agua a una persona que está a punto de morir cuando no hay tiempo o posibilidad real de realizar el bautismo sacramental normal. La criada decide bautizar al niño con agua, dando por hecho su muerte. Sin embargo, para sorpresa de los Mortara, Edgardo empieza a recuperarse y sobrevive.
Anna entra en pánico al darse cuenta de las posibles consecuencias si revela lo que ha hecho, pero decide callarse y no contarle nada a nadie. Entonces pasan cinco años y es ahora Aristide, hermano pequeño de Edgardo, quien cae enfermo. Las amigas de Anna, católicas como ella, le piden que lo bautice, pero ella se niega. En este caso, el pequeño Aristide acaba muriendo sin ser bautizado.
La criada acaba contando lo que hizo a su confesor y la información corre como la pólvora hasta llegar al papa Pío IX. La Iglesia intenta entonces convencer a los padres de la familia Mortara, tratando de hacerles entender que, pese a ser judíos, Edgardo debía recibir una educación cristiana por haber sido bautizado. Al no llegar a un acuerdo con ellos, la policía del Vaticano decide llevarse al niño por la fuerza, alegando que está prohibido que menores católicos sean criados por personas de otras creencias.
Edgardo Mortara de adulto como sacerdote agustino (derecha) y su madre (sentada).
El menor acabó estudiando para sacerdote en Roma hasta el año 1870. Luego se marchó a Francia, donde se ordenó sacerdote. Edgardo pasó el resto de su vida fuera de Italia y murió en Bélgica en 1940, con 88 años. “Incluso pagando un alto precio en sufrimiento psicológico, siempre justificó las acciones de quienes lo habían separado de su familia buscando su propio bien superior”, señala la Biblioteca municipal de Archiginnasio de Bolonia.