Enfermedad - En Europa han aparecido cepas resistentes a fungicidas y otras adaptadas a temperaturas más altas, lo que obliga a los agricultores a buscar productos distintos
enfermedad que arrasó los cultivos de patata dejó a familias muriendo de hambre, mientras algunos discutían por un trozo de comida y otros caían enfermos sin remedio.
Los campos ennegrecidos no ofrecieron nada que recoger y el miedo se instaló en las casas que ya no tenían reservas. Aquel golpe obligó a preguntarse de dónde había salido el organismo que provocó semejante desastre y cómo logró expandirse con tanta rapidez.
Un grupo internacional apunta hacia Sudamérica tras revisar ADN antiguo y reciente
Esa pregunta sobre el origen del patógeno es la que aborda un estudio de gran escala publicado en PLOS ONE, donde un equipo liderado por Allison Coomber y Jean Ristaino, profesora en North Carolina State University, analizó genomas completos de Phytophthora infestans y de especies cercanas.
El trabajo concluye que el foco inicial se sitúa en los Andes y no en México, tras comparar muestras actuales e históricas, incluidas las recogidas en la hambruna irlandesa del siglo XIX. Los autores relacionan este resultado con la necesidad de localizar fuentes de resistencia en la región andina para frenar brotes futuros.
El análisis incluyó seis especies emparentadas con P. infestans, entre ellas P. andina y P. betacei en Sudamérica, así como P. mirabilis y P. ipomoeae en México. Los datos muestran que las especies mexicanas forman grupos genéticos diferenciados, mientras que P. infestans aparece entrelazada con las andinas.
Las tres sudamericanas presentan límites difusos y comparten intercambios de material genético, hasta el punto de comportarse como parientes cercanos. Según las estimaciones del estudio, el ancestro común de la rama andina y la mexicana se separó hace unos 5.000 años, y las poblaciones mexicanas actuales son más recientes.
Ese encaje genético coincide con documentos antiguos y con la lectura que hace Jean Ristaino, que habló con The Guardian como coautora del estudio. La investigadora afirmó que “así es como funciona la ciencia”. En la misma conversación añadió que “con el tiempo, las pruebas se inclinan claramente hacia los Andes, porque el ADN no miente y la genética muestra ascendencia en esa región”. Ristaino recordó también que en 1845 ya se intentaba averiguar el origen del brote que golpeó a Europa y Estados Unidos, y señaló que “había informes de que la enfermedad había ocurrido y era conocida entre los indígenas andinos que cultivaban patatas”.
La investigación no se queda en el pasado. En Europa han aparecido variantes resistentes a fungicidas y cepas capaces de tolerar temperaturas más altas, lo que obliga a los agricultores a buscar otros productos y estrategias. Ristaino explicó que “cuando se conoce el centro de origen de un patógeno, es allí donde se va a encontrar resistencia frente a él”. Añadió que “a largo plazo, la forma de gestionar esta enfermedad es a través de la resistencia del hospedador, y este trabajo muestra que el esfuerzo de mejora debe centrarse en los Andes”.
Bruselas dio luz verde a variedades editadas y varios investigadores reclamaron otras comprobaciones
A raíz de estos resultados, la Unión Europea activó en 2026 su normativa sobre Nuevas Técnicas Genómicas, que facilita el uso de cultivos editados genéticamente, y los primeros ensayos a gran escala con patatas que incorporan tres genes de resistencia muestran inmunidad casi total frente al tizón incluso en condiciones húmedas.
No todos dan el debate por cerrado. David Cooke, investigador del James Hutton Institute que no participó en el estudio, valoró el trabajo pero advirtió que aún falta una prueba decisiva. Señaló que “lo que necesitamos como prueba definitiva sería un estudio en Sudamérica que revele una población sexual”. Cooke recordó que en México la reproducción sexual es frecuente y mantiene diversidad genética, mientras que en Sudamérica predominan clones, un patrón que complica la interpretación sobre el lugar exacto de origen.
El desastre del siglo XIX, que causó alrededor de un millón de muertes y obligó a millones de personas a emigrar, sigue siendo el punto de partida de esta discusión. Durante décadas se enfrentaron dos hipótesis, una que miraba a los Andes y otra que apuntaba a México como cuna del microorganismo. El nuevo análisis genómico inclina la balanza hacia Sudamérica y relaciona aquel episodio de hambre masiva con decisiones actuales sobre mejora vegetal y regulación agrícola.