La experta asegura que hay evidencia científica suficiente para implementar este control del uso de los móviles entre los más jóvenes
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prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años este 2026, siguiendo el modelo de Australia, que ya cuenta con esta restricción desde el 10 de diciembre. Esta medida, que surge en un contexto en el que la salud mental de los más jóvenes se encuentra bajo una gran presión, en parte debido al uso de las redes, ha abierto un debate sobre la protección de la infancia en el entorno digital.
“Cada vez tenemos una mayor evidencia del efecto que puede tener un abuso de las redes sociales en la salud mental de los menores”, asegura la psicóloga infantil Silvia Álava. “Tenemos que pensar que en estos momentos la media de uso de los dispositivos electrónicos para ocio en los jóvenes está en 7 horas al día y eso implica lo que se llama el desplazamiento digital, es decir, que el ocio completamente digital está sustituyendo a prácticas deportivas, al tiempo presencial con familia y amigos, incluso el tiempo de pelearte con tus hermanos, a cosas que sabemos que son absolutamente imprescindibles para un correcto desarrollo a nivel cognitivo, a nivel emocional y a nivel social”, desarrolla Álava.
En Dinamarca, otro país que cuenta desde el pasado noviembre con una restricción de acceso a estas plataformas para menores de 15 años, su primera ministra aprovechó el mensaje de Año Nuevo para reivindicar que las empresas dueñas de las redes sociales “deben ser reguladas más estrictamente”. Mette Frederiksen afirmó con contundencia que los responsables de aplicaciones como Istagram o TikTok “están robando la infancia a nuestros niños” y que ganan “millones a costa de otras personas, especialmente de nuestros niños”.
“También tenemos evidencia de estudios que nos dicen es que hay una correlación entre la edad en la que se les da ese móvil con acceso a internet y redes sociales y se produce ese abuso, con la aparición de determinados problemas de salud mental, sobre todo ansiedad, depresión, incrementos de trastornos de conducta alimentaria”, señala la psicóloga, que puntualiza que estos problemas son más comunes en chicas.
La responsabilidad de las plataformas
Uno de los puntos más innovadores de este tipo de regulaciones es que sitúan la carga del control en las propias empresas tecnológicas y no en las familias. La psicóloga defiende que es lo justo, debido a que el diseño de las redes sociales no es neutral: “El problema muchas veces viene de que esa plataforma está creada para ‘hackear’ el cerebro de tal forma que consiga que tú te puedas quedar ahí la mayor cantidad de tiempo”.
El uso de mecanismos como el ‘scroll’ infinito con estímulos visuales y auditivos que cambian a gran velocidad potencia este efecto. “Nuestro cerebro no está pensado para estar delante de una pantalla de ese modo”, afirma la experta, que añade “un cerebro en formación es muchísimo más vulnerable”.
Mientras que la Asociación Española de Pediatría recomienda “cero pantallas” antes de los seis años, Álava subraya que en la adolescencia, cuando se configura la personalidad, el grupo de iguales es clave para generar pertenencia, pero las redes sociales a menudo ofrecen lo contrario: “En lugar de tener un grupo que me cuida y que me quiere, en ocasiones tenemos todo lo contrario, porque estamos sometidos a 'haters'”.
Ante esta realidad, la psicóloga advierte a los padres de que “darle un teléfono a un niño o a una niña no es inocuo” y que más allá de la ley, el papel de las familias es fundamental para realizar una supervisión activa. Para ello, la experta recomienda siempre controlar la cantidad de horas de uso de los dispositivos, vigilar el tipo de contenido consumido y asegurarse de que el teléfono se quede fuera de la habitación cuando se van a dormir.