Nuevos métodos para vigilar - El cruce de acusaciones de espionaje entre Pekín y gobiernos occidentales se ha intensificado en los últimos meses
Un cable submarino mal protegido obliga a cualquier potencia a mirar el mar como un espacio donde también se libra la vigilancia. Los Estados con intereses militares vigilan si otros les espían porque una ruta naval, una base costera o una comunicación sensible pueden revelar movimientos que conviene mantener fuera del alcance rival.
Esa atención crece cuando la tecnología permite recoger datos sin acercar un buque de guerra ni provocar una crisis diplomática. En ese terreno, los animales pueden servir como soporte porque se desplazan por zonas difíciles, despiertan menos sospechas y pueden transportar sensores pequeños durante recorridos largos. La utilidad está en el acceso, en la discreción y en la posibilidad de enviar información ambiental que después ayuda a interpretar un territorio marítimo.
China aseguró que halló especies con sensores adheridos
China ha acusado a agencias extranjeras de inteligencia de usar nuevos métodos para vigilar sus aguas, incluidos animales marinos equipados con sensores. El Ministerio de Seguridad del Estado de China publicó el viernes en WeChat un aviso sobre una “guerra secreta invisible” en los mares próximos al país, donde, según su versión, se estarían reuniendo datos sensibles mediante aparatos de espionaje.
La institución afirmó que esas prácticas buscan obtener información del entorno submarino y de la actividad marítima, aunque no identificó a ningún país ni a ninguna agencia responsable. Por lo tanto, son acusaciones en términos generales.
Entre los aparatos señalados por Pekín aparecen boyas instaladas, según el ministerio, por un instituto extranjero de investigación marina. Esos dispositivos llevarían sensores meteorológicos de alta precisión y permitirían rastrear en tiempo real las firmas acústicas de submarinos chinos.
La misma publicación citó un nuevo tipo de planeador marino impulsado por el oleaje y por energía solar, al que atribuyó la transmisión de datos ambientales de interés militar e información sobre movimientos de embarcaciones. También mencionó equipos colocados en buques de carga capaces de captar la actividad de los puertos en tiempo real.
La parte más llamativa de la acusación se centró en criaturas marinas de gran tamaño. El Ministerio de Seguridad del Estado de China aseguró que se habían hallado animales con sensores adheridos en ciertas aguas del país, dentro de un apartado titulado “tortugas espía, peces espía”.
Según esa versión, los animales nadaban por zonas determinadas mientras recogían temperatura del agua, salinidad y corrientes oceánicas, y después transmitían esos datos al extranjero por satélite. La publicación no aclaró dónde se localizaron esos ejemplares ni qué grupo habría colocado los dispositivos.
Rusia ya utilizaba delfines para proteger Sebastopol
El uso militar de animales marinos ya había aparecido en acusaciones anteriores. En 2023, la inteligencia de defensa británica informó de que Rusia reforzaba la seguridad de su base de la Flota del mar Negro en Sebastopol, puerto situado en la península ucraniana ocupada de Crimea, mediante delfines entrenados y mantenidos en corrales flotantes.
El Ministerio de Defensa británico atribuyó a esos animales una función defensiva frente a incursiones bajo el agua: “Probablemente estaban destinados a contrarrestar a buzos enemigos”.
Otro antecedente se remonta a 2019, cuando una beluga apareció en la costa noruega con un arnés preparado para montar una pequeña cámara, un episodio que alimentó sospechas sobre un posible entrenamiento por parte de la marina rusa, aunque Moscú no dio una respuesta oficial.
Pekín pidió ayuda ciudadana para localizar aparatos
Pekín intenta llevar esa vigilancia también a la costa civil. El ministerio pidió controles de seguridad adecuados sobre equipos recibidos del extranjero y animó a pescadores, investigadores y propietarios de embarcaciones a comunicar la presencia de boyas o dispositivos sospechosos.
Según una información recogida por CBS News a partir de BBC News, algunos pescadores han recibido hasta 500.000 yuanes, unos 63.600 euros, por entregar supuestos aparatos de espionaje marítimo a las autoridades. Otros medios chinos sitúan esas recompensas en una horquilla de 50.000 a 500.000 yuanes, cerca de 6.300 a 63.600 euros.
Las denuncias entre China y Occidente se intensificaron
El cruce de acusaciones de espionaje entre Pekín y gobiernos occidentales se ha intensificado en los últimos años. China denunció el mes pasado como una “farsa política” las condenas de dos hombres en Reino Unido por espiar a disidentes de Hong Kong.
En mayo, la policía alemana detuvo a un matrimonio acusado de recabar información sobre tecnología avanzada con posibles usos militares para China. En febrero, Agence France-Presse informó de que las autoridades francesas habían imputado a cuatro personas, entre ellas dos ciudadanos chinos, por una presunta interceptación de datos militares sensibles.
Ese mismo mes, el Estado Mayor de Defensa Nacional de Grecia comunicó la detención de un coronel sospechoso de facilitar información clasificada y de alto secreto a China.
China afirma que esos datos servirían para futuros mapas
El Ministerio de Seguridad del Estado de China sostiene que la información obtenida en el mar serviría para elaborar mapas submarinos capaces de señalar puntos vulnerables de las defensas costeras del país. Pekín suele vincular ese tipo de alertas al mar de China Meridional, el mar de China Oriental y el estrecho de Taiwán, tres espacios muy disputados y con fuerte presencia militar.
En 2024, el Gobierno chino aseguró que había identificado “faros” ocultos en el fondo oceánico que podían guiar el tránsito de submarinos extranjeros y “preparar el terreno para la batalla”. Esa lectura convierte cada sensor, cada boya y cada animal equipado en una posible pieza de vigilancia dentro de aguas donde la información ambiental también puede decidir una ventaja militar.