La trocanteritis aparece como un dolor en la parte lateral de la cadera que empeora al caminar, subir escaleras o simplemente apoyarse en la cama. El traumatólogo deportivo Juan Arnal nos cuenta cómo prevenirla con ejercicio
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La trocanteritis es, en realidad, el nombre popular de lo que los especialistas denominan síndrome de dolor del trocánter mayor o bursitis trocantérica, que es más difícil tanto de pronunciar como de recordar. Aunque muchas personas la descubren cuando el dolor ya les impide dormir del lado afectado o caminar más de unos minutos seguidos, su origen es un proceso lento que empieza mucho antes de que aparezca el primer síntoma.
Los estudios clínicos recientes describen la trocanteritis como un conjunto de patologías que incluyen la inflamación de la bursa trocantérica (un pequeño saco lleno de líquido sinovial que lubrica la articulación de la cadera), chasquidos tendinopatía de los músculos abductores.
Según las estadísticas, este síndrome afecta al 15% de las mujeres entre 50 y 79 años frente al 6,6% de los hombres de la misma franja de edad, y hay un motivo sencillo para esta diferencia.
Qué ocurre en la cadera con trocanteritis
El trocánter mayor es una prominencia ósea en la cara lateral del fémur. Por encima pasa el tensor de la fascia lata, un músculo largo que cruza tanto la cadera como la rodilla y que, precisamente por unir dos articulaciones, es especialmente propenso a acortarse y a generar fricción. “El 90% de los casos son de mujeres”, señala el doctor Juan Arnal, traumatólogo deportivo. “Como las mujeres tienen más distancia entre trocánteres por el canal del parto, hay más tensión y tienden a sufrirla más”, añade.
La fricción repetida del tensor de la fascia lata sobre el trocánter inflama primero la bursa, la pequeña bolsa de líquido que actúa como almohadilla. Si la irritación continúa, la inflamación se cronifica y aparece la tendinopatía de los tendones adyacentes y la fibrosis del tejido. “Empieza con la aparición de inflamaciones de repetición”, explica el doctor Arnal. “Pero si la tienes todos los días, la inflamación crónica va dando otros problemas, como la tendinopatía de los tendones que pasan por allí, y se cronifica el cuadro”, aclara.
Esta dolencia se extiende a menudo hacia la rodilla, y esto se debe a que en la misma estructura dañada, el músculo tensor de la fascia lata provoca en su parte inferior el llamado síndrome de la cintilla iliotibial. “Hay personas que cuando tienen trocanteritis tienen siempre algún síntoma en la rodilla y viceversa, pero al tratar uno, mejora el otro”, apunta el doctor Arnal.
Qué provoca la trocanteritis
Los factores que facilitan la aparición de la trocanteritis son una combinación de la anatomía de cada persona con los hábitos de vida. Además de la anchura pélvica de las mujeres, hay dos tipos de ejercicio que aumentan el riesgo: los que implican compresión en la zona lateral de la cadera (ciertos ejercicios de suelo o de danza) y los que generan movimientos repetitivos de flexión y extensión, como el ciclismo o la carrera de fondo.
Pero mucho más frecuente que el ejercicio es lo contrario, la debilidad del glúteo medio como factor determinante. Si este músculo no trabaja bien, el tensor de la fascia lata asume una carga extra que no le corresponde y se inflama.
“Si tienes los glúteos o rotadores de cadera más débiles, vas a demandar más de ese músculo auxiliar que es el tensor de la fascia lata, y vas a crear más problemas de trocanteritis”, advierte el doctor Arnal. Esto quiere decir que muchas mujeres sedentarias o con poca actividad de ejercicios de fuerza presentan precisamente esta debilidad en los glúteos.
Cuatro ejercicios para prevenir y tratar la trocanteritis
El tratamiento de primera línea en el 90% de los casos es conservador: fisioterapia, ejercicios de fuerza y estiramiento, y antiinflamatorios locales si el dolor es agudo. Sin embargo, los ejercicios que refuerzan el glúteo medio y estiran la fascia lata no solo previenen la trocanteritis sino que son la base del tratamiento una vez aparece el dolor. Estos son los más eficaces:
Abducción de cadera en decúbito lateral:
Tumbarse sobre el lado sano con las piernas estiradas. Elevar la pierna afectada hasta unos 45 grados manteniendo el pie en ángulo recto y el cuerpo alineado, sin rotar la cadera hacia atrás. Aguantar dos segundos arriba y bajar despacio. Tres series de 15 repeticiones. Este ejercicio activa directamente el glúteo medio y descarga el tensor de la fascia lata.
Puente de glúteo:
Tumbarse boca arriba con las rodillas flexionadas a unos 90 grados y los pies apoyados en el suelo a la anchura de las caderas. Elevar la pelvis hasta que el cuerpo forme una línea recta de rodillas a hombros, apretando los glúteos en la posición alta durante dos segundos. Bajar de forma controlada. Tres series de 12 repeticiones. Refuerza el glúteo mayor y el medio y mejora la estabilidad pélvica.
Sentadilla isométrica en pared:
Apoyar la espalda en la pared y deslizarse hacia abajo hasta que las rodillas queden a 90 grados, como si se estuviera sentado en una silla invisible. Mantener la posición entre 20 y 45 segundos con los pies separados a la anchura de las caderas. Hacer tres series. Trabaja de forma global el tren inferior sin impacto y sin compresión sobre el trocánter.
Estiramiento de glúteo en decúbito:
Tumbarse boca arriba y cruzar la pierna afectada sobre la rodilla de la pierna sana, formando un 4, empujando con el brazo del mismo lado hacia abajo, pero manteniendo los hombros pegados al suelo, hasta sentir el estiramiento en el glúteo del lado cruzado. Mantener entre 20 y 30 segundos. Tres repeticiones. El estiramiento del glúteo alivia indirectamente la tensión del tensor de la fascia lata, que es más difícil de estirar directamente.
Los otros tratamientos para la trocanteritis
Cuando los ejercicios y los antiinflamatorios locales no son suficientes, los especialistas cuentan con otras opciones. “El tratamiento en el 90% de los casos es conservador con terapia física: ejercicios de fuerza, estiramientos, y antiinflamatorio local”, resume el doctor Arnal. “Para los que fracasan pasamos al segundo escalón, en el que ya se habla de infiltraciones, ondas de choque, técnicas de fisioterapia más invasivas e incluso cirugía”, añade. La intervención que libera el tensor de la fascia lata para que gane longitud y deje de generar la fricción que produce el dolor. Sin embargo, en la mayor parte de los casos no es necesario llegar a este punto.